¡Qué fácil es identificarse con los sentimientos de los discípulos en el Evangelio de hoy! Queremos saber que tenemos la grandeza dentro de nosotros, que no somos basura, que tenemos un valor importante. Todos nos sentimos inferiores con demasiada facilidad. La mayoría de las veces, estamos controlados por una necesidad no satisfecha de sentirnos mejor con nosotros mismos. En un esfuerzo por convencernos de que estamos bien, usamos palabras como rayos para hacer sentir menos a los demás. 
Es por esto que Jesús le dio a los discípulos - y a nosotros - un par de ejemplos de cómo todos por igual somos especiales para él y por qué. Se basa en lo que predicó en Mateo 25: Lo que hacemos a los demás se lo hacemos a él. En este caso, el cuidado y la aceptación que le damos a un niño son el cuidado y la aceptación que le damos a Jesús. No somos mejores (superiores) que los niñosporque, a través de ellos, encontramos a Dios, el único que es superior.
Los niños saben menos que nosotros. Pero, de vez en cuando, vienen con una joya de sabiduría o una idea que nos desafía y, porque son niños, lo descartamos con una sonrisa condescendiente y un: "Ahhh, qué lindo." Pero no es así como Jesús los trata. Así no es como Jesús quiere tratarlos a través de nosotros. 
¿Qué hay con los adultos? Esperamos que ellos nos crean cuando les decimos lo que está bien y lo que está mal y, cuando nos desafían con una visión que va en contra de nuestra percepción de la verdad, disminuimos lo que dijeron para poder protegernos de sentirnos inferiores.
Pero esa no es la manera como Jesús los trata. Esa no es la manera como Jesús nos trata a nosotros.
En algún momento de nuestras vidas, descubrimos que podríamos sentir bien con nosotros mismos si perteneciéramos al "el grupo correcto" -- el círculo "íntimo", el club de "élite", los puestos de trabajo de "estatus", el "más respetado "ministerio parroquial. Los discípulos de Cristo, porque eran miembros de su círculo íntimo, supusieron que les habían dado privilegios especiales. Cuando una persona de afuera actuaba como si tuviera los mismos privilegios, no creían que ella estuviera igualmente calificada.
Todos conocemos personas que no concuerdan con nuestra idea de quién está calificado pero, si no están trabajando contra el reino de Dios, es mejor no hacer nada en su contra, porque ¡eso es lo mismo que estar en contra de Jesús! 
Sabe que no eres inferior. Es sólo la opinión de Dios acerca de ti la que realmente importa. A sus ojos tú eres tan importante como cualquier otra persona. ¡Jesús te ama tanto como a su propia madre! Una vez que te das cuenta de esto y dejas que se cure tu corazón herido, la tentación de sentirte superior disminuirá. Y, cada vez que te sientas inferior a los demás, pregunta a Dios qué herida oculta necesita curación y, si haces lo que sea necesario para abrirte a esa sanación, con el tiempo, la tentación de sentirte superior, desaparecerá.
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