En este día del docenario de este año consideraremos la presencia y acción salvadora y promotora del Señor Jesús en el tiempo de las apariciones de la Virgen.
Pidamos en especial por los que, habiendo sido bautizados, se han alejado del Señor y de nuestra Madre.
Primera consideración: El Padre nos envió a su Hijo para salvar a la humanidad. Aquí lo mandó a través de la evangelización de los misioneros europeos, a quienes les agradecemos su trabajo tan espiritual, promotor y consistente. Jn 1, 9-14. Jaculatoria apropiada: Señor Jesús, nuestro Camino, Verdad y Vida; enséñanos a vivir, a amar y a servir como Tú.
Segunda consideración: Cristo es el modelo del Padre para toda la humanidad. Nuestra vocación es parecernos a Él lo más posible. Juan Diego habla de los sacerdotes como “imágenes de nuestro Señor Jesucristo” (N.M. 24). Ef 1, 2-6.
Tercera consideración: Cristo se comprometió con nosotros hasta la muerte de cruz. Así se comprometió la Virgen con Él y con nosotros como lo afirmó en el Tepeyac y así lo ha seguido demostrado (N.M. 32). Fil 2, 5-11.
Cuarta consideración: Jesús sostuvo a los misioneros y a los indígenas recién convertidos de manera especial con el sacramento de la Eucaristía (N.M. 68-69). Hech 2, 42.
Quinta consideración: Jesús estableció los sacramentos para acompañarnos en nuestro proceso como Iglesia y como personas; entre ellos, el sacerdocio, la reconciliación y la unción de enfermos (N.M. 111-114). Jn 17, 17-19; Lc 22, 14-20; St 5, 13-16.
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Con Santa María de Guadalupe proclamamos la fe y la sacramentalidad de la Iglesia. Para la gloria de Dios y de Santa María de Guadalupe.