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SANTA LUCÍA. Es una de las figuras más estimadas por la devoción cristiana y la Iglesia la celebra como una de las gloriosas vírgenes y mártires del tiempo del Imperio Romano. Murió en Siracusa (Sicilia) durante la persecución del emperador Diocleciano el 13 de diciembre del año 304. Su culto se extendió desde la antigüedad por la Iglesia, y su nombre fue introducido en el Canon Romano de la misa. La leyenda según la cual la Santa se habría arrancado los ojos por amor de Cristo, tiene su origen seguramente en la etimología popular del nombre de Lucía (lux-lucis, luz), luminosa, y sugiere la luminosidad que emana de su propio nombre. La misma fuente dice que, después de peregrinar a la tumba de Santa Águeda en Catania, decidió consagrarse a Cristo y vendió su dote, por lo que su prometido, desairado, la denunció como cristiana y la torturaron sin conseguir doblegar su propósito de virginidad. Es abogada de la vista y patrona de los ciegos-
Oración:
Que la poderosa intercesión de santa Lucía, virgen y mártir, sea nuestro apoyo, Señor, para que en la tierra celebremos su triunfo y en el cielo participemos de su gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN
Pensamiento bíblico:
Dijo Jesús a sus discípulos: -No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros? Yo entonces les declararé: Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados (Mt 7,21-23).
Pensamiento franciscano:
En cierta ocasión dijo san Francisco a un compañero suyo: «Cuando veas a un pobre, querido hermano, piensa que en él se te propone, como en un espejo, la persona del Señor y de su Madre pobre. Del mismo modo, al ver a los enfermos, considera las dolencias que él cargó sobre sí» (LM 8,5).
Orar con la Iglesia:
Oremos a Cristo, el Señor, que nació de la Virgen María, y digámosle: Ven, Señor Jesús.
-Hijo unigénito del Padre, que has de venir al mundo como mensajero de la Alianza, haz que el mundo te reciba y te reconozca.
-Tú que, engendrado en el seno del Padre, quisiste hacerte hombre en el seno de María, líbranos de toda corrupción y pecado.
-Tú que, en el día del juicio, traerás contigo la recompensa, haz que tu amor sea entonces nuestro premio.
-Señor Jesucristo, que viniste a salvar a los pecadores, líbranos de caer en la tentación.
-Ayúdanos a cumplir con fortaleza de espíritu la voluntad de tu Padre, para que podamos esperar tu venida sin temor.
Oración:
Señor todopoderoso, rico en misericordia, no permitas que los afanes de este mundo nos impidan salir animosos al encuentro de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

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