Redibujado del Museo Hermético Reformado y Amplificado
MAGNA FORMULA ALQUIMICA ROSACRUZ
En los cielos, y rodeados tanto por una aureola exterior y una interior, y por jerarquías de seres celestiales, están los símbolos radiantes de la Santa Trinidad: **** (el Padre?), el Cordero (el Sol), y la Paloma (el Espíritu Santo). Las respectivas dignidades de las huestes celestiales están determinadas por el número y arreglo de sus alas. La gloria de la Deidad y el mundo invisible esta oculta de la creación inferior, en parte, por una línea, y, en parte, por el circulo de los cielos estrellados, oscurecido en si por nubes. Cinco pájaros ---un cuervo (Saturno, plomo); un cisne (Júpiter, estaño); un gallo (Marte, hierro); un pelicano (Venus, cobre); y el fénix (Mercurio, mercurio)--- ocupan el semicírculo directamente dentro de la banda de los cielos estrellados. La mitad superior del círculo azul, que contiene los cinco signos planetarios, está ocupada por los signos zodiacales. En el circulo verde aparecen las palabras: “El ano solar, el ano estelar, y el ano de los vientos”; en el circulo amarillo, “El mercurio de los sabios, mercurio corpóreo, y mercurio común, o visible”; en el circulo anaranjado, “Azufre combustible, azufre fijo, y azufre volátil, o etéreo”; en el círculo rojo, “Sal elemental, sal terrenal, y sal central”; y en el circulo violeta, “Se requieren cuatro clases de fuego para el trabajo.” El triangulo blanco central contiene la figura del mercurio solar.
La sección superior entera del dibujo es un diagrama esotérico de la constitución del triple sol espiritual. En el primer plano inferior hay un valle sobre el cual crece un numero de arboles, cada uno llevando el símbolo de una substancia alquímica. (Para detalles, consultar la tabla de símbolos alquímicos de Basil Valentine, en la Pagina CLV.) A la derecha inferior, y representado por una escena nocturna, está el mundo inferior, mientras, a la izquierda inferior, y representado por una escena diurna, está el mundo superior. Por lo tanto, el agua esta simbolizada por el lado derecho del dibujo, y el fuego, por el lado izquierdo. Bajo las alas del Fénix, hay dos círculos que contienen los símbolos del fuego y el aire; bajo las alas del águila hay dos otros círculos que contienen los símbolos de la tierra y el agua. Las figuras humanas, una masculina y la otra femenina, ambas atadas al mundo superior por una cadena dorada y llevando sobre sus cuerpos los símbolos de las fuerzas creativas, representan los principios divinos (masculinos) y humanos (femeninos) en cada criatura. El espíritu y la voluntad están representados por un león rampante; el alma y la intuición por un ciervo con doce luces o estrellas sobre sus cuernos y cargando una hoja trifoliada, símbolo de la triple división de todas las cosas naturales.
En el centro del cuadro, esta la figura del equilibrio filosófico y el logro de la obra magna. El león con dos cuerpos les enfatiza a los iniciados la necesidad de una unión final de todas las partes diversificadas; también, que la luz y la oscuridad (símbolos de todos los opuestos naturales) son dos cuerpos con una sola cabeza. Sobre esta criatura extraña que él ha fabricado por su arte, y que simboliza la reconciliación de los elementos aparentemente irreconciliables, se erige el filósofo alquímico. Las estrellas sobre su túnica revelan la naturaleza luminosa del adepto purificado y regenerado, y con las mazas (el intelecto iluminado) el destruye la ilusión de la luz y la oscuridad y, uniendo las diferentes partes esparcidas del cosmos, moldea de eso al andrógino filosófico. En el Museo Hermético, esta lamina está acompañada por la siguiente cita: “Por la palabra del Señor, se establecieron los cielos, y sus huestes por el aliento de Su boca. El Espíritu del Señor ha llenado el mundo. Todas las cosas son satisfechas con Tu bondad, oh, Señor! Tú viras tu rostro, ellos están en problemas. Tú viras tu Espíritu, ellos mueren y regresan otra vez a su polvo. Tú envías Tu Espíritu, y ellos son creados, y renuevas la faz de la Tierra. Tu gloria es para siempre.” En el Museo Hermético, un pedazo independiente de la Tabla Esmeralda de Hermes (q.v.) también esta adjunta a este dibujo.
Solo por una contemplación profunda y por una familiaridad con los principios alquímicos del Medioevo, el espíritu verdadero del misticismo químico puede ser descubierto. En el dibujo superior se establece la clave completa para la regeneración de los metales, la transmutación de la mundanalidad dentro del esplendor celestial, y el misterio de la generación que ha sido tan triste e ignorantemente mal interpretado por los eruditos superficiales del Siglo 20.
Traducción del original en ingles Grand Rosicrucian Alchemical Formula del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. Sánchez y Rivera, Traductoras.