Centrado en la conciencia de Verdad, soy un ser completo.
La esencia pura del Ser —el YO SOY en mí— es absoluta e inmutable. Lo que se expande y cambia es mi conciencia de ella. Algunos días, puede que sólo vea lo que percibo como mis imperfecciones y errores. Cuando oro, el Espíritu me recuerda que soy Su creación. Ésta es la verdad de quien soy. Soy más que mi cuerpo o mi personalidad. Mis pensamientos, emociones y persona no definen mi esencia.
Soy un ser espiritual, uno con lo Divino. Mi verdadera naturaleza es conciencia prístina. Al mantener mi atención en esta comprensión, cada día revela más el amor, la salud y la sabiduría que soy. Expreso a Dios de maneras cada vez mayores.
Ya sin el velo que nos cubría la cara, somos como un espejo que refleja la gloria del Señor, y vamos transformándonos en su imagen misma.—2 Corintios 3:18
Al sosegar mi cuerpo y mi mente, entro en el Silencio y me vinculo conscientemente con Dios. Me aparto del mundo externo para experimentar una quietud interna. Presto atención a la guía divina con mi mente y corazón abiertos, y disfruto de mi unidad con el Espíritu. Siento consuelo.
Éste es un tiempo sagrado donde mi alma es restaurada, mi cuerpo es revitalizado y mi mente es iluminada. Estoy en paz, interna y externamente.
Después de este momento de comunión divina, mi corazón rebosa de gratitud. Estoy consciente de cómo el Espíritu obra en mi vida. Continúo mis actividades diarias con confianza, fortaleza y propósito renovados.
Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto ... y ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público.—Mateo 6:6
En el centro de mi ser, estoy en paz. Sin embargo, quizás no siempre me sienta así, especialmente cuando experimento conflicto con otra persona. La paz no es la ausencia de conflicto; es la habilidad de mantenerme centrado sin importar lo perturbadora que la situación pueda ser.
Al centrarme en la paz de Dios en mí, accedo a mi espacio de calma. Mi cuerpo se sosiega y mi respiración es más pausada. La paz en lo profundo de mi ser llena mi mente y mi corazón. Con la práctica, aprendo a permanecer en este estado de serenidad ante cualquier situación.
Al encontrar mi paz, ofrezco respuestas pacíficas al mundo a mi alrededor. Encuentro y celebro los puntos en común con otros.
Que el Señor te mire con amor y te conceda la paz. —Números 6:26