El despojo del hombre antiguo, movido por los deseos egoístas, es un paso imprescindible para poder seguir a Jesús.
El verdadero hombre nuevo creado a imagen de Dios es Jesús. Recorriendo el camino que Él siguió queremos vivir sus discípulos. No se trata de reproducir mecánicamente sus palabras y sus opciones en nuestra vida, sino de asimilarlas de forma personal y única.
Cada creyente va moldeando una respuesta irrepetible. Cada discípulo de Jesús que se decide a incorporarse a su misterio pascual va humanizándose y renovándose interiormente.
En esta sociedad marcadamente individualista, los cristianos estamos llamados a documentar la solidaridad cristiana porque hemos sido alcanzados por la compasión y el amor de Jesús.