Danzar sobre un volcán
Frases célebres
Esta frase quiere decir en castellano --y en francés, pues fue dicha por un francés-- estar amenazado de un gran peligro, ordinariamente sin saberlo. La pronunció en Junio de 1830 el ministro francés Narcisse-Achille Salvandy, con motivo de una fiesta que Luis Felipe, duque de Orleans, ofreció al rey de Nápoles, poco antes de la revolución de julio, que debía derribar del trono a Carlos X y convertir precisamente a Luis Felipe en el rey de los franceses.
Efectivamente, era el mes de junio de 1830 y el rey de Nápoles visitó a París. El duque de Orleans, que era su cuñado, le ofreció una fiesta en el Palais Royal a la que asistió Carlos X. Cuatro mil fueron los convidados, y cuando el baile comenzó, alegre y confiadamente, el conde de Salvandy dijo, dirigiéndose al duque de Orleans: "He aquí, Monseigneur, una fiesta muy napolitana: estamos danzando sobre un volcán". Aludía, claro está, al rey de Nápoles, a las damas que iban vestidas de napolitanas, al Vesubio y, veladamente, a la situación política francesa. La frase fue profética y el volcán entró en erupción un mes más tarde con la revolución de 1830, que puso en el trono al anfitrión de aquella velada.
Miguel de Unamuno, en un artículo lleno de santa indignación, abominaba de esta frase y sobre todo de una consecuencia de ella, que es una paradoja o un disparate, como ustedes quieran llamarle, del escritor Henri Monnier (1799-1877): "El carro del Estado navega sobre un volcán". Escribía don Miguel: "Fíjense ustedes, ¡un carro que navega sobre un volcán! Lo que en rigor sería posible si se tratase de un submarino".
Miguel de Unamuno ignoraba posiblemente quién y en qué circunstancia había escrito esta frase. Henri Monnier quiso parafrasear la agudeza de Salvandy en su comedia Grandeur et décadence de M. Joseph Prudhomme, que se estrenó el 23 de noviembre de 1852, y Monnier, que tenía una gran vocación de histrión, representó precisamente el personaje central, M.Prudhomme, el prototipo de la nulidad magistral y satisfecha de sí misma, de la vacuidad burguesa. Una de las características de este personaje --que primero fue una caricatura de Monnier, luego un personaje literario y finalmente un tipo de teatro que ha quedado en la literatura francesa como arquetipo-- era jugar de modo absurdo y disparatado con las frases hechas.
Así puede entenderse la frase, que Miguel de Unamuno no llegó a comprender, a buen seguro, por ignorar quién la había escrito, en la que se unían tres tópicos: el carro del Estado, la nave del Estado navegando por procelosos mares y la frase de Salvandy "danzar sobre un volcán".
Néstor Luján Cuento de cuentos
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Cele -Celestino- |