EL proceso de salvación empieza cuando nosotros —usted y yo— admitimos que somos pecadores. “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Separados de Dios por nuestros pecados, moriremos, porque “la paga del pecado es muerte” (Romanos 3:23; 6:23).
No es popular boy en día hablar acerca del pecado. Usamos toda suerte de términos psicológicos para describir y excusar nuestro mal temperamento, nuestra infidelidad, nuestra duplicidad. Pero debe ser honesto con Dios y con usted mismo. Confiese que sus pensamientos y acciones erróneas le lastimaron a usted mismo y a otros. Pida perdón, y dígale a Dios que está dispuesto a permitir que su Espíritu Santo cambie su vida (Tito 3:5).
Tenemos la promesa de Dios de que él aceptará nuestra confesión y nos perdonará, porque la Biblia nos dice que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (S. Juan 1:9).
Cristo vino a la tierra para mostrar el amor de Dios a sus hijos caídos (S. Juan 14:1, 9).Y a todos lo que lo aceptan, “a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (S. Juan 1:12)
En una reunión, en un campamento, vi a la pequeña Carrie caminar sin rumbo, estaba perdida. Sus ojos cafés miraban seriamente, y sus labios le temblaban, aunque no lloraba. Me incline y le hice una caricia. “¿Has perdido a tu mamá?” Le pregunté. “Te ayudaré a encontrarla”. Tomándola de la mano, la conduje al auditorio que estaba lleno de gente. Caminamos por el pasillo del salón, buscando a su madre.
La vimos al mismo tiempo. Carrie se soltó de mi mano y salió volando por el pasillo, con sus cabellos color café cobrizo volando tras ella. Su madre se inclinó, puso a Carrie en su regazo, y la estrechó en un fuerte abrazo. Allí, segura en los brazos de su madre, Carrie se puso a llorar.
Para mí, este es un hermoso cuadro de la forma como Dios nos da la bienvenida a su corazón. No importa cuánto tiempo hayamos estado perdidos, no importa lo que hayamos hecho, nuestro Padre pone sus brazos alrededor de nosotros, sus amados hijos, y nos estrecha fuertemente.