La santidad del servicio
... Las religiones de la revelación atraen a los hombres hacia la búsqueda de un Dios de amor porque anhelan volverse semejantes a él. Pero la religión no es simplemente un sentimiento pasivo de «dependencia absoluta» y de «certeza de la supervivencia»; es una experiencia viviente y dinámica consistente en alcanzar la divinidad, basada en el servicio a la humanidad. [5:4.1]
... el individuo verdaderamente religioso intenta identificar su yo con el universo, y luego dedicar las actividades de ese yo unificado al servicio de la familia universal de sus semejantes, humanos y superhumanos. [5:4.3]
... La conducta moral precede siempre a la religión evolutiva e incluso es una parte de la religión revelada, pero nunca es la totalidad de la experiencia religiosa. El servicio social es el resultado de una manera moral de pensar y religiosa de vivir. [5:5.4 ]
... En verdad, la religión de Jesús domina y transforma a sus creyentes, pidiendo a los hombres que dediquen su vida a buscar el conocimiento de la voluntad del Padre que está en los cielos, y exigiendo que las energías de la vida se consagren al servicio desinteresado de la fraternidad de los hombres. [195:9.6]
... El servicio —el servicio resuelto, no la esclavitud— produce la satisfacción más elevada y expresa la dignidad más divina. El servicio —más servicio, servicio creciente, servicio difícil, servicio aventurero, y al final el servicio divino y perfecto— es la meta del tiempo y el destino del espacio. [28:6.7 ]
[Estos extractos fueron tomados del Libro de Urantia]
Buscadores y Servidores,
Hace poco entré en contacto con una de las realidades relativamente más distantes de mi experiencia de vida. Y en este caso se trata de diversas realidades, que me llenan de asombro y admiración, que están centradas en una sola persona.
Primero, en mi condición de hombre, tengo una idea un tanto imprecisa y muy especulativa de que lo que significa ser mujer. A nosotros los hombres, frente a la imposibilidad de saber plenamente qué es ser mujer, nos resta la gracia de tener a nuestro lado criaturas que poseen en su naturaleza innumerables características en un grado superlativo, en relación a nosotros. Pero esta criatura, aparentemente mejor equipada para las complejidades y exigencias variadas de la vida, paradójicamente está ante nosotros, los hombres, en una posición de fragilidad, de fuerza física inferior. Considero que esa es una condición que, de antemano, proporciona a esa alma en formación en un cuerpo femenino, un potencial mayor de coraje y humildad. No es casualidad que, a lo largo del acontecimiento principal de la historia del planeta – la vida de Jesús – las mujeres inquebrantables casi siempre fueron las que se encontraron en las situaciones de mayor riesgo. Ellas siempre osaron arriesgar su integridad social y su vida en el filo de la navaja, motivadas por su lealtad y total dedicación a Jesús. Cuando los hombres huían, las mujeres se quedaban. Nosotros sabemos que la vida diaria está llena de ejemplos de pequeñas y grandes cosas, en los cuales esta historia se repite. Entre las grandes cosas, basta pensar que por el portal del suave vientre de la mujer vienen a la existencia nuevas criaturas cósmicas, en asociación íntima con la divinidad creadora.
Segundo, como una criatura nacida en Occidente, me fue dado crecer en un ambiente adaptado a las vastas, amplias y diversas planicies del pensamiento libre, por donde permanentemente se cruzan brisas templadas o ciclones vigorosos de las más diversas fuentes, permeando, insuflando, fertilizando el terreno común del cristianismo progresivo, con todos los matices de todas las ideas e ideales filosóficos y religiosos de todo el mundo. En esta condición, no sé y nunca sabré lo que significa haber nacido y haber sido educado en el sistema herméticamente cerrado del islamismo más radical que campea en el Medio Oriente.
Que será lo que significa haber nacido en el seno de una religión que dice de sí misma que las revelaciones terminaron después de ella, que el último profeta de todos los tempos del planeta insufló la sacralidad absoluta y perfecta de Dios en un libro sagrado?! No sé qué es eso, no sé cuán asfixiante puede ser esa condición. pero, por otro lado, si no se vivió de otra manera, eso tendrá que servir al propósito de elevar el alma hasta Dios (y yo creo que, aun en esa condición tan anti-natural, esa religión logrará cumplir esa función, y esto sirve para constatar el poder de la RELIGIÓN, que triunfa aun cuando es vilipendiada por la caricatura de la religión [léase fundamentalismo]). Pero convengamos que estamos en posición de saber que así la búsqueda se torna extremadamente pobre. Es muy chocante ver que aún existen lugares en donde, en pleno siglo XXI, la vida corre un riesgo cierto, por razones religiosas. Si usted practica la religión “equivocada” podrá ciertamente morir por esa causa. Muy pocos de nosotros, los occidentales, sabremos alguna vez lo que es vivir en esas condiciones.
Tercero, para haber llegado a la condición de partidario y estudiante del Libro de Urantia, tuve un gran facilitador que me proporcionó una vía de acceso intuitiva. Crecí como cristiano, de ahí que lo esencial de los conceptos urantianos me sea rápidamente entendible, a pesar de las dificultades y resistencias para lograr incorporar esos conceptos renovados y profundizados a mis antiguas creencias, que se derrumbaron solo después de años de íntima, fortalecedora e iluminadora “guerra en los cielos” de mi mente, corazón y alma. Pero, una vez más, supongamos que yo hubiera nacido en un país visceralmente musulmán. Los conceptos tan magistralmente revelados en el Libro de Urantia sobre la Trinidad y Dios Séptuplo, tan fundamentales para entender el contexto de la realidad, no pueden penetrar el entendimiento del fundamentalismo islámico. Peor aún, no serán aceptados por el islamismo si son considerados como algo de tenor satánico. El fundamentalismo islámico está enclaustrado en el paradigma del Dios único, y esa mirada fundamentalista es tan restrictiva que no percibe que ese es también el concepto máximo defendido en el Libro de Urantia.
Resumiendo: soy un hombre, soy occidental, soy urantiano de Occidente.
Cuánto podré percibir, sentir y hablar de lo que es ser mujer, haber nacido y vivir en el Medio Oriente y además, unido a esas dos condiciones, ser urantiana? La verdad, casi nada... pero esas tres condiciones reunidas son una realidad que es vivida por una persona de quien recibí noticias hace poco. Nadia Gill es una joven mujer paquistaní, que creció en el seno de la minúscula minoría (perdonen la redundancia) cristiana, en un país tan avasalladoramente islámico (y fundamentalista) como Paquistán. Como si eso no fuera suficiente para hacerla una mujer extraordinaria, además de todo es urantiana.
Yo creo que El Libro de Urantia es realmente una gran revelación, que está inaugurando la avenida de la gran unificación religiosa planetaria, y creo que este es un proceso aún incipiente, que demorará siglos, si no milenios. Pero está comenzando, aunque la avenida sea por ahora una modesta vereda que cruza los matorrales de las religiones evolutivas y los prejuicios humanos. Y esta vereda está avanzando, aunque sea de manera lenta, pero cada vez más firme, por los escenarios culturales de Occidente, de un modo relativamente tranquilo porque recorre los territorios del cristianismo, en todas sus ramificaciones.
Y aún así, a pesar de ese camino semidesmalezado, nosotros, los escasos estudiantes de este libro por experiencia propia sabemos bien que todo está por hacer, y parece que va a llevar tiempo hacerlo...
Entonces, si acá en el Occidente cristiano es así, imaginemos la inmensidad de los obstáculos cuando esos conceptos deben penetrar la mitad oriental del planeta. No anticipo grandes dificultades para que el LU entre en el hinduismo, porque este es muy “democrático” por naturaleza, receptor de todos los dioses que se puedan imaginar y ambientado con principios trinos de divinidad.
Yo siempre me quedo perplejo al pensar en qué “ingeniería” usarían las huestes de Miguel para penetrar la mentalidad islámica. Comprensiblemente, abandono de inmediato toda profundización de esa especulación, pues encuentro inviable llegar a alguna conclusión.
Entonces, de repente, de un modo casi inconcebible para mí, me entero de Nadia Gill. Y aún no revelé lo mejor. Además de mujer en una cultura impúdicamente machista y patriarcal, además de cristiana en un país enfermizamente islámico y fundamentalista, ella no solo es urantiana sino que también es la mentora y fundadora de 2 grupos de estudio del Libro de Urantia... y eso en pleno Paquistán!