Mi fe está en Dios, la Fuente inmutable de todo bien.
Dondequiera que esté, Dios está presente. Bien sea que viaje a tierras extrañas o me encuentre en casa o en el trabajo, la misma Fuente infinita está disponible para mí. El cambio puede producirse en las relaciones personales, profesiones, en los hogares y hasta en mi cuerpo físico. Todo a mi alrededor puede cambiar, mas mi fe permanece firme.
Sentir que algo falta es una señal de que mi atención se ha desviado. Entonces regreso a mi centro mediante la oración. Dios es mi salud, mi guía, mi consuelo, mi fortaleza. Dios es todo esto y mucho más. La fe me recuerda las bendiciones que he recibido y me asegura el continuo fluir de bien que me ofrece mi Fuente.
Si levantara el vuelo hacia el sol naciente, o si habitara en los confines del mar, aun allí tu mano me sostendría; ¡tu mano derecha no me soltaría!—Salmo 139:9-10
Soy refrescado y renovado en mis momentos callados con Dios.
Cuando me siento estresado o cansado, quizás no me sea fácil lograr todo lo que me gustaría hacer. Para sentirme vibrante y listo para crear cambios positivos en mi vida y en el mundo, debo tomar tiempo para la renovación.
Me doy permiso para apartarme del ajetreo para fomentar mi cuidado físico y espiritual. Recuerdo dormir lo suficiente, comer bien, divertirme y pasar tiempo en oración con Dios. En un espacio de quietud sagrada, puedo sentir la profundidad del amor de Dios.
Descanso con un sentido profundo de paz. Respiro lentamente y dejo ir todo lo que ha pasado antes de este momento. Entrego todo mi ser a la bendita paz de Dios. Ahora puedo continuar mi día refrescado y renovado.
Les daré un corazón nuevo, y pondré en ustedes un espíritu nuevo.—Ezequiel 36:26