|
La fe verdadera está predicada en la reflexión profunda, la autocrítica sincera y una conciencia moral intransigente.
Libro de Urantia. Pág. 1459
|
|
|
|
|
Para tener la fe de la cual nos habla la cita, es preciso tener autonomía y ser Persona así con mayúscula, términos que no se dan con frecuencia en nuestros días, porque ello significa haber alcanzado la propia individualidad, ser capaces de autoabastecernos no sólo a nivel material, sino principalmente a nivel espiritual y moral. Es tener conciencia, que se nos ha regalado el libre albedrío para poder escoger entre el bien y el mal, empleando nuestro autodominio y nuestro propio discernimiento, sin tener que recurrir a ningún gurú, ni contactado que nos diga que hacer.
Una cosa es escuchar lo que tengan que decirnos, porque la verdad está en todas partes y cada uno “debe tomar de la enseñanza lo que encuentre acogida en su corazón 1818 pero algo muy diferente es seguir ciegamente las instrucciones de los otros “Siempre fue y por siempre será: los hombres deben tomar su propia decisión. Existe cierta gama de libertad de selección que los mortales pueden ejercer. Las fuerzas espirituales no obligan al hombre, le permiten tomar el camino de su propia elección 1802, porque “uno es libre de elegir y actuar dentro del reino de la propia conciencia 377 porque cada quien debe ser el artífice de su propio destino y asumir los Efectos que producen las Causas que su conducta genera.
Desgraciadamente, hoy en día, el hombre es cada día es menos individuo, el don tan preciado del libre albedrío no es utilizado, ni siquiera se entera que puede usarlo, pues su individualidad se pierde en la confusión de la masa consumidora y libertina. La mayoría de los productos que consume, la ropa que usa, las ideas que cree tener, están dictados desde afuera por la marca de moda, la propaganda o el líder de turno, nada o casi nada es volitivo.
Tener autonomía, es dejar de esperar que los otros nos indiquen que hacer, como hacerlo o en que creer o no creer, pero desgraciadamente el avance de las comunicaciones y la globalización generalizada, cada día nos hace perder más la individualidad y el valernos por nosotros mismos, convirtiéndonos en una masa en las manos de los alfareros interesados en que dejemos de pensar, porque al no tener individualidad, somos absolutamente moldeables para sus propósitos de hacernos consumir lo que crean necesario, la gran mayoría de las veces para su propio beneficio, tanto en lo espiritual como en lo material.
Por lo mismo, no es posible tener libre albedrío, ni tener autonomía, si primero no se es Persona. Debemos tomar conciencia que somos mucho más que una máquina o una masa maleable, porque en nuestro interior está ese amante divino llamado Ajustador y que gracias a esa presencia “somos templos de Dios y espíritu del Padre mora en nosotros. Pero no es suficiente, que este espíritu se haya derramado sobre nosotros, el Espíritu divino debe dominar y controlar cada fase de la experiencia humana pero Él nunca obliga, sólo guía 381 para que seamos nosotros quienes elijamos libremente el camino a seguir.
Vivamos en forma autónoma y autosuficiente, para que de este modo, nos acostumbremos a ser dueños de nuestro destino, dejándonos guiar por ese Dios que vive en nuestro interior, que nos ama y nos permite transformarnos en Personas, lo cual significa:
Haberse descubierto y conocerse en lo insondable.
Es haber fabricado esencia divina y formado el Ser.
Es haber alcanzado individualidad y no depender del entorno.
Es tener juicio interno y saber ser imparcial.
Es mantener la serenidad cuando el corazón sangra.
Es tomar decisiones sin buscar la aprobación ajena.
Es mantener la armonía en medio del caos.
Es estar consciente de la Verdad y ¡vivirla!
Es amar sin condición y dar sin esperar recompensa.
Es ser luz para los que están en la oscuridad.
Es comunicar y transmitir con humildad las verdades adquiridas.
Es cambiar cada día, pero permanecer inmutable.
Es fabricar el propio destino y asumir las consecuencias.
Es estar enamorado de la vida pero no temerle a la muerte.
Es renacer cada día sin perder la capacidad de asombro.
Ser Persona es unificarnos con nuestro Ajustador para alcanzar la inmortalidad.
yolanda silva solano