Quisiera mi voz elevar desde lo alto de un cerro y con fuerza propagar lo mucho que yo te quiero. Lo repito sin cesar; ya vivir sin tí no puedo, pero el mundo no es capaz de creer en el denuedo del amor al estallar igual que si fuera un trueno. Mas no importa, qué más da, si yo nada a nadie debo ni tampoco he de explicar esta dicha que contengo, la que ayuda a caminar por vivencias y senderos.
Amanecer tu esposa... |