Si la humanidad hiciera un momento de silencio y los hombres nos detuviéramos a pensar un poco sobre la eternidad, el mundo ciertamente no sería el que ahora es, y no serían tantos los que se condenan. Porque efectivamente da vértigo al meditar en esta realidad de lo eterno, porque al final de todo sólo quedarán dos cosas: Cielo e infierno, ambos eternos. ¿Y nosotros en cuál de los dos abismos estaremos para siempre?
Pero no es que Dios, caprichosamente nos envíe a uno de estos dos lugares, sino que los merecemos con toda justicia por la vida que llevamos en la tierra, y cómo estamos con Dios en el mismo momento de la muerte.
Así que estamos a tiempo todavía, porque el Señor nos da tiempo para meditar en esta realidad de la eternidad, para que luchemos esforzadamente para que sea una eternidad de luz, amor y felicidad, y no de horror y dolor.
Acojamos en nuestro corazón la Misericordia de Dios, que nos quiere en el Cielo, junto a Sí, para que vivamos felices para siempre.
Cuando estamos sufriendo, levantemos la mirada y veamos la eternidad, que no se compara con lo que sufrimos en el tiempo. Y es preferible sufrir aquí en la tierra algunos años, o muchos años, antes que padecer por toda la eternidad sin mérito alguno.
Jesús, en Vos confío.