Del soneto Nº 818, 'Alza los párpados', de Francisco Alvarez Hidalgo
Tus pechos Tus pechos se dormían en sosiego entre mis manos, recobrando nido, fatalmente obedientes al que ha sido el amor que una vez los marcó al fuego;
tu lengua agraz bebía al fin el riego de mi saliva, aún ayer prohibido, y mi cuerpo arrancaba del olvido el tempo de tu ronco espasmo ciego.
Qué paz... Tu sexo agreste aún apresaba gloriosamente el mío. Todo estaba en su sitio otra vez, pues que eras mía.
Afuera revivía un alba enferma. Devastada y nupcial, la cama olía a carne exhausta y ácida y a esperma.