A menudo pensamos que comprometernos es una decisión. Tenemos un momento de
claridad, y decidimos que vale la pena.
Para la mayoría de nosotros, elegir un camino espiritual es la decisión más importante
de nuestras vidas. Lo que a veces no entendemos es que no es una elección. Es un
compromiso, y un compromiso es continuo, debe hacerse y renovarse cada día.
Si decides correr un maratón, no estás sólo escogiendo estar presente el día del evento.
Estás escogiendo un camino, y eso significa acondicionerse cada día. Si haces omisión
de una semana de entrenamiento, puede ser que no llegues al día del maratón.
Estar comprometidos en un camino espiritual significa que a veces estaremos solos.
Podemos sentirnos como una oveja negra. Otras veces, habrá personas que
quieran que fracasemos. O al menos, cuando tengamos éxito, sus inseguridades
serán despertadas y no se alegrarán por nuestro éxito.
Y de algo podemos estar seguros: se nos pondrá a prueba. No sobre nuestra
decisión, sino sobre nuestro compromiso.
A veces miro a mi padre como un ejemplo. El Rav ha estado enseñando Kabbalah
en una forma u otra desde 1963. Por 47 años ha hecho lo mismo. Tienes que tener
ayuda de arriba para poder hacer eso. Tienes que asumir que el Creador tiene un plan.
No siempre disfrutarás de lo que haces, pero eso forma parte del precio por alcanzar
tu meta. Aunque recién inicies este camino, estés en el nivel que estés, hay un
nivel correspondiente de pruebas, de dudas, de resistencia.
Así que esta semana te recomiendo que empieces a escribir cada vez que ayudas
a una persona, para que cuando pierdas de vista tu propósito en este camino,
recuerdes que estás aquí para algo más grande.