“Me viene, hay días, una gana ubérrima, política,
de querer, de besar al cariño en sus dos rostros,
y me viene de lejos un querer
demostrativo, otro querer amar, de grado o fuerza,
al que me odia, al que rasga su papel, al muchachito,
a la que llora por el que lloraba,
al rey del vino, al esclavo del agua,
al que ocultose en su ira,
al que suda, al que pasa, al que sacude su persona en mi alma.
Y quiero, por lo tanto, acomodarle
al que me habla, su trenza; sus cabellos, al soldado;
su luz, al grande; su grandeza, al chico.
Quiero planchar directamente
un pañuelo al que no puede llorar
y, cuando estoy triste o me duele la dicha,
remendar a los niños y a los genios (…)
Quiero, para terminar,
cuando estoy al borde célebre de la violencia
o lleno de pecho el corazón, querría
ayudar a reír al que sonríe,
ponerle un pajarilla al malvado en plena nuca,
cuidar a los enfermos enfadándolos,
comprarle al vendedor,
ayudarle a matar al matador -cosa terrible-
y quisiera yo ser bueno conmigo
en todo”.
- César Vallejo | Fragmento de “Me viene, hay días, una gana ubérrima, política”.
Falleció en París el 15 de abril de 1938
Nota: Hoy recordamos en Hermeneuta al escritor peruano César Vallejo (1892-1938), quien, para Martin Seymour-Smith es “el más grande poeta del siglo XX en todos los idiomas” y para Américo Ferrari “quizá (…) quien encarna de la manera más cabal la libertad del lenguaje poético”. Su vida, novelesca, transcurrió fiel a sus ideas políticas y sociales. Para la ocasión hemos elegido este fragmento, que ejemplifica bien su estilo y carácter, y que hemos tomado de su “Poemas humanos” (1939). Tiene, además, un fantástico final “quisiera yo ser bueno conmigo/en todo”.
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