Buscar ayuda.
Y es esto tan verdadero que en las oscuridades del espíritu, en las miserias y peligros en que tenemos que vivir sólo hallamos un fundamento para nuestra esperanza, y es el levantar nuestros ojos a Dios y alcanzar de su misericordia por la oración nuestra salud eterna. Lo decía el rey Josafat: Puesto que ignoramos lo que debemos hacer, una sola cosa nos resta: volver los ojos a Ti. Así lo practicaba el santo Rey David, pues confesaba que para no ser presa de sus enemigos no tenía otro recurso sino el acudir continuamente al Señor suplicándole que le librara de sus acechanzas: Al señor levanté mis ojos siempre, porque me soltará de los lazos que me tienden. Se pasaba la vida repitiendo así siempre; Mírame, Señor, y ten piedad de mí, que estoy solo y soy pobre. A ti clamé, Señor, sálvame para que guarde tus mandamientos... porque yo nada puedo y fuera de Vos nadie me podrá ayudar.
“El gran medio de la oración” - San Alfonso María de Ligorio.
Comentario:
Tenemos un enemigo formidable, que es el demonio, a quien sólo lo puede vencer Dios y quien está con Dios. Y para estar con Dios y merecer su ayuda, tenemos que pedirla por medio de la oración. Por eso no es nada extraño que quien no reza, antes o después termine en las fauces del Maligno, pues sin oración no tendrá la luz de Dios para descubrir las astutas maniobras del enemigo, y así caerá miserablemente con peligro de perderse en el tiempo y en la eternidad.
¿Qué diríamos de un turista que quiere visitar un paraje desconocido y lleno de peligros, y quiera ir él solo, sin conocer el camino, sin guías ni defensas que lo protejan? Diríamos que muy pronto será cadáver.
Pues bien, así es el cristiano, es el hombre, que no reza, puesto que camina por la vida terrena sin la guía de Dios, del Espíritu Santo, que sabe por qué camino debe conducirlo y que le descubre las emboscadas del Mal.
Dios quiere ayudarnos, pero ha condicionado su ayuda a que se la pidamos por medio de la oración. Si no rezamos, no obtendremos la ayuda de Dios, y los demonios nos usarán como juguetes suyos, haciendo de nosotros lo que se les dé la gana.
La oración es cosa seria, y ninguno de los santos llegó a serlo, sin dedicar la mayor parte de su tiempo a la oración.
Quien quiere ser santo, o simplemente quien quiere salvarse, sin rezar o rezando muy poco, está en un grave error.