Muchas gracias Ximena por tu aporte
Es muy util como todos los que generosamente nos regalas.
A veces, cuando no se consigue algo mejor, es bueno intentar olvidar y
como no es nada facil cuando el daño ha sido grande hay que recurrir
a cualquier estrategia y la que apuntas es de probados efectos.
Sin embargo, en la medida de lo posible sería sano esforzarse
en la consecución de modificar por comprensión el efecto cáustico que
su recuerdo causa en nosotros. Tal vez desmenuzando esos recuerdos,
comprendiendo lo que se nos alcanza y asumiendo como una experiencia
desagradable el resto. Una experiencia más que nos ha traído nuestro momento
y forma de estar en la vida, tal vez aprovechar para aprender cómo prevenir otra
semejante sin caer en la fobia, el miedo o el endurecimiento, aceptando que
jugaste lo mejor que supiste y perdiste como otras veces te tocó ganar en
el serio juego que significa vivir. Procurar no dejarse llevar por la lección facil
de usar en adelante las estrategias que a otros les permitió dañarte. Repasar qué tan
convencido estás de lo que creías tus guías, tus valores, tu opción de vida, si no tienen poder suficiente para a pesar del dolor razonable, hacerte sentir satisfecho contigo mismo.
Creo que es lo más importante y lo que te hubiera permitido una pronta recuperación
y en todo caso invertir en asegurarte de ello o modificar lo necesario, porque es
probable que de una u otra forma la vida va a poner de nuevo a prueba lo que has
evolucionado. Es un buen momento, después que se nos ha hecho ver el veradero
coste de lo que significa apostar por una postura en la vida, cuestionarnos si
estamos dispuestos a ser fieles a ella o sólo la aireábamos como bandera.
Como en el caso de las amistades que superan una crisis, un dolor, si seguimos confiando en ella como algo de valor para nosotros ( ésto es algo muy personal ),
un valor que nos nutra más allá de la costumbre, la pasión o la obsesión o la tapadera
de una necesidad puntual, el vinculo se fortalece, y si creemos que no merecía la pena, será el momento de cambiar los valores o de afianzarlos de forma que no les hagamos responsables de nuestra caída sino nuestro sostén para levantarnos de nuevo.