Obras son amores.
Ya sabemos que la fe sin obras está muerta. Entonces si queremos saber si tenemos fe, miremos en nuestra vida a ver qué clase de obras hacemos, cómo cumplimos los diez mandamientos, y si hacemos obras de amor y misericordia. Si las hacemos, entonces nuestra fe es grande; pero si no obramos de acuerdo a lo que decimos creer, entonces nuestra fe está muerta y es un ateísmo práctico, porque decimos creer con la razón, pero en la práctica actuamos como los ateos.
“Obras son amores y no buenas razones”, dice el dicho, y ya el Apóstol dice en su carta que la fe se demuestra por las obras.
No seamos como los protestantes que creen que sólo basta la fe para salvarse, pues el mismo Cristo dice que cuando venga a juzgar a vivos y muertos, juzgará según la conducta de cada uno, es decir, lo que haya hecho de bueno o malo cada cual.
No creamos que Dios dejará de premiar ni castigar hasta la menor obra, palabra o pensamiento. Aprovechemos que estamos vivos todavía y es el tiempo de la Misericordia, pues llegará el tiempo del juicio, en el momento de nuestra muerte, donde ya no podremos cambiar nada del decreto divino.
Si decimos creer, pero no actuamos de acuerdo a lo que creemos, esa misma creencia será para nosotros causa de condena, porque habremos sido como aquel hombre que edificó su casa sobre arena, por no poner en práctica su fe, y sabemos que terminó en la ruina, temporal y eterna.