El próximo 24 de junio es el
Día Internacional contra la Contaminación Electromagnética. Pero ¿eso qué es?
Los organismos vivos, como el ser humano, poseen
campos electromagnéticos que hacen posible el mantenimiento de las funciones. Estos campos son los que se reflejan en distintas pruebas, como el electroencefalograma o el electrocardiograma.
Este “lenguaje” que emplea el cuerpo para comunicarse se puede ver
afectado por otros campos electromagnéticos de mayor intensidad de su
entorno, provocando desde alteraciones funcionales (como cansancio,
dolor de cabeza, problemas de concentración…) hasta patologías tan
graves como
tumores.
Contaminante es una sustancia que se encuentra en un medio al cual no pertenece y que puede causar
efectos adversos para la salud o el medio ambiente. En nuestro caso nos referimos a los
campos electromagnéticos originados por la actividad humana, que se suman a los ya existentes en el propio planeta. Podemos clasificar estas
radiaciones, en función de su frecuencia, en
ionizantes y no ionizantes.
Las
ionizantes son radiaciones de
muy alta frecuencia, con capacidad para romper los enlaces entre las moléculas, y con efectos cancerígenos probados. Un ejemplo son los rayos X.
Dentro de las
no ionizantes encontramos ejemplos mucho más cercanos. Distinguimos las de
extremadamente baja frecuencia (hasta los 60 Hz), entre las que encontramos la
red eléctrica de nuestra propia casa o
las líneas de alta tensión, y las de ultra alta frecuencia donde se
hallan por ejemplo la telefonía móvil o el wifi, que funciona en 2,4
GHz, igual que un microondas doméstico.
Respecto a estas radiaciones no ionizantes la OMS clasificó las
radiaciones de extremadamente baja frecuencia como cancerígenos tipo 2B
en 2002, y las
radiaciones electromagnéticas de ultra alta frecuencia como
cancerígenos tipo 2B el 31 de mayo del 2011.
Ésta última clasificación de las radiaciones de ultra alta frecuencia,
junto a las recomendaciones de organismos europeos, como la
Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, que en su
resolución 1815 del
27 de mayo del 2011 sugería: “Adoptar todas las medidas razonables para
reducir la exposición a los campos electromagnéticos” y “Dar
preferencia para los/as niños/as en general, y en especial en los
centros de enseñanza y en las aulas, a las conexiones a Internet por
cable”, fue lo que motivó nuestra decisión de comenzar con la campaña “
escuela sin wifi”
, a fin de dar a conocer los potenciales riesgos en las aulas de las
tecnologías inalámbricas, máxime considerando que los niños (y otros
grupos de riesgo como embarazadas o enfermos) son particularmente
sensibles a éstos agentes.
Mención especial merece el caso de las personas
electrosensibles; en ellos, la sintomatología es tan fuerte y aguda que les impide, literalmente, realizar su vida cotidiana en entornos con
contaminación electromagnética.
La
Agencia Europea del Medio Ambiente, en su publicación “
lecciones tardías de alertas tempranas”, hace un repaso a situaciones en las que las primeras recomendaciones relacionadas con
nuevas tecnologías o
productos se han desoído, y las consecuencias nefastas para la salud y
el medio ambiente. En dicha publicación se establece un paralelismo
entre los rayos X (hoy de probado efecto cancerígeno, no así durante
muchos años) y la creciente contaminación electromagnética actual. Y
termina con una pregunta que nos deberíamos hacer todos:
¿Cuál será el panorama de los campos electromagnéticos en 2020?
Alfredo Suárez