Socorrer al prójimo.
Quien cierra el corazón al prójimo necesitado, cierra el corazón a Dios.
No otra cosa sucedió a los habitantes de Belén, que no acogieron a los Peregrinos, y luego recibió su castigo; la matanza de los Inocentes.
Si no socorremos a los prójimos necesitados, estamos rechazando al mismo Dios, presente en ellos.
Es cierto que en el mundo hay tanta maldad que en muchos la caridad se va como enfriando. Y eso mismo está ya profetizado que sucedería para los últimos tiempos, que son los que estamos ya viviendo. Pero también dice el Señor que en aquellos días, quien persevere hasta el fin, es decir, quien sepa ser caritativo a pesar de todo el mal circundante, se salvará.
No cerremos el corazón y nuestro hogar a quien necesita, especialmente si es pobre y perseguido, pues es el mismo Jesús que nos pide socorro, que nos pide hospedaje, como aquella noche lo pidió por medio de San José y de la Virgen, pero nadie se los concedió.
No sea cosa que por no socorrer a nuestros hermanos, Dios nos vaya a castigar nuestra dureza, ya que seremos medidos por Dios con la misma medida con que medimos a los demás.