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REDES: ¿QUÉ CONTROLA NUESTRO PESO?
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De: ESKARLATA (message original) |
Envoyé: 16/06/2009 09:44 |
Si nos ofrecen un millón de dólares por aguantar la respiración un par de horas, nos echaremos a reír si ni siquiera intentarlo. Sabemos que nuestro instinto nos hará respirar antes de tiempo. En cambio, si nos ofrecen la misma cantidad de dinero por comer menos durante un tiempo, pensaremos que podemos hacerlo. Sin embargo, el mismo instinto que nos hace respirar nos obligará a comer más, la única diferencia es que en el caso de la alimentación este impulso puede tardar en expresarse semanas, meses o incluso años. Con el paso del tiempo, cuando se manifiesta este instinto, ya no lo reconocemos como tal, simplemente pensamos que nuestra fuerza de voluntad está fallando.
El hecho de que podamos modificar temporalmente nuestro peso si comemos menos nos hace pensar que podemos controlar a largo plazo cuánto pesamos. Pero esto no es cierto. Tenemos sistemas biológicos muy potentes que se oponen a los cambios de peso en cualquier dirección.
En el próximo programa de REDES, Eduard Punset entrevistará a Jeffrey Friedman, el descubridor a mediados de los 90’ de la hormona leptina, implicada en la regulación del peso corporal. Friedman nos hablará sobre los experimentos que está llevando a cabo, que demuestran que la obesidad no es un problema de fuerza de voluntad, sino que son los genes los que determinan el peso de cada individuo.
Y es que el peso es un factor sorprendentemente estable. Si analizamos a una persona a lo largo de su vida veremos que su peso se mantiene casi idéntico de un año para el otro. Es más, se calcula que el peso aumenta tan sólo unos 4,5 kg por decenio. El sistema que equilibra las calorías ingeridas con las gastadas funciona con una precisión del 99.6%. Cuanto más gastemos, más comeremos y viceversa.
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Jeffrey Friedman Jeffrey Friedman es profesor e investigador en la Universidad Rockefeller de Nueva York. Allí estudia los mecanismos moleculares que regulan los hábitos alimenticios. Su principal descubrimiento ha sido la identificación de la leptina, una hormona que regula el peso corporal. Ahora sus investigaciones se centran en descubrir la base genética de la obesidad humana.
Jeffrey Friedman |
Eduard Punset: Jeff, en 1995 causaste un revuelo mundial, puesto que demostraste que si se inyecta una hormona llamada leptina a ratones extremadamente grasos se puede hacer que pierdan peso. Ésta fue una noticia de alcance mundial. ¿Cómo llegaste a esa conclusión?
Jeffrey Friedman: Bueno, fue verdaderamente apasionante. Empezamos el camino que nos condujo a este descubrimiento estudiando un tipo de ratón genéticamente obeso. La mayoría de la gente cree que las diferencias de peso tienen que ver con la fuerza de voluntad, o con el tipo de comida que se ingiere, pero disponemos de pruebas genéticas convincentes que demuestran que son los genes los que controlan las diferencias de peso. Y para estudiarlo empezamos a trabajar con un tipo de ratón específico que es tremendamente obeso como consecuencia de un defecto en un solo gen.
Eduard Punset: Es fantástico ver que la gente acepta realmente que no puede controlar el color de sus ojos, ni luchar contra él; y en cambio creen que pueden controlar su peso, su propio peso.
Jeffrey Friedman: Bueno, la gente… creo que es una característica humana el querer sentir que controlamos las cosas, que lo controlamos todo; y como podemos modificar temporalmente el peso si comemos menos, hay quien cree que podemos controlar a largo plazo cuánto pesamos. Pero esto tal vez no sea cierto del todo. Resulta que hay sistemas biológicos muy potentes que se oponen a los cambios de peso en cualquier dirección.
Eduard Punset: Y si nos centramos en la evolución, ¿cuáles fueron las grandes adaptaciones en el ámbito dietético?
Jeffrey Friedman: Pues bien, me parece que lo importante, evidentemente, es que la nutrición está sometida a un control natural, evolutivo: así que la evolución quiere que obtengas un equilibrio energético correcto; un equilibrio calórico correcto. Ello se debe a que hemos evolucionado en un entorno en el que a menudo hubo carencias de alimentos, hambrunas, o pérdidas periódicas de alimentos. Y la naturaleza no quería que el ser humano fuera tan escuálido que estuviera en peligro de inanición la próxima vez que escaseara la comida, así que ideó una solución ingeniosa, que es almacenar energía en el tejido adiposo...
Eduard Punset: ¡Claro!
Jeffrey Friedman: … a modo de reserva para la próxima vez que hubiera una hambruna. Y la naturaleza siempre intenta asegurarse de que tomas las suficientes calorías como para mantener esa reserva de grasa y protegerte. Pero por otro lado, si la grasa es excesiva, eso también es prejudicial. En el pasado, podía suponer menos habilidad para la caza, o un mayor riesgo ante los depredadores… además, conlleva complicaciones médicas que pueden acortar la vida y repercutir evolutivamente. Así que la evolución tiene motivos de peso para querer que las personas no sean ni demasiado gordas ni demasiado flacas, y hay muchas moléculas y dispositivos moleculares con ese fin. Pero siguiendo en esta línea, puede que distintas poblaciones tengan tendencias distintas en cuanto al peso según el riesgo relativo de inanición en esa cultura. Así que en un entorno en el que siempre hay comida, el peligro de morir de hambre es bajo y tal vez haya una población más delgada. Y en un entorno en el que a menudo los alimentos escasean, la población tal vez sea más gorda, por lo menos cuando hay comida disponible.
Eduard Punset: Así que, en realidad, sugieres que en nuestro organismo hay un proceso, un proceso automático e inconsciente, mediante el cual la ingesta de calorías se equilibra con la energía que gastamos. Y dices que lo hace con tal precisión de un modo inconsciente, que si utilizáramos un cerebro para calcularlo, sería incapaz de hacerlo con semejante precisión.
Jeffrey Friedman: En efecto, el problema es que los organismos vivos deben acatar las leyes de la termodinámica, y la primera ley de la termodinámica dice que, para cualquier sistema, la cantidad de energía que entra debe compensarse con la cantidad de energía que sale; si no es así la cantidad de energía almacenada se modificará. Pues bien, nosotros almacenamos la energía en forma de grasa. Pero resulta que si analizamos a las personas a lo largo de su vida, veremos que el peso es sorprendentemente estable de un año al otro e incluso en el transcurso de diez años. El peso por supuesto cambia con la edad, pero no más de unos cuatro quilos y medio por década. Así que si calculamos que, durante ese período, se han ingerido 10 millones de calorías, y se han gastado casi 10 millones de calorías, el sistema tiene que funcionar con una precisión del 99,6%!.
Eduard Punset: ¡Increíble!
Jeffrey Friedman: Compara esto con las tasas de error de la comida que comemos. ¡Las tasas de error oscilan entre el 2 % y el 80%! Si dependiéramos de las etiquetas de los productos para controlar nuestra ingesta calórica y regular el peso, sería absolutamente imposible pero, en cambio, la naturaleza ha ingeniado un sistema para contar las calorías por nosotros.
Eduard Punset: Afirmas que, por ejemplo, podemos controlar la respiración, contener la respiración durante un rato, pero al final habrá algo que nos obligue a dejar de hacerlo y respirar de nuevo, ¿verdad? Y con la nutrición, con el peso, sucede algo semejante.
Jeffrey Friedman: Bueno, así funcionan nuestros instintos básicos. ¿Qué es lo que tienen que hacer las personas o los animales? Deben equilibrar la ingesta de alimentos o de calorías; regular los fluidos; reproducirse; en los mamíferos, controlar la temperatura corporal... se trata de instintos básicos que cobran importancia en todos los animales. Pero en los humanos, tenemos también una zona del cerebro, la corteza cerebral, que puede expresar el impulso consciente de hacer algo. Pero, por lo general, cuando un instinto básico, ubicado en una parte del cerebro, compite con un impulso consciente, situado en otra región, generalmente gana el instinto básico. Sin embargo, hablamos de períodos de tiempo distintos, por ejemplo, el instinto de respirar tiene lugar en segundos o minutos, el instinto de beber o dormir en intervalos de un día… ¡en cambio el sistema que regula el peso opera en intervalos de meses! De modo que cuando gana, ya no lo atribuimos al instinto, puesto que no lo reconocemos, y en su lugar pensamos que tiene que ver con nuestra fuerza de voluntad, lo que probablemente no es cierto.
Eduard Punset: ¿Cómo es, cómo funciona, este proceso que hace que uno coma más o menos?
Jeffrey Friedman: La naturaleza ha invertido muchos esfuerzos en que nuestra nutrición sea correcta. Ha diseñado un sistema maravilloso, en el que hay una región básica del cerebro, el hipotálamo, con distintas vías neuronales que, cuando se activan, activan a su vez el apetito; mientras que otras vías neuronales lo suprimen. Estas vías reciben señales, incluyendo esta hormona, la leptina, que modula las actividades del circuito. Ante la falta de leptina, por ejemplo, los mecanismos que estimulan el apetito se activan y los que lo inhiben se desactivan: y así el animal come más. De esta forma, si equilibramos la actividad de estos mecanismos que estimulan o inhiben el apetito podemos controlar el apetito de un modo óptimo y regular el peso.
Eduard Punset: Ahondemos un poco en esta hormona de la que hablas, la leptina, que parece decisiva.
Eduard Punset: Si no tienes leptina, porque tus genes no fabrican esta hormona, entonces estarás tremendamente obeso. Pero si tienes demasiada leptina, también sufrirás un problema de obesidad, ¿verdad?
Jeffrey Friedman: Sí, ambas cosas son ciertas, y permíteme explicar esta paradoja aparente. En los ratones obesos, o en las personas que presentan mutaciones de leptina, no se genera ninguna señal que avise que hay reservas adecuadas de grasa, de modo que el cerebro piensa que existe riesgo de inanición. Y por eso come más, porque nunca se puede generar la señal de que hay grasa, porque el sistema es incapaz de hacerlo como consecuencia de la mutación en el gen de la leptina. En esos casos, si se administra leptina, el peso disminuye, y se puede normalizar. Sin embargo, sólo un pequeño porcentaje de los casos de obesidad en humanos se producen por una mutación en el gen de la leptina. La mayoría de personas obesas tienen de hecho más leptina que la media. ¿Qué puede significar eso? Normalmente la leptina suprime la ingesta de alimentos, pero he aquí un caso en el que personas obesas tienen más leptina. La conclusión, claramente, es que por algún motivo la leptina que generan no funciona del todo bien.
Eduard Punset: Entiendo. ¿Tiene algo que ver con lo que sucede con la insulina, de algún modo, con la resistencia a la insulina?
Jeffrey Friedman: Sí, conceptualmente es muy parecido a la resistencia a la insulina y la diabetes. La mayoría de diabéticos producen más insulina que la media, el 90% de los diabéticos, de hecho. Y se sabe que este tipo de diabetes, la diabetes tipo II, es el resultado de la resistencia a la insulina.
Eduard Punset: Muchos, bueno, digamos que algunos dicen que la obesidad está aumentando en la actualidad, especialmente en países como EEUU, y parece que con ello afirman que no solamente la genética, sino también el entorno, influyen en ese hecho. ¿Cuál sería tu respuesta?
Jeffrey Friedman: La incidencia de la obesidad está aumentando en todo el mundo, en casi todas las culturas, a medida que se tiene acceso a las calorías. Y bueno, por supuesto el entorno es importante, y hasta cierto punto el entorno modela los genes a través de la evolución, ése es el principio que rige la evolución.
Eduard Punset: Sí
Jeffrey Friedman: Pero los cambios en la incidencia de la obesidad se han exagerado en los últimos años a causa de la manera de analizar los datos. Permíteme que lo explique. La obesidad se define como un valor límite fijo, cuando tu índice de masa corporal (el peso dividido por la altura al cuadrado) supera la cifra de 30, estás obeso. Así que si tu IMC es de 31,1, estás...
Eduard Punset: ¿Cuando dices IMC, te refieres a…?
Jeffrey Friedman: El Índice de Masa Corporal, así se llama. Se supone que es un indicador de la grasa que tenemos, pero en realidad no es un indicador demasiado bueno. Es una medida útil, pero en absoluto perfecta. Por ejemplo, si tienes un IMC de 31,1; pongamos que mides 1 metro 76, y pesas 96 kilos y medio, estás obeso. Pero si es de 29.9; mides 1 metro 76, pesas 92 kilos y medio, no estás obeso. Es un poco tonto, pero por supuesto, tenemos que fijar límites de este tipo, lo acepto. El problema es que cuando tenemos una distribución de algo, de un rasgo, como el IMC, y un umbral fijo, cuando se produce un pequeño cambio en la curva, éste repercute de modo desproporcionado en el número de personas que exceden el umbral.
Eduard Punset: Sí.
Jeffrey Friedman: ¿Y qué ha pasado? Hace 20 años teníamos una curva, la curva se mueve un poco, el umbral no cambia, y ahora el número de gente que excede el umbral aumenta muchísimo. Así que durante el período en el que la gente afirma que la incidencia de la obesidad ha aumentado en un 50%, en realidad ha habido un aumento de peso medio de unos 3 ó 5 kilos. El caso es que desde un punto de vista sanitario es importante, pero decir que el entorno puede haber contribuido a un aumento de 3 a 5 kilos no suena tan terrible como decir que ha habido un aumento del 50%.
Jeffrey Friedman: Pienso que sería mucho más útil si atendiéramos más a las distribuciones, y comparáramos las distribuciones de peso de la población. Y esto no se ha hecho demasiado, de hecho, que yo sepa, ni siquiera se dispone de gran parte de los datos sobre los que se están sacando conclusiones.
Eduard Punset: Tienes razón, sin duda. Para finalizar, ¿qué les dirías a los que sugieren que la obesidad es la enfermedad del siglo XXI?
Jeffrey Friedman: Creo que no cabe duda de que la obesidad es un problema de salud importante que debemos abordar. Lo que pasa es que la gente recurre a recomendaciones sencillas sobre cómo tratar la obesidad que sabemos que no funcionan. Por ejemplo, algo típico que se dice es “come menos, haz más ejercicio, el problema desaparecerá”. Lamentablemente, eso es algo que dijo por primera vez Hipócrates hace 2500 años. Lo que no me entra en la cabeza es por qué hay quien cree que tendrá mejores resultados ahora que entonces. Por el contrario, creo que deberíamos aprovechar los fabulosos progresos que nos brinda la ciencia y abordar la obesidad como abordaríamos cualquier otra enfermedad. ¿Qué significa esto? Identificar los mecanismos que controlan esta característica, la fisiología del sistema. Comprender lo que diferencia esta característica en la enfermedad: el mecanismo de la fisiología. Entender cómo los factores del entorno y del desarrollo actúan en este mecanismo y a partir de aquí surgirán nuevos tratamientos. Y me parece mucho mejor centrar nuestras energías en esto que en fingir que podemos hacer desaparecer el problema diciéndole a la gente que haga algo cuando sus instintos más básicos le dicen lo contrario. Y también creo que es muy importante no estigmatizar a los obesos. Se trata del único colectivo, en EEUU por lo menos, sobre los que parece que se pueden decir cosas malas y no pasa nada. O atribuirles su enfermedad… culparles del problema. Y me parece que la ciencia nos dice que esto no es correcto, así que creo que deberíamos tratar a los obesos con justicia del mismo modo que tratamos a la gente con todo tipo de diferencias. Y celebremos nuestras diferencias, hasta cierto punto, en lugar de criticar a los que tienen unas características en lugar de otras.
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Eduard Punset: También tenemos el tema del ejercicio. La gente dice: “haz mucho ejercicio”. Y, de nuevo, sugieres: “reduce tus expectativas”. Porque mediante el ejercicio, esta vez estamos hablando del desgaste de energía, ¿verdad? Y la idea es que quemar más calorías ayudará a controlar el peso. Pero tú dices: no, porque esto funcionará hasta un cierto punto, tal vez…
Jeffrey Friedman: Bueno, hay varias cosas que decir sobre el ejercicio. La primera es que creo que todo el mundo debería hacer ejercicio, hay motivos muy buenos para ello: mejora la salud cardiovascular, mejora el tono muscular… ¡el ejercicio es fantástico! Pero, sin embargo, tal vez no sea un tratamiento muy eficaz para perder peso. Creo que la gente debería hacer ejercicio, pero entender para qué lo hace, sin esperar que sea una cura para la obesidad. En cuanto al ejercicio, parte del problema es que el sistema que regula el peso es tan preciso que a menudo cuando la gente gasta calorías mediante el ejercicio lo compensa inmediatamente comiendo más... Así que se equilibra perfectamente. Creo que la gente debería llevar una dieta sana (lo cual reduce el riesgo cardiovascular); debería hacer ejercicio (que mejora el estado de forma cardiovascular); y también mantener el peso, mantenerse un poco más delgados de lo que estarían si necesitan mejorar la salud, pero a la vez rebajar sus expectativas un poco y no esperar ser la persona delgada que nunca fueron.
Eduard Punset: Pero hay otras cosas increíbles que se están llevando a cabo en esta obsesión por controlar conscientemente el peso corporal. Me refiero a las intervenciones quirúrgicas, a llegar a acortar el colon. Y la gente lo hace, ¿sabes? Bueno, claro que lo sabes… y dices, cuidado, porque se perderá peso pero… ¿qué dices exactamente?
Jeffrey Friedman: El caso de la cirugía es interesante porque el procedimiento limita el número de calorías que se pueden tomar a 700 diarias, ¡una cifra mucho menor de la que nosotros comemos! Normalmente comemos unas 2000-3000 calorías diarias, y la mayoría de nosotros no podríamos mantener un aporte calórico tan reducido. Lo interesante es que, tras esta intervención, ¡los pacientes siguen siendo obesos! Son menos obesos que antes, pero todavía se clasifican como obesos crónicos, así que están ingiriendo tan pocas calorías y siguen siendo obesos… hay que concluir que sus metabolismo es distinto que el de la gente delgada. ¡Y hay muchas pruebas que lo corroboran! Por ejemplo, cuando sometemos a una persona obesa a un régimen, y pierde peso, el número de calorías que quema se reduce muchísimo, así que para mantener este nuevo peso más bajo tiene que ingerir menos calorías que las que podría ingerir alguien que partiera de ese peso. Por supuesto, por eso es tan difícil mantener un régimen, porque se pasa hambre, y encima hay que consumir menos calorías que los demás para mantener ese peso. Y la mayoría de gente puede hacerlo durante un período corto y luego el impulso más básico gana.
Eduard Punset: Mientras esperamos a que se produzcan beneficios genéticos, veamos qué tipo de progreso han seguido los tratamientos. Para la gente que padece este problema, ¿ha habido nuevos productos, nuevos fármacos? ¿Cuál ha sido la evolución de los tratamientos?
Jeffrey Friedman: Lo primero que cabe preguntarse es ¿es buena la leptina? ¿Qué beneficios tiene para las personas? Y la respuesta es que una parte de los obesos, posiblemente de un cuarto a un tercio, pueden conseguir una pérdida de peso notable con esta hormona: se trata de la gente que tiene algo de leptina pero en cantidades bajas. Pero con el resto, los que son resistentes a la leptina, ¿qué vamos a hacer? Pues una de las cosas que querríamos es descubrir dónde está el bloqueo pues, cuando lo sepamos, tal vez podamos activar los circuitos más allá de donde está el bloqueo. Y ya tenemos algunas pistas sobre cómo hacerlo: modulando las vías neuronales controladas por la leptina podremos modificar el peso. Y hay varios experimentos esperanzadores con posibles fármacos para ello. Por ejemplo, los mecanismos que inhiben el apetito están controlados por un péptido llamado MSH que ya podemos imitar. De hecho, en animales, ya consigue reducir el peso.
Eduard Punset: ¿Ya?
Jeffrey Friedman: Ya es así en animales. Además, sabemos que los cannabinoides endógenos, unas moléculas del cerebro que se asemejan a las de la marihuana, estimulan el apetito. Y ya hay un fármaco fantástico en los humanos que bloquea los cannabinoides endógenos y reduce el consumo de alimentos, y ahora sabemos que estos cannabinoides endógenos están más allá de la leptina. Así que la idea es entender las vías y las moléculas para definir nuevos tratamientos que o bien aumenten la actividad de las neuronas que reprimen el apetito o bien inhiban las neuronas que activan el apetito. Es necesario algo de tiempo, pero ya hemos presenciado grandes avances en los últimos 10 años, así que creo que conseguiremos nuevos e importantes modos de tratar este problema en un futuro no muy lejano.
Eduard Punset: Tú incluso aventuras algunas cifras: dices que en obesidad, hasta un 80%, tal vez, es genético.
Jeffrey Friedman: Sí, en cierto modo así es. La conclusión de que se trata de algo especialmente genético se desprende de muchas líneas de trabajo distintas. Un primer grupo de estudios compara los niños adoptados con sus padres biológicos y sus padres adoptivos, y el resultado es que se parecen a los padres biológicos, no a los adoptivos. También pueden compararse los gemelos idénticos o monocigóticos con los gemelos dicigóticos; si los gemelos idénticos son más parecidos, la conclusión es que hay una base genética. Y, de hecho, los estudios demuestran que el 80% del peso es consecuencia de factores genéticos. Creemos que dichos factores genéticos y sus correspondientes proteinas forman parte de una red que representa nuestro impulso fundamental de comer y que se centra en el hipotálamo. Pero por supuesto tenemos también un impulso consciente en la corteza cerebral que puede decirnos “¡come menos!” a la vez que el impulso básico nos dice “¡come más!” Y para la gran mayoría de la gente, en lo relativo a éste y a otros impulsos básicos, el sistema básico prevalece.
Marià Alemany Marià Alemany es Catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Barcelona. El objetivo de su investigación es conocer los mecanismos de la hormona oleil-estrona en la regulación del metabolismo de las grasas. Alemany nos expone sus singulares ideas acerca de la obesidad y la alimentación.
Marià Alemany |
Su investigación
La oleil-estrona es una hormona que es producida por el tejido adiposo, la descubrimos nosotros hace unos 10 años, que actua como señal ante el cerebro, indicándole la cantidad de grasa que hay en el cuerpo. Si los niveles son altos es que hay una gran cantidad de grasa, si son bajos es que hay poca grasa. De tal modo que si nosotros le damos a un animal experimental o a una persona una cantidad de este mismo compuesto, el cerebro interpreta que hay mucha más grasa que la que toca y entonces actua con los mecanismos fisiológicos normales para hacerla desaparecer. Lo importante, entiendo yo, para tratar la obesidad no es hacer una dieta y tomar una droga que te ayude a soportar la dieta, sino simplemente tomar algo como un controlador del sistema global de ajuste del peso corporal, lo que llamamos el ponderostato, como es la oleil-estrona que lo que hace es hacer creer al cerebro que hay más grasa entonces la quema, sin preocuparte nada, te reduce él mismo el apetito, comes menos, gastas más, pero sin enterarte. Esta es la jugada importante. Porque cuando tocas sólo un lado sin tocar el otro el sistema se desajusta y tiende a compensar.
El estrés es un factor crítico en el desarrollo de la obesidad
Cuando se produce una situación de estrés, por ejemplo cuando uno está cruzando en ámbar y se te echa encima un autobús, la primera reacción es una descarga de adrenalina que te alerta y que te obliga a huir o luchar; en el caso del autobús es más razonable huir, entonces huyes, pegas un salto y sales disparado... Bien, no ha pasado nada, pero esta huida ha representado un esfuerzo para el organismo que pierde... hay unas roturas musculares, microrroturas, hay pérdida de reservas, hay una caída de la glucosa en sangre, etc; hay una serie de pequeños factores que inmediatamente son corregidos por la secreción de glucocorticoides. Y éstos son un bálsamo que mejora esta situación. Si uno está sometido constantemente a estas agresiones, al final no responde de un modo continuado, simplemente ya no responde... pero la segunda respuesta sí se sigue produciendo. El problema del estrés continuado es que tenemos demasiada respuesta protectora frente a una agresión que la mayor parte de las veces no nos afecta tanto
El feto recibe información dentro de la madre de qué es lo que pasa ahí fuera
Durante la gestación, el organismo de la madre se adapta a la situación en la que se encuentra. Un ejemplo del posible efecto que tiene la alimentación de las madres sobre el peso de los hijos, lo tenemos en un estudio que se hizo hace unos años en el que se estudió una cohorte de personas que habían sido gestantes durante la Segunda Guerra Mundial, en la ocupación de los Países Bajos al final de la Segunda Guerra Mundial, en la que hubo una hambruna importante. Las personas... las mujeres que estuvieron sometidas a esta hambruna durante una parte determinada de su gestación, dieron lugar, luego, al nacimiento de una serie de hijos, que al llegar a la edad militar, cuando les tomaron el peso y la medida, eran muchos... una proporción de obesos mucho mayor de la estadísticamente esperable. Es decir el hecho de que las madres hubieran sufrido hambre durante la gestación dio lugar a que, veintitantos años después, la proporción de obesos entre los hijos de aquellas madres fuera superior a lo normal. Lo que conocemos por dieta mediterránea esencialmente una entelequia
La dieta mediterránea es esencialmente un concepto en el que se mezclan una serie de alimentos naturales, muy variados, propios de la tierra, con una gran variabilidad estacional, que inluye, pues, desde carne -como cordero, como cerdo, etc- hasta pequeñas cantidades de verduras, legumbres, una buena cantidad de cereales; es esencialmente una dieta variada, rica, y que se asocia a un estilo de vida en el que la tranquilidad, el relax y sobre todo la falta de estrés se combinan para dar un resultado muy cardioprotector, un sistema pues que resulta especialmente saludable, pero no es solamente la dieta: es el estilo de vida.
Los lácteos son alimentos magníficos tomados en su justa proporción
A ver, los lácteos son unos alimentos magníficos, sobre todo para los recién nacidos: están previstos para esto. No es normal, desde el punto de vista biológico, que un animal adulto se coma, de otro, solamente las secreciones lácteas. Uno ve a un león, se come a una vaca o se come a un ñu, y se lo come entero, no va y se pone a lamerle las ubres. Es decir, no estamos preparados para ese tipo de alimento. Lo normal es que al llegar una cierta edad, se pierde la capacidad de digerir el azúcar de la leche -la lactosa- y entonces puede producir problemas. Entonces, los lácteos, siguen siendo magníficos, pero tienen que tomarse en su justa proporción; un exceso de lácteos es perjudicial, porque contienen hormonas, factores de crecimiento que potencian sobre todo el aumento de la grasa, el aumento de la proteína corporal, y eso a un adulto no le interesa.
La mejor dieta hipocalórica es comer de todo pero menos
Las dietas... la mejor dieta que hay es la que se come lo que a uno le viene en gusto, en una cantidad adecuada, sin quedarse harto, sin quedarse con hambre y variando los alimentos. Eso es una dieta adecuada, lo demás son florituras, y la mayor parte de las veces son cuentos chinos. Las dietas previstas para adelgazar que funcionan -y funcionan sólo hasta cierto punto- son las dietas hipocalóricas: aquellas en las que comes de todo, pero menos
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