El Ejecutivo y el PP dejan abierta la puerta a pactos sobre las reformas pendientes. Algunos ya lo han venido a denominar giro en el debate económico o nuevas oportunidades de diálogo.
"No con Zapatero". Ésa fue su respuesta cuando a Mariano Rajoy le preguntaron este viernes por la posibilidad de un Gobierno de coalición, en vista del endurecimiento de la crisis económica, materializada este miércoles con una subida de los CDS (Credit Default Swap), la caída de la bolsa y el mantenimiento de una elevada diferencia del coste de la deuda. El líder del Partido Popular circunscribió su negativa a que ese Gobierno estuviera presidido por José Luis Rodríguez Zapatero. Pero "no con Zapatero"... no niega otras posibilidades.
Primeros acercamientos con un pacto eléctrico
¿Hay más? Lo hay. El pacto eléctrico es la parte visible de un acuerdo que rebasa los límites de este sector. El Gobierno y el principal partido de la oposición han quedado en que todas las materias económicas puede pasar por la mesa, sin fotos, sin visitas palatinas y sin vencedores ni vencidos, que es el método que hasta ahora ha producido algún resultado, como el plan de adquisición de activos o el Frob.
El deshielo en las relaciones entre el Gobierno y el Partido Popular, materializado en el incipiente pacto energético o en la aceptación de negociar un asunto de extrema sensibilidad social como la reforma del sistema público de pensiones, indica hasta qué punto el Ejecutivo va asimilando las presiones internas y externas para que rompa de una vez las ataduras que le impiden una deriva franca hacia la nueva ortodoxia económica.
Menos se habla, sin embargo, de la entrevista del día 16 de junio de Mariano Rajoy con Ángela Merkel en Bruselas, en la que la canciller alemana advirtió al líder de la oposición española que, a su juicio, todavía es necesario proseguir con el camino de las reformas.
Repaldo a las reformas o Gobierno de concertación
Rajoy dio ayer la respuesta indirecta a Merkel: "Para que tengan continuidad en el tiempo, lo mejor sería que el proceso de reformas tuviera, tras un diagnóstico común, el respaldo de una amplia mayoría parlamentaria y, cuando menos, el de las dos grandes fuerzas políticas españolas".
En el Partido Popular no hay casi ningún partidario de hablar de gobiernos excepcionales, sean de coalición o de concentración. No lo creen necesario a pesar de la gravedad de la situación. "No aporta ninguna ventaja", aseguran. Pero este rechazo casi unánime (más rígido aún que el veto de Rajoy a Zapatero de ayer) se torna más posibilista cuando se aventura la eventualidad de un Gobierno de concertación, que no implica una participación directa en el Gabinete, sino un programa cerrado y pactado, gestionado por el Gobierno.
Dudas empresariales.
Entre algunos empresarios presentes ayer en la conferencia de Rajoy, las opiniones no hacen ascos a esta posibilidad, aunque hay salvedades. Por ejemplo, un alto cargo de una empresa eléctrica planteaba a elEconomista que "si sobre lo están dispuestos a ponerse de acuerdo es semejante a lo que han hecho el jueves con el sector eléctrico, cobra exacto sentido aquello de apaga y vámonos".
Tampoco los constructores lo ven muy claro después del desencanto que hay en el sector con el que se había convertido en su ídolo, el ministro de Fomento, José Blanco. "Pasarse de dogmáticos en el ajuste es dejar a mucha gente y a muchas empresas en la estacada".