Derrotemos a nuestros Goliat
1 Samuel 17.45-47
Los Goliat de la vida vienen en todas las formas, tamaños e intensidades: una relación infeliz,
un trabajo difícil, un hijo rebelde, un montón de deudas, un hábito incontrolable, etc. David
enfrentó lo que parecía ser un problema insuperable. Como él, podemos lograr la victoria a
través del poder de Dios, aunque es posible que "suframos y sangremos" en el campo de batalla.
Notemos que David declaró su victoria sobre Goliat aun antes de comenzar la batalla (1 S 17.46).
La confianza del joven pastor de ovejas estaba basada en sus experiencias. Atribuyó a Dios
haberle dado protección y fuerzas cuando mató al león y al oso que habían amenazado a su rebaño.
Además, David creyó que triunfaría porque era un siervo de Dios. El muchacho había pasado horas
a solas en el desierto escuchando la apacible voz de Dios. El grito desalentador de un gigante no
podría destruir su convicción de quién era el Señor, y de lo que podía hacer por medio de su siervo.
David pasaba tiempo con Dios, por eso respondía a los problemas con la certeza de que era un hijo
amado de Dios con acceso pleno a su valentía y sabiduría. Si David tenía un momento de duda,
podía recordar sus inspiradas palabras sobre la gran fidelidad del Señor en sus dificultades del pasado.
A menudo animo a las personas a practicar los hábitos de fe de David; a pasar tiempo a solas con
el Señor; y llevar un registro de su actividad en su vida. Entonces podrán estar seguras de que
Dios es suficiente, no importa cuán grande pueda ser la amenaza de un problema. él da la victoria a
quienes permanecen firmes en la fe y hacen frente a sus Goliat.
Dr. Charles F. Stanley
Para mantenernos fuertes y vigorosos espiritualmente y no perder el
gozo del Señor que es nuestra fortaleza, debemos de ser diligentes
y pasar tiempo a solas con nuestro Padre celestial, y ahi Él, a través
de Su Santo Espíritu nos mostrará las estrategias a seguir para
vencer al Goliat que nos acecha. Pero, apartados de Él somos fácil
presa de cualquier Goliat que llegue a nuestras vidas!
Dios te bendiga,
Perla