Caracas, 02 Dic. AVN .- Luego de la proclamación hace 14 años por parte de la Organización de la Naciones Unidas (ONU) del 2 de diciembre como el Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud, aún el mundo tiene 5,7 millones de personas trabajando bajo situación de servidumbre y formas de esclavitud encubierta en distintas partes del planeta donde reinan los sistemas capitalistas de producción, distribución y consumo.
Otros 180 millones de seres humanos son niños y menores que desempeñan las más disímiles modalidades de trabajo infantil: prostitución, trabajo esclavizado y trabajo peligroso por el alto riesgo.
En otras palabras, la esclavitud y la servidumbre siguen siendo bastante frecuentes, aunque se haga referencia a estas prácticas utilizando en los documentos de los organismos internacionales gubernamentales y ONG habitualmente los términos eufemísticos de “mano de obra garantizada” o “trabajo forzoso”.
De acuerdo con la OIT, cada año millones de personas, la mayoría mujeres y niños, son engañadas, vendidas, coaccionadas o sometidas de alguna manera a situaciones de explotación de las cuales no pueden escapar.
Trata de personas
El incremento en el número reportado de casos de trata de personas, así como su expansión a zonas que antes no estaban tan afectadas, coincide con el aumento de las dificultades económicas, especialmente en los países capitalistas incapacitados para el desarrollo, los enormes obstáculos a la migración legal y la existencia de graves conflictos armados promovidos y sostenidos por los intereses de las grandes empesas multinacionales e instituciones dedicadas a desestabilizarlos.
La trata de personas, alentada por el modo de vida consumista y deshumanizador, constituye la mercancía de una industria mundial que mueve miles de millones de dólares provenientes de diversas fuentes ilegales y otros legalizados bajo la figura de negocios (hoteles, prostíbulos, casinos, cine, tv por cable, revistas, internet, etc) y que está dominada por grandes empresas clandestinas y hasta negocios registrados, conectados con grupos de delincuentes muy bien organizados que operan con impunidad por la relación empresarial con las autoridades policiales y judiciales.
Quienes se dedican a la trata de personas trasladan a mujeres procedentes del sureste asiático y de África a América del Norte y a otros países para engrosar ese caudal humano femenino que mantiene activa la vida nocturna de las grandes ciudades europeas y norteamericanas, e incluso algunas asiáticas y latinoamericanas con estilos de vida difundidos por la televisión por cable controlada por las transnacionales capitalistas.
La desintegración de la ex Unión Soviética y la pérdida de su modo de vida socialista, así como la gran inestabilidad económica y política resultante en algunas de sus regiones han conducido asimismo a un aumento espectacular en el número de mujeres de Europa post soviética que caen en manos de los tratantes.
Otro elemento que genera, en algunos casos, situaciones similares a la esclavitud, es el desplazamiento de grandes masas a otras regiones o países, en busca de empleo y de una mejor calidad de vida. Un alto porcentaje de esos inmigrantes, en Europa y en Estados Unidos, son sometidos a trabajos sin regulación laboral alguna, en jornadas extenuantes y peligrosas y con bajas o miserables remuneraciones.
Venezuela inició la lucha contra la esclavitud desde el 19 de abril de 1810
En Venezuela, la abolición de la esclavitud fue una lucha que se incrementó desde el 19 de abril de 1810, con lo que se denominó el primer paso hacia a la independencia, pues antes de esa fecha ya se habían dado importantes luchas para lograr abolir la esclavitud.
Desde los albores mismos de la Independencia, en 1810, los hombres más liberales de Venezuela pensaron en abolir la esclavitud.
No sólo la nueva Junta de Gobierno había prohibido la trata de negros, sino que el Generalísimo Francisco de Miranda llamó a los esclavos a formar filas en el ejército patriota y les ofreció la libertad.
La acción de libertad fue ejemplarizante por parte de Simón Bolívar, quien, aunque mantuano y propietario de haciendas y de esclavos, fue el primero en liberarlos, tal y como se lo prometió a su amigo y protector en Haití, el Presidente Petión.
Apenas llega a Carúpano, el 2 de junio de 1816 decretó “la libertad absoluta de los esclavos que han gemido bajo el yugo español en los tres siglos pasados”.
El 6 de julio de ese mismo año de 1816, al desembarcar en Ocumare de la Costa dicta una proclama en que dice, al referirse a los esclavos: “Esta porción desgraciada de nuestros hermanos que han gemido bajo las miserias de la esclavitud, ya es libre. La naturaleza, la justicia y la política piden la emancipación de los esclavos; de aquí en adelante sólo habrá en Venezuela una clase de hombres, todos serán ciudadanos”.
Postergada la ansiada libertad por numerosas traiciones después de morir Bolívar, vuelve esa consigna a hacerse bandera colectiva durante la Guerra Federal, como parte del programa del Partido Liberal, afirma una reseña del Ministerio de Educación publicada en el portal me.gob.ve.
Pese a estos decretos e intenciones, muchos años transcurrieron hasta que el 23 de marzo de 1854 el Congreso aprobó la Ley de la abolición de la esclavitud y el 24 fue ratificada por el presidente José Gregorio Monagas.
De esta manera la esclavitud, como sistema de producción y de vida, desapareció formalmente de Venezuela, dando paso a la libertad de los afrodescendientes, pero sin las condiciones sociales, económicas y políticas adecuadas -durante todo el siglo XX- para hacer realidad la vida libre con la mayor suma de felicidad, seguridad y estabilidad, como lo prometió Simón Bolívar.
Con la nueva Constitución de 1999 aprobada por primera vez en referendum nacional, una de las más avanzadas del mundo, como se ha reconocido en numerosos documentos nacionales e internacionales, y con los proyectos sociales en ejecución desde hace once años guiados desde diciembre del 2004 por el Plan Nacional Simón Bolívar, por primera vez en Venezuela se están creando las condiciones sociales, políticas, económicas y jurídicas para hacer posible la desaparición de todas las formas de discriminación, exclusión y servidumbre forzosa en el país.
Acosta Saignes, un clásico de los estudios de la esclavitud en Venezuela
Un gran conocedor y estudioso de esta materia fue Miguel Acosta Saignes, periodista, ensayista, político, etnohistoriador y docente venezolano quien dejó para la posteridad una de sus principales obras: “Vida de los esclavos negros en Venezuela” publicada en 1967.
Acosta Saignes nació en San Casimiro, estado Aragua, el 8 de noviembre de 1908. Es considerado fundador de los estudios antropológicos en Venezuela y de la Escuela de Periodismo de la Universidad Central de Venezuela (UCV).
Saignes dedicó buena parte de su esfuerzo y conocimiento a la investigación al tema de la esclavitud dentro de su concepción etnológica que también lo llevó a escribir “Estudios de etnología antigua de Venezuela” (1954),“Cerámica de la luna en los Andes venezolanos” (1957), “Historia de los portugueses en Venezuela” (1959), “Estudios de folklore venezolano” (1962), “Bolívar: acción y utopía del hombre de las dificultades” (1977), entre otras publicaciones.
En “Vida de los esclavos negros en Venezuela” -obra de consulta permanente en los cursos sobre África en las universidades venezolanas- Saignes describe cómo y porqué se fue introduciendo la mano de obra esclava en el país andinocaribeño; qué actitud tuvieron muchos africanos que luego de ser vendidos como esclavos a las familias españolas y criollas que fundaron las principales ciudades de Venezuela se alzaron en el monte y crearon los palenques cimarrones para continuar viviendo la libertad que les fue arrebatada por las potencias capitalistas europeas.
Acosta Saignes relata las penurias y los maltratos que recibieron los africanos durante los más de tres siglos que duró la esclavitud; y aborda los mecanismos estatales jurídicos y políticos de la colonización que favorecieron la esclavitud y la trata humana africana, la cual arrebató de ese continente a más de cien millones de sus hijos.