Fragmento del Diario de Santa Faustina Kowalska,
"La Divina Misericordia en mi alma", con comentario
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Sed de amor.
583 (50) En una ocasión vi a Jesús sediento y a punto de desfallecer, y me dijo: Tengo sed. Cuando le di agua al Señor, la tomó, pero no la bebió y desapareció inmediatamente; estaba vestido como durante la Pasión.
Comentario:
Si bien el Señor en su Pasión tenía sed de agua, la sed que abrasa el corazón de Jesús es la sed de amor, porque Él es el Amor mismo, y necesita ser correspondido con el amor de sus criaturas. ¿Acaso no creó a los ángeles y a los hombres para volcar en ellos su amor y ser correspondido por ellos? Pero una gran cantidad de ángeles, alrededor de una tercera parte, no quiso obedecer a Dios y se rebeló a su amor, y arrastró también con ellos a la humanidad entera.
Pero Dios, como ama infinitamente al hombre, quiso dar una nueva oportunidad a la humanidad, y envió a su Verbo, Jesucristo, para que restituyera el equilibrio perdido.
Ahora Dios quiere recibir amor, porque Él lo tiene absolutamente todo, pero no tiene nuestro corazón, que a veces lo tenemos ocupado con mil amores inferiores, pero no con el amor divino.
Dios tiene sed, pero de amor. No regateemos con Él y entreguémosle nuestro corazón, que en recompensa Dios hará verdaderas “locuras” por nosotros y por quienes amamos.