Pronto los destellos inalcanzables del sol desaparecen tras la amplia cortina de nubes usadas como lienzo por el señor de los muertos. La obscuridad se hace más sobresaliente a medida que cubre los detallados retratos pincelados suspendidos en los cielos.
Los palacios de los planetas malditos poco a poco van siendo ocupados por sus guardianes y el resto de los espectros tiene alguna que otra misión o tarea especificada para llevar a cabo. Todos excepto aquel cuyo corazón arde en las llamas de la vergüenza provocadas por la derrota ante un oponente, le ha fallado a su señor a quien ha jurado absoluta e incuestionable devoción hasta el ultimo aliento de su ser.
A pasos tan cortos y livianos como las garras en los pies de su negra sapuri le permiten camina por un largo pasillo, manteniendo la seriedad tenaz en su expresión y en su manera de moverse, a perfecto tono con la inteligible forma alada y repleta de cuernos de su protección corporal.
Provocada por el espesor de su amplio yelmo una sombra que oculta sus ojos se mantiene en su rostro mientras llega al encuentro de su señor; rápidamente en reverencia se pone de rodillas y agacha la cabeza, retirando su casco, mostrando su despeinado y voluminoso cabello rubio así como devela sus azules ojos debajo de una poblada y varonil ceja.
-Mi señor, yo el Juez Radamanthys de Wyvern me pongo nuevamente a sus órdenes…-
Dice en un tono ahogado que manifiesta junto con su sumisa mirada una gran consternación ante los eventos próximos. Mas en su ser se mantiene firme en cuanto a la decisión que ha tomado de entregarle su vida a su amo de ser necesario.
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