Con poco.
Aprendamos de los niños, que con poco se entretienen, y pasan horas jugando quizás con un sencillo juguete.
Así también nosotros, si queremos practicar la infancia espiritual, debemos saber ser pobres y entretenernos con lo que nos da Dios, sin desear más de lo necesario.
Esta pobreza espiritual es conveniente para ser niños en el alma, y practicar así la sencillez de espíritu, tan amada por Nuestro Señor.
Cuando realmente nos consideremos inútiles, entonces será ahí que el Señor nos tomará para hacer cosas grandes con nuestra nada, porque Él ama las “nadas”, para hacer cosas admirables.