En cada una de las apariciones públicas de Justin Trudeau el objetivo de los fotógrafos es encontrar el mejor ángulo para inmortalizar sus pies o, más concretamente, sus tobillos. La culpa la tienen los calcetines, ese accesorio hasta ahora denostado a un segundo plano a los que el Primer ministro de Canadá ha dado la importancia que merecen. Y no como juego del mundo de la moda, que también, sino como un auténtico elemento reivindicativo.
Con ellos mostró su apoyo a la comunidad musulmana con unas medias en los que podía leerse una felicitación por el fin del Ramadán, hizo gala de su patriotismo con unos en rojo con la hoja de arce de su bandera y hasta desveló su pasión por Star Wars con un par en el que aparecía Chewbacca, y otro con otros personajes de la saga como C3PO y R2D2. Sus coloridas apuestas se han convertido en su sello de identidad y éstas forman parte ya hasta de las conversaciones políticas en las redes sociales.
Y es que los calcetines pueden decir tanto de un hombre como la corbata. Están los de gustos clásicos que no renuncian a los modelos lisos y los que se atreven con todo tipo de prints con ganas de marcar la diferencia. Ya no se desparejan al fondo del cajón ni se esconden bajo los pantalones. De hecho, los bajos se remangan para lucir tobillo a todo color y cada vez son más los que deciden empezar a vestirse por los pies. El gran olvidado reivindica su estatus.
Un negocio en alza
Este fetichismo por los pies no es nuevo. Las cifras de ventas de calcetines llevan siendo astronómicas desde hace varias temporadas y el nicho que se ha creado en torno a ellos no deja de sorprender. ¿El secreto? Por fin hombres y mujeres pueden compartir tendencia.
Happy Socks fue una de las pioneras cuando, hace diez años, un diseñador gráfico y un publicista decidieron que era hora de dar un toque de diversión a una prenda tan esencial. Así nació esta firma sueca que ya está presente en 90 países y ha realizado colecciones cápsula en colaboración con gigantes como Adidas o nombres tan variados como el de Pharrell Williams o Manish Arora. Sus principales bazas son su amplio catálogo y su gran presencia internacional, dos objetivos que persiguen prácticamente todos sus competidores.
Curiosamente, nuestro país ha sido uno de los grandes impulsores del negocio del calcetín. Nombres todavía pequeños que están abriéndose camino en el campo conviven con otros que en menos de una década han logrado que sus creaciones se vendan en todo el mundo. Un ejemplo es Sockaholic, nacido de un grupo de ánimos que huía de los manidos calcetines de rombos. Después llegaría Socketines, que quiso primar la calidad por encima de todo con sus colecciones realizadas íntegramente en España con algodón orgánico 100%; y Jimmy Lion apareció como una reivindicación contra el alto precio de este accesorio y la falta de diseños originales para hombre.
Son tan solo algunos ejemplos de un mercado en auge que en el que las principales firmas de lujo también parecen tener mucho que decir al respecto. Sobre la pasarela hemos visto como Gucci los subía hasta la rodilla y los marcaba con una abeja dorada bordada, como Vetements reivindicaba los clásicos modelos deportivos en color blanco siguiendo la tendencia Athleisure o como Prada recurría a los colores para añadir un toque de diversión.
También han hablado sobre el modo de uso. Los pantalones son los que dictan el color de estos (si es que se apuesta por versiones en liso en negro, azul marino o marrón) para contrastar con el tono de los zapatos, mientras que los accesorios en blanco se reservan en exclusiva para el terreno deportivo.
No subestimes el poder de los calcetines porque seguirán dando mucho de qué hablar.
María Aguirre
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