¿Cuántas cosas hemos perdido que una vez fueron importantes en nuestra vida? Puede tratarse de una amistad que se
desvaneció o de un trabajo que una vez tuvimos. Quizá fuera un(a) ex con quien acabamos la relación de una manera
amarga, o un miembro de la familia a quien nunca le expresamos nuestro amor o nuestra gratitud.
Al mirar las cosas de nuestra vida que hemos perdido, debemos preguntarnos: ¿Revelé la mayor cantidad de Luz que pude ahí?
Lamentablemente, la respuesta suele ser no.
Hay un motivo por el cual todo viene a nuestras vidas, y siempre es por la misma razón: revelar tanta Luz como sea
posible allí y al hacerlo alcanzar la plenitud.
Lo que realmente perdimos no fue sólo la persona, el trabajo o la relación. Perdimos la oportunidad de revelar Luz...
El problema es que creemos que tenemos una reserva infinita de oportunidades. Pensamos: "Si me pierdo esta,
aprovecharé la próxima". Pero lo cierto es que a veces no tenemos el mérito de recibir otra. A veces estamos ahí
para ese preciso momento o esa precisa persona, y si los perdemos no conseguimos una segunda oportunidad.
A todos se nos da una cierta cantidad de tiempo para realizar nuestro trabajo. Cada oportunidad tiene su fecha de
caducidad espiritual. Sin embargo, nuestro ego siempre tratará de convencernos de que tenemos todo el tiempo
del mundo y que nuestro trabajo puede esperar un día más.
La Luz que puede ser revelada hoy, debe revelarse hoy. El mañana contiene un nuevo paquete de Luz
para ser revelado.
Si utilizamos cada oportunidad de revelar Luz allí donde vamos, cambiaremos para mejorar.
No sabemos si la Luz que está disponible hoy para ser revelada volverá a nosotros algún día, ni cuándo lo hará.