Expresión de plena democracia participativa
AIN
El
sistema electoral cubano es de los temas más tergiversados por los
medios de comunicación occidentales, encargados de difundir numerosas
interpretaciones erradas, que llegan al extremo de negar la celebración
de comicios en la Isla.
Para desinformar recurren a viejos y
acuñados esquemas: la necesidad de que existan varios partidos
políticos, sin los cuales la designación de los dirigentes y órganos
gobernativos --según tales postulados-- no son legítimos.
Todo
cuanto se aparte de esos criterios carece de validez, según tales
medios. No obstante, la simpleza de tal enfoque ha servido para engañar
a incautos y escamotear la voluntad popular.
Las virtudes del
sistema cubano radican, precisamente, en aquellos aspectos más
criticados por los detractores de la Revolución, y son los que permiten
definirlo como expresión de democracia participativa.
El
protagonismo popular, más allá de la voluntad y los intereses de
partido alguno, está presente en Cuba en todos los pasos organizativos
de las elecciones: desde la conformación del registro de electores
hasta la toma de posesión de los elegidos y el posterior desempeño de
sus deberes públicos.
Todo lo anterior se cumple mediante el
ejercicio de cinco características que poseen los comicios municipales:
inscripción universal de todos los ciudadanos; nominación de los
candidatos por los propios electores, inexistencia de campaña
publicitaria a favor de ninguno de los propuestos; total limpieza y
transparencia de los comicios celebrados a la vista del pueblo, y la
facultad de los ciudadanos de revocar el mandato otorgado.
En
estos momentos las comisiones electorales municipales y de
circunscripción trabajan en la organización de los comicios convocados
para elegir los delegados a las asambleas municipales, cuya primera
vuelta será el próximo 25 de abril.
Por estos días están
ocupados en la confección y publicación de los registros de votantes,
conformados con todos los ciudadanos mayores de 16 años, y en la
organización y realización de las asambleas de vecinos para nominar los
candidatos a partir del próximo 24 de febrero. En este 2009 acudirán a
las urnas 320 mil nuevos electores.
La base del sistema
institucional son los delegados de circunscripción, quienes se agrupan
en Consejos Populares --instancia que abarca un número de delegados a
los fines del trabajo operativo-- e integran las asambleas municipales
como órganos de gobierno de los territorios.
Los candidatos
--dos como mínimo y hasta ocho-- resultan propuestos y nominados
directamente por los vecinos de las diversas áreas en que se dividen
las circunscripciones. La elección, realizada cada dos años y medio, se
efectúa mediante el voto directo y secreto, y para resultar aprobado
debe contar con más del 50 por ciento de los votos válidos emitidos.
A diferencia de la práctica universal, en Cuba la propaganda electoral
no está permitida. En este caso los pasquines, vallas, menciones de
radio y televisión y los mítines a favor de los aspirantes, son
sustituidos por la publicación en lugares públicos de sus biografías y
fotos, en igualdad de condiciones.
El día previsto para emitir
el sufragio los miembros de los colegios, también vecinos de la
comunidad, invitan al público a comprobar que las urnas están vacías
antes de sellarlas y ponerlas bajo custodia de alumnos de la enseñanza
primaria, miembros de la Organización Nacional de Pioneros.
Concluida la votación se emprende inmediatamente el escrutinio de forma
pública. A ese acto asisten libremente los electores, periodistas
nacionales y extranjeros y visitantes de otros países.
Todos
los delegados --incluido el presidente de la Asamblea Municipal--
rinden cuenta de su labor ante los electores cada seis meses, quienes
pueden revocar su mandato cuando consideren que estos no cumplen con
sus obligaciones.
La participación ciudadana, sin distinción de
sexo, creencias religiosas, raza, profesión u ocupación laboral, es
constante en todas las etapas del proceso.
El Sistema Electoral
Cubano, que abarca bajo estos principios hasta la elección del
Parlamento y del Consejo de Estado, quedó plasmado en la Constitución
de 1976, discutida masivamente y aprobada en referendo por más del 95
por ciento del electorado.