Consuelo y fortaleza.
Jesús Misericordioso, hoy más que nunca necesito de Ti consuelo y fortaleza. Como te apareciste a los apóstoles en el Monte Tabor, transfigurado, todo envuelto en luz divina, quiero que hoy te aparezcas a mi alma, porque la tristeza de la vida presente me va llevando al desánimo, que es el primer paso para caer en pecados.
Jesús, que yo recuerde siempre que para poder pasar por la cruz, es necesario tener una gran fe y fortaleza, que Tú das a quienes eliges para que te imiten. Yo también quiero imitarte, pero necesito que me consueles y me ilumines con tu luz, para no tener miedo a la cruz de cada día.
Ten misericordia de mí, Jesús mío, y ayúdame a llevar mi cruz como buen Cireneo que eres para tus hermanos que peregrinamos por este mundo, que no es de Dios sino del Maligno.
A todos nos pasa que llegan a nuestras vidas momentos de desazón y tristeza, y es porque las causa el enemigo, que como no puede hacer caer en pecados, al menos quiere acobardarnos. Los apóstoles también estaban acobardados por tantas persecuciones y desprecios, pero Tú te les apareciste transfigurado y, de tan contentos que se pusieron, querían quedarse a vivir allí mismo.
Dame, Jesús amado, un poco de paraíso en este mundo. Consuélame con tu presencia amorosa y eso me basta. ¡Te amo, Jesús bendito!