Pues aqui están las aportaciones correspondientes. Muchas gracias a todos por participar y darle un toque navideño al foro. Votaremos con 1, 2, 3 y 4 puntos y, como siempre, cada participante puntuará con 1 su propio relato. Suerte a todos!!!
Es una lata esto de estar en 1º de EGB. Todavía nos quedan muchos cursos por delante para llegar a ser como los “más mayores” de todos, los de COU. Ya son más altos que los profesores, se afeitan y todo.
Pero bueno, habrá que tener paciencia. Hoy ha sido un día divertido en el colegio. Hemos juntado nuestras mesas hexagonales (como los cubículos de la colmena de la Abeja Maya) y hemos empezado a hacer un mural de Navidad entre todos. Y es que pronto va a ser Navidad. La semana que viene nos dan las vacaciones.
Por la tarde, a la salida del colegio, mis papás me han llevado con ellos a Galerías Preciados. Estaba todo lleno de luces y de guirnaldas. Hemos bajado al supermercado y hemos comprado mucho turrón y polvorones. Luego hemos pasado por la juguetería y por la librería, para que eligiera los regalos que voy a pedir a los Reyes Magos.
He visto una miniatura del Renault 5 en color amarillo que me ha encantado. Se le abre todo, como a mí me gusta: las puertas, el maletero y el capó. Lo voy a poner seguro en la carta a los Reyes. También les voy a pedir el nuevo cuento de los pitufos, titulado los pitufos olímpicos. Voy a escribir la carta esta misma noche, cuando termine de cenar.
Habrá que recibir bien a los Reyes Magos. Podríamos dejarles un poco de turrón y polvorones de los que hemos comprado. Si no se lo come todo mi hermana antes de ese día, que es muy tragona.
Mañana en el colegio seguiremos con el mural de Navidad, ¡qué divertido! Los mayores seguro que no hacen cosas tan molonas. Creo que tienen que estudiar unas asignaturas muy feas con nombres muy raros. Pensándolo bien, no está tan mal esto de ser niño.
RELATO 2
MIS RECUERDOS DE LAS FIESTAS DE NAVIDAD
-Hay que recuerdos, ahora que se acercan las fiestas navideñas, me acuerdo de una de tantas y tantas navidades que pasamos cuando mi madre vivía, son recuerdo que cuando llegan estas fechas, me ponen tristes y a la vez me sacan una sonrisa, que bonito los recuerdo, verdad?
-Bueno os paso a contar pero no os voy a contar uno si no, un poco de cada uno de ellos, pues todos ellos eran geniales, pues estábamos toda la familia junta, que en esencia era lo que mi madre quería.
-Antes de que las Fiestas de Navidad fueran a llegar, mi madre empezaba su búsqueda de que haría de comer para esas fechas y sus preparativos para ello, un año nos preparo Cordero, otro pescado al horno, otro canelones y a si un montón de platos cada año diferentes y riquísimos; embutidos varios, tostadas con ajo, tomate y aceite, y muchas más cosas para comer en esos días tan señalados para estar juntos; como soy la más pequeña de cinco herman@s, era la que más le ayudaba a preparar todas sus comilonas; yo en principio las tenia, pues era un tute de trabajar en la cocina; comprar la comida de ese año, los ingredientes y después elaborarlos, la nevera llenita hasta que no cavia nada más; cuando ya estaba algo a por otro, hasta tener los más elaborados para no tener que hacerlo el ultimo día deprisa y corriendo; aunque os diere una cosa siempre faltaba algo en el último minuto antes de ponernos a comer a la mesa toda la familia junta.
-No penséis que solo era la comida la que mi madre quería tener lista, si no también, los distintos regalitos para cada uno de nosotros, pues mi madre era una mujer detallista de mucho cuidado, vamos un solete, a veces yo tan bien la acompañaba a comprar los regalos para algunos de nosotros; decorábamos al casa, hacíamos el belén, poníamos un árbol, a veces el árbol era de verdad, (un pino) o de plástico, pero siempre nos quedaba fenomenal, ponía dulce y chocolates en él y como no, los paquetes o regalos debajo de él; era todo un espectáculo verlo.
-Llegaba el día de Navidad y con ello los nervios de que no faltase nada, la mesa preparada, con su mantel navideño y servilletas a juego, dobladas originalmente cada año; los cubiertos para esa ocasión, sus distintas copas para el campan, vino y agua o refrescos; los aperitivos y picoteos para no perder el tiempo y tenerlos ya listos; iban llegando l@s herman@s y conforme aumentando la familia iba uniéndose, a veces algún amigo; cuando ya estábamos todos, a la mesa, mi madre era la última en sentarse a ella, eh iba levantándose en varias ocasiones y también yo; íbamos sacando los platos de comida y también ayudaban mis herman@s.
-Nos ponemos todos a comer y a hablar de todo, a veces había varias conversaciones cruzadas a la vez, era algo asombroso, aun recuerdo lo bien que nos lo pasábamos.

-Después de aperitivos, primeros y segundos platos, postres y café, los turrones, barquillo, mazapanes, bombones y demás cosas para este día, licores para la ocasión, viene el campan o cava y el brindis celebrando por estar todos juntos reunidos en estas fechas tan felices.
-Solíamos ser unos quince o dieciséis, algunas veces más, cada año era diferente, pero siempre todo acababa muy bien.
-Después conforme se hacia la hora de que cada uno se marchara a sus casas, a veces hasta se llevaban las sobras del festín que habíamos comido y no se había terminado, pero todos con la barriga llena y diciendo, que bueno estaba todo, dándonos besos y despidiéndonos de todos, para la próxima vez, que sería el día de Reyes, que quedábamos nuevamente para dar los regalos a grandes y a pequeños, y las cara que ponían todas ese día.
-He tenido una madre maravillosa, era una persona con carácter, generosa, amable y bondadosa, vamos una madre perfecta.
-Siempre nos lo pasábamos muy bien, no es que ahora no nos lo pasemos bien cuando nos reunimos no, solo es que ahora mi madre y mi padre ya no están con nosotros y eso todos lo echamos en falta, pues siempre no llevamos muy bien.

-Aun ahora nos reunimos por estas fechas para encontrarnos y vernos todos, aunque cada año nos cuesta mas, o bien porque alguno no puede, porque hay alguien enfermo, porque está de viaje, o porque ha pasado algo, lo hacemos en un restaurante y con lo de la puñetera crisis, y que cada vez es más caro comer en ellos, el año pasado lo celebramos en casa de una de mis hermanas, pero este año ya veremos donde y cuando lo celebraremos, aun está por ver.
Os deseo a todos una Feliz Navidad.
RELATO 3
Casi, casi …los vi.
El último día antes de las vacaciones, en el recreo, Begoña nos había asegurado a mí amiga Gloria y a mí que los Reyes Magos no existían y que eran los padres quienes compraban los regalos. Aunque en ese momento, Gloria y yo nos miramos con cara de asombro quedándonos calladas y sin decir nada, ya estando solas, comentamos la noticia ¡Cómo iba a ser cierto! Desde luego en mí caso ¡imposible que fueran mis padres! Si cuando nos gustaba algo ya fuese lo que fuese, una muñeca, un coche, un patinete o a veces una simple pelota, al pedir y suplicar que nos los compraran mi madre siempre nos decía la misma cantinela ¿Pero tú ves lo que cuesta? Ni hablar ¡Se lo pides a los Reyes! Daba igual que estuviéramos en julio y faltaran más de 5 largos meses para la noche de Reyes. Ella era así. No había nada que hacer. Tanto Gloría como yo descartamos la idea, enseguida. Pero consciente o inconscientemente yo no lo tenía tan claro y durante aquellas vacaciones de Navidad estuve al acecho y pendiente de todos los movimientos en mí casa; de los cuchicheos, puertas cerradas, salidas apresuradas, …todo me hacía sospechar.
La noche del 5 de Enero como todas las noches de Reyes pusimos mis hermanos y yo los zapatos relucientes, debajo de una mesita con turrones y vino dulce, con tres copitas de la cristalería más fina de mi madre. Y nos fuimos a la cama.
Yo estaba muy inquieta y nerviosa y tarde muchísimo en dormirme. Cuando me desperté ya clareaba el día porque entraba algo de luz a través de la persiana de mi cuarto. Sin hacer caso de las advertencias de mis padres, que siempre nos decían que ese día no nos podíamos levantar de la cama hasta que ellos nos vinieran a avisar, me levanté despacito para ir hasta el hall donde siempre, entre la mesita y el enorme Belén, nos dejaban todos los años los juguetes Sus Majestades. Pero al ir por el largo pasillo, descalza, sin hacer ni un solo ruido algo me hizo girar la cabeza a la altura del despacho de mi padre y empujar la puerta. En la habitación helada el revuelo de los visillos muy blancos por la luz del alba se movían por el viento que atravesaba la ventana abierta. Y allí, en el alfeizar de la ventana vi una enoooooorme babucha, con una tela maravillosa (que yo supuse seda) y unas piedrecitas brillantes (que rápidamente relacioné con diamantes y que ahora al recordar su color azul relaciono con los zafiros). Pero lo que más me impresionó y que hoy aún recuerdo con total claridad es la tonalidad de la tela, un dorado irisado con destellos verdes y azules. ¡jamás había visto cosa igual! Después de unos instantes hipnóticos sin poder moverme, corrí despavorida a la cama con el corazón saliéndoseme por la boca.
Lo siguiente que recuerdo fue la voz de mi madre. ¡venga chicos a levantarse, que han venido los Reyes! Yo abrí los ojos recordando al instante lo vivido y fue en ese momento en que me di cuenta que todo lo debía de haber soñado.
Salimos corriendo como todos los años, como los salvajes que éramos (según palabras textuales de mi madre,) a por los regalos.
Y fue en ese momento de excitación al desenvolver los paquetes con mi nombre pero sin quitar los ojos a los regalos de mis hermanos, cuando oí la exclamación de mi madre al abrir la puerta del despacho. ¡Pero bueno! ¿quién se ha dejado toda la noche la ventana abierta? ¡Con lo que cuesta calentar esta habitación! Si es que no tenéis ningún cuidado. Os pensáis que no cuesta nada… Yo ya no oía los lamentos de mi madre por nuestra supuesta dejadez. Abandoné mis juguetes y corrí al despacho para mirar hacía el exterior de la ventana. Pero claro, allí ya no había nada.
En las fotos que nos hicieron ese día mi cara refleja el desconcierto y asombro en el que estuve inmersa durante todo el tiempo. Jamás conté a nadie nada de aquello. Sin duda mis hermanos no se lo hubiesen creído y se hubiesen reído de mi. Pero ahora, cada vez que llega la noche de Reyes, algo por dentro me recuerda aquella mágica noche... y en que yo, casi, casi…les vi.
RELATO 4
LA NOCHEBUENA DE IVÁN
Por fin había llegado, pensaba Iván, su día favorito de todo el año: Nochebuena. A pesar de su corta edad conocía el ritual que dominaba aquella fecha a la perfección: la reunión familiar, la gran cena, los regalos. A media tarde llegarían los abuelos y papá, que salía antes del trabajo. Entonces papá y el abuelo sacaban a mamá de la cocina y se disponían a terminar los suculentos platos de la cena. Mientras tanto, él junto con la abuela y mamá llenaban el árbol de adornos, unos nuevos y relucientes y otros más estropeados pero que eran los que más le gustaban puesto que la abuela siempre tenía una historia que contar sobre ellos, no en vano, la habían acompañado a lo largo de casi toda su existencia.
Cuando menos cuenta se daba, los cocineros anunciaban que la cena estaba lista y él colaboraba a poner la mesa. Pero no una mesa como la de todos los días. Para esta ocasión mamá sacaba un mantel y unas servilletas preciosas y la abuela siempre traía un centro de flores para decorarla. Después risas, charlas y comer hasta hartarse para terminar llegando a los postres que era la parte de la cena que más le gustaba a Iván.
Y con la barriga bien llena, la abuela se sentaba al piano y con melodiosa voz, entonaba villancicos que la familia acababa coreando emocionada. A Iván empezaban a cerrársele los ojos pero sabía que tenía que aguantar un poquito más puesto que a las doce de la noche empezarían con el reparto de regalos que Papá Noel había dejado bajo el árbol mientras ellos cenaban y se divertían. Caras de sorpresa, alegría y emoción repartiendo y abriendo paquetes.
Tras tanta emoción, Iván se dormía con una sonrisa que permanecería en su cara a lo largo de toda la noche.