Comprobar cómo han pasado de nuevo esas fechas que asusta ya calificar de otra cosa más que de “especiales” y asimismo comprobar lo poco que ha cambiado mi pequeño mundo ni mi percepción del global.
Qué movimientos de aquellos que estaban parados se ha producido?. Qué gesto de acercamiento, generosidad, humildad, consciencia y conciencia, se ha mostrado por parte de nosotros?. Dónde se ha aposentado toda ese gozo y buenos sentimientos que parecíamos derrochar?? Hemos modificado algo nuestras actitudes?, Hemos dejado que algo de dulzura se cuele por alguna grieta de nuestro endurecido corazón? Hemos repasado siquiera los motivos que en un pasado nos parecieron válidos? Qué puesta en práctica ha habido de esos proyectos más allá de los puramente materiales?, más allá de comenzar una dieta o abandonar una adicción?. Qué renovadas fuerzas nos han permitido vencer el miedo o la desidia y movernos en ese nivel y hacia ese mundo que idealizamos y decimos pretender, incluso crear a nuestro alrededor??. Claro, ésa debe ser la cuestión, la trampa que fabricamos cuando hacemos nuestras personales leyes, “nuestro alrededor”, es decir lo que elegimos que nos rodee y el resto del mundo está fuera.
Alegremente entramos y sacamos a las personas de nuestro mundo y supongo que es la causa de que los afectados del tsunami, tan presentes durante semanas, desaparecieran como las aguas que entraron de forma impetuosa en las arenas de nuestras personales playas. Son las mismas aguas que la mayor parte de nuestra vida disfrutamos complacidos, bañándonos o tan solo admirándolas, y que las leyes de la naturaleza, tan mediatizada ahora por la acción del hombre, las llevan a expresarse de forma brusca y exagerada. El daño que a veces nos causa es en parte responsabilidad nuestra por no haber previsto las consecuencias cuando se desenvuelven de forma desordenada. Por otro lado, si esa misma fuerza la observáramos a distancia, sin estar interrumpiendo su natural camino resulta igualmente bella y si tomáramos el suficiente interés en desarrollar con hechos lo que con palabras decimos, con seguridad podríamos encauzar esa energía poderosa para beneficio de todos.
A buen seguro entre los libros que amorosamente enviamos a estas sociedades más de uno habla de lo mucho que tienen al haber conservado su vida tras el cataclismo, de que cada día pueden ver el maravilloso sol, que aún conservan dos de sus siete familiares, que tienen una manta para abrigarse del frío suelo, que está en ellos hacer de sus días un recuerdo feliz por lo mucho que recibieron del resto del mundo cuando la vida les asestó tan duro golpe. Bueno, la verdad es que todo eso es cierto, sin embargo no sé qué me pasa que sigue inquietándome algo, como que yo me olvido de ellos pero que ellos no se olvidan de mí y me crea un cierto dolor de conciencia cada vez que busco una bonita imagen para desterrar la de ellos, cada vez que me repito que no puedo hacer nada mientras en el fondo de mí sé cuanto tengo en la mano.
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Me alegra ...
Comprobar que algunas personas que estuvieron alejadas de nuestras vidas por tan diversos motivos, han y hemos aprovechado estas “especiales fechas” para un nuevo encuentro, para disolver algunos nubarrones, a veces retomar una comunicación más frecuente y cómo a pesar del tiempo los sentimientos que se dijeron sinceros siguen anidando en nuestro interior, comprobar que la calidad de los mismos se mantienen porque al expresarlos no buscamos lo bonito, lo oportuno o lo bello, sino compartir de la forma más honesta lo que sucedía en nuestro interior. Y vuelvo a recordar las palabras de alguien que me increpaba un día.., “no todo el que dice ser honesto lo es “ y mi respuesta.. “..claro que no, por eso tanto lo que siento como lo que me dicen sentir, suelo ponerlo en cuarentena”. Cada día parece más necesario poner en cuarentena lo que nos manifestamos, dominando tanto como solemos la técnica de las habilidades sociales, corremos el riesgo de vaciar de significado nobles conceptos y poner esa herramienta al servicio de no siempre los mejores ideales, ni siquiera al servicio de lo mejor para nosotros mismos, para nuestro crecimiento.
En algún lugar leí que si queremos practicar el verdadero significado de amar, conviene practicar con quien menos nos agrada. Es una opinión que comparto y que sirve para medir nuestra capacidad de amar, por tanto medirnos como personas.
Me alegra comprobar que sí, para algunas personas estas fechas ha supuesto un iniciar y en otras retomar actividades de entrega, poco o mucho, cada quien lo que se siente en cada momento capaz de dar y/o de desprenderse, sea tiempo, dinero, atención, perdón, alegría, comprensión, orgullo, … y más de una persona ha recibido como recien nacido la bienvenida a un mundo ya no tan oscuro como el que sentía.
Sigue siendo igual, este mundo grande y chico no ha sufrido grandes cambios, pero lo importante en todo caso sería que los pequeños cambios, incluso los personales sean el signo de una transformación.