Toda reflexión espiritual es el comienzo de un largo camino,
en ocasiones, este camino nos llevara a una montaña muy alta,
desde donde veremos otros destinos,
pero de alguna manera, todos se relacionaran entre si.
En otras ocasiones, el camino se estrechara
y parecerá llevarnos a lugares de oscuridad y confusión,
pero si nos mantenemos diligentes y firmes,
iremos también obteniendo pequeñas luces
que se convertirán luego en una antorcha
que disipara la oscuridad y las dudas,
y luego también encontraremos caminos de claridad,
como un día luminoso.
Con el tiempo llegaremos a entender
que toda reflexión espiritual es siempre
como mirar las estrellas,
hay siempre más y más verdades luminosas
y aunque parezcan lejanas,
ya las estamos viendo y poco a poco,
las iremos entendiendo.
Es la reflexión, un caminar sin desesperación,
apuros o presiones,
no queremos engañarnos o confundirnos
sino mas bien cultivar la reflexión como un arte.
Quizás podríamos compararlo
con el escuchar una música que nos deleite
y que parece maravillosa.
No pretendamos que una reflexión termine o concluya
como una puerta cerrada,
sino mas bien como un horizonte vasto, generoso,
lleno de coloridos, de armonía
y ciertamente estamos profundizando, entendiendo,
pero sin que la conclusión sea un limite sino mas bien,
una medida que alcance a descubrir
las maravillosas verdades que Dios
ha dispuesto para nuestro desarrollo.
La reflexión nos hará sobrios y humildes,
objetivos, sinceros y cada vez mas ciertos
en el propósito de conocer la Voluntad de Dios.