
Primero les voy a contar, brevemente, sobre un incidente que tuvo lugar hace algún tiempo. En el siglo 16 Dinamarca invade Suecia bajo el mando del Rey Christian II. Rápidamente vencidos por las fuerzas dinamarquesas la nobleza y episcopado sueco, fieles al gobierno independentista, son traicionados y asesinados por el mismo Christian II, quien deseaba convertir a Suecia en una provincia. El Rey de Dinamarca logra esta victorica con una falsa promesa de amnistía, la cual fue utiliza como excusa solo para poder arrinconarlos en Estocolmo y luego ejecutarlos. Este incidente desencadenaría un odio inmenso entre ambas naciones. Odio que expandiría por varios siglos y se traduciría en guerras sin mucho justificativo más que el de eliminar completamente de la existencia al otro.
Hoy en día los suecos al referirse a Christian II lo hacen como “Christian El Tirano”, mientras que los dinamarqueses lo recuerdan como “Christian El Bueno”; no solo en el perpetrante hay diferencias sino en la manera de referirse al suceso. Los suecos lo hacen como “El baño de sangre de Estocolmo” mientras que los Dinamarqueses, a veces, lo recuerdan como “Las campanadas de Estocolmo” -por los campanazos que dieron luego de las ejecuciones-.
Enterarme de este singular evento me provocó atención porque me recordó un capítulo de Star Trek el cual me había hecho reflexionar en gran medida. Trataba sobre la objetividad de la historia -en base a un conflicto entre los Klingons y los Romulanos- y se mostraba como dependiendo de la facción un evento histórico tomaba un significado, mejor dicho un sentido, completamente diferente al interpretado por el otro grupo. Los Klingons recordaban los sucesos como “La Masacre de Kithomer”, mientras que los romulanos lo hacían como: “Las Campanas de Kithomer”. Un punto muy bueno para los escritores de Star Trek TNG. Siempre me gustó la manera en que adaptaron la historia humana a sus guiones. Esta, afortunadamente, no fue la excepción.
Sin embargo esto no es extraño ya que la historia es engañosa. Suecia actualmente se marketinea como el “paraiso de la tolerancia”, mientras tanto tildan a los dinamarqueses de intolerantes. Aparentemente los suecos tienen mala memoria y no recuerdan que Suecia fue uno de los principales colaboradores del Nazismo mientras que Dinamarca fue invadida y luchó hasta el último hombre; Suecia también parece haber olvidado las masacres (que dejan a la de Estocolmo opacada logarítmicamente) reealizadas durante los siglos 17, 18 y 19.
En fin, como reflexión: No existe la historia objetiva. Lo mejor que se puede hacer es leer, y leer hasta poder obtener una visión general en nuestras mentes de lo sucedido. Sin embargo, incluso también ahí, vamos a carecer de una objetividad, porque nuestras propias ideas van a ganarle terreno a la interpretación de los hechos. No obstante es ahí donde radica lo interesante. La historia no es objetiva, porque es una historia humana, de eventos humanos. Eventos que fueron combustionados y producidos por la misma subjetividad de cada uno de sus participantes. Por lo tanto creo que buscar la “objetividad histórica” no es sólo imposible, sino que es hasta inútil. La objetividad histórica no existe. Por más que la wikipayasa pusiera de moda el “NPOV”, la objetividad no existe y no hay nada que hacerle.