EL HOMBRE NO PUEDE MORIR, NI AÚN SI LO DESEA: SU PATRIA ES LA ETERNIDAD.
Quien está iluminado por la Eterna Verdad sabe esto y no teme a la muerte. Se engaña aquél que cree que el hombre es la envoltura física. Se engaña, porque no es verdad. El hombre, el YO ETERNO, está dentro de su medio, de su instrumento físico-sensorial. El cuerpo sólo es un servidor, un colaborador de Aquél que planea en el tiempo y en el espacio, fuera del tiempo y del espacio. El cuerpo es el habitáculo temporal del Espíritu viviente y operante en la dimensión física. El verdadero hombre, el real y eterno, no podrá morir nunca, nunca. La muerte del cuerpo es la causa de su traslado a otra sede, a otro plano operativo experimental, en otro habitáculo idóneo para mejorar los conocimientos, para rehabilitar los errores, para ampliar la capacidad evolutiva, para comprender, cada vez mejor, la función de los valores complementarios que instruyen el continuo devenir y el crecimiento del Ser Macro-Cósmico.
José García Álvarez