Lecturas para este día: 2 Samuel 7: 4-17. Marcos 4: 1-20.
¨Escuchen: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó enseguida; pero, en cuanto salió el sol, la marchitó y por falta de raíz, se secó. Otro poco cayó entre zarcas; las zarcas crecieron, lo ahogaron, y no dio grano…¨. Marcos 4: 1-20.
Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro. Su papá, chef de profesión, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres recipientes con agua y los colocó sobre fuego. Pronto el agua de cada uno estaba hirviendo. En uno colocó zanahorias, en otros huevos y en el último preparó café. Los dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café. Mirando a su hija le dijo: ¨Querida, ¿Qué ves?¨ – ¨Zanahorías, huevos y café¨, fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma. Humildemente la hija preguntó: ¨¿Qué significa esto, papá?¨ El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: Agua hirviendo. ¡Pero habían reaccionado en forma muy diferente!.