La infancia espiritual
Amor puro.

Seamos como los pequeños que saben tener un amor puro por sus padres y sus hermanos. Ellos sí que saben amar sencillamente, en cambio nosotros, ya adultos, nos cuesta amar con sencillez y desinteresadamente.
Aprendamos de los niños a ser amorosos, porque en definitiva lo que Dios quiere de nosotros es amor, para Él y para los hermanos.
Si imitamos a los niños en amar con simplicidad, entonces Dios nos colmará de tales y tan grandes dones, que quedaremos admirados y sorprendidos, porque el Señor se complace en los “pequeños”, y si somos de ellos, Dios nos regalará gracias y favores escogidos, que sólo reserva a los que viven una infancia espiritual.
Dice la Sagrada Escritura que Dios creó todo simple, pero que el hombre lo complicó todo. Y así hacemos también nosotros con la vida cristiana, nos ponemos un montón de cláusulas y leyes, que si bien hay que observarlas, a veces nos olvidamos del corazón que ellas deben tener, que es el amor.
Entonces si queremos agradar a Dios y ser sus niños predilectos, lancémonos con simplicidad por el camino del amor, y entonces seremos, un día, dignos habitantes del Cielo.