
Roberto Armijo
Ejercicio en forma de lira
Hondo desasosiego en mi quimera es tu querer. El mundo en tu piel es de fuego y en tus ojos, profundo por tí he sido y seré meditabundo.
Silencioso buscaba tus pasos en el polvo, el agua, el viento; y en el sueño te hallaba, solamente. Sediento perseguí la estela de tu aliento.
Amandote sedienta en su tristeza en flor la llama viva crecía turbulenta; mi frente pensativa te sentía en el tiempo, fugitiva.
Eres volcán, tu lava en llamaradas trémulas me hería; y mi ansiedad esclava de la melancolía en su amargura dilatada ardía.
Soñaba tu cintura, su delgadez de orquídea perfumante, la dulce linea pura de tu cuerpo albeante y tu mirada limpia, penetrante.
En mis sueños veía tu silueta lejana inenarrable; el mar reverdecía tus ojos de inefable dulcedumbre. Eras flor inabordable.
Desesperadamente llegué a tu sombra, para mi lejana, mi corazón ardiente que manantiales mana te lo abrí, y fue una aurora mi mañana.
Hoy mi boca, desnuda deja sobre tu piel su dulce llama. Jubilosa se escuda en tu amor, y se derrama alucinada el ansia que la inflama.
Hoy que vivo escuchando el mundo en tu desnuda cabellera, que vivo palpando como una enredadera bajo el milagro de tu primavera.
No quiero que al instante, ni el mañana te aleje de mi sombra. Serás la eterna amante que a mi quimera asombra y que temblante mi palabra nombra.
Y otros vendran, sus besos sepultarán los míos, el olvido atroz sobre mis huesos, apagaran el latido del corazón que se quedó dormido...



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