El amor y el respeto sólo pueden ser recibidos cuando se da.
Es una ley humana que se ama solamente a los que aman y se respeta solamente a los que respetan.
No el amor físico y carnal, sino el amor eterno que todos tenemos unos por los otros, un amor que vemos a veces en la solidaridad altruísta de una persona o en la sonrisa inocente.
Al buscar por amor y respeto, nosotros irónicamente los perdimos, pues nos volvimos mendigos, en vez de reyes de nosotros mismos.
Al dar amor y respeto, sin esperar un retorno, sin buscar reconocimiento, voy a ver que, poco a poco, los otros me sonreirán más y estarán siempre dispuestos a ayudarme en lo que sea.