
“Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. Estamos tocando el fondo.
Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse. (…)
Tal es mi poesía: poesía-herramienta a la vez que latido de lo unánime y ciego. Tal es, arma cargada de futuro expansivo con que te apunto al pecho.
No es una poesía gota a gota pensada. No es un bello producto. No es un fruto perfecto. Es algo como el aire que todos respiramos y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.
Son palabras que todos repetimos sintiendo como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos”.
- Gabriel Celaya | Fragmento de “La poesía es un arma cargada de futuro”. Nació en Hernani, España, el 18 de marzo de 1911
Nota: Hoy recordamos en Hermeneuta a Gabriel Celaya (1911-1991), uno de los más importantes y laureados poetas españoles del siglo XX. Estudió ingeniería, pero su amistad con hombres como Lorca o Juan Ramón Jiménez, así como su matrimonio con la escritora Amparo Gastón, le llevaron a dedicarse a las letras. Para la ocasión hemos elegido un fragmento de su gran clásico “La poesía es un arma cargada de futuro” (publicado en 1955 en "Cantos íberos"), perfecto ejemplo de su idea de que las artes debían pugnar para lograr un cambio social a mejor.

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