Autora y Educadora
Creo que una de las circunstancias que más está complicando
el porvenir de los hijos en los últimos tiempos es que en nuestro
loable deseo de respetar sus derechos,
les estamos dando privilegios propios de los mayores
que no les corresponden como niños. Y a la vez,
en nuestro desmedido afán por subsanar nuestras culpas
y verlos siempre felices les damos demasiado por
lo que los relevamos de muy buena parte de los esfuerzos
y deberes que sí les corresponden.
Esto se traduce en que los tratamos como adultos en miniatura
desde que son pequeños,
mientras que los cuidamos como bebés hasta que son grandes.
En efecto, a los 4 años muchos niños todavía duermen con sus padres,
pero exigen ropa de marca y visten como mayores.
A los 7 todavía se les ayuda a vestirse y a amarrarse los zapatos,
pero ven novelas para adultos y bailan salsa en las fiestas infantiles.
A los 14 se les recuerda que saluden y que se laven los dientes,
pero van a discotecas y se les sirve el trago que quieran.
Y a los 25 todavía viven con la familia (con todos sus gastos pagos)
pero los fines de semana "duermen" con sus novios.
Así, mientras que a lo largo de la infancia se acosa a los hijos
al darles prerrogativas propias de la adultez,
se les frena a medida que van creciendo al tratarlos como infantes,
manteniéndolos en una especie de limbo en el que gozan de las ventajas
de los mayores y también de los menores.
Esto significa que oscilan entre los dos extremos,
moviéndose de ser consentidos como nenes a ser atendidos
como jefes del hogar. Lo grave es que gracias al tratamiento
tan contradictorio que reciben llegan a la mayoría de edad
sin ninguna claridad sobre su identidad y, por ende,
sin saber qué quieren ni para dónde van.
Si los hijos no son niños cuando son menores,
tampoco podrán ser adultos cuando sean mayores.
Cuando les damos un poder y un status superiores
al que les corresponde como niños estamos madurándolos.
Al igual que cuando los frutos se arrancan muy verdes del árbol
tardan más en madurar o no lo hacen nunca y no sirven para nada,
cuando lo niños crecen bajo condiciones de adultos
su proceso de madurez se estanca, por lo que acaban convirtiéndose
en personas con cuerpo de grandes pero con mente y corazón de chicos.
Y tampoco sirven para mucho.
Los niños no son adultos en miniatura, son menores de edad,
como lo decimos en la declaración de renta.
Si los ponemos en posición de adultos antes de que estén listos para ello,
los privamos del espacio que necesitan para ir adquiriendo la madurez
que los faculta para estar a la cabeza de sus vidas y responder por su porvenir.
Parce que por darles muchas libertades los estamos
privando de la libertad de ser lo que están llamados a ser.
En el proceso de crecer siendo lo que no son,
se quedan sin saber quiénes son.
D/A
Saludos... besos...
Cris