En Argentina lo llaman “la grieta”. No se trata de una fractura física sino ideológica, aquella que divide a kirchneristas y antikirchneristas. Culpar a “la grieta” de todos los males nacionales es un lugar común en los discursos de los políticos argentinos, sobre todo en momentos en que el país sudamericano se encamina a unas elecciones legislativas de medio término que pueden abrir la puerta al regreso de Cristina Fernández de Kirchner. El domingo se celebraron primarias obligatorias y Kirchner empató en votos con el candidato del macrismo, Esteban Bullrich. Pero el conteo fue polémico: cuando Kirchner había logrado remontar seis puntos de desventaja y se encontraba a una décima de ponerse al frente, la justicia electoral dejó de sumar los votos. Los argentinos se fueron a dormir con Bullrich como ganador y Kirchner denunciando que habían manipulado los datos para que los diarios del lunes titularan con su derrota. La “grieta” se hizo entonces más profunda que nunca.
La escena quedó registrada por un teléfono móvil. Malnatti sonrió en todo momento, mientras se esforzaba por no contestar los insultos. “Yo no puedo decir que ganó Cristina”, le dijo el periodista, famoso por los reportajes irreverentes que realizaba para el programa CQC en Buenos Aires. La escena terminó con Malnatti a las puertas de la casa de Gobierno y el agresor alejándose entre gritos al aire.
"Lo viví con mucha incomodidad, bronca, impotencia, un poco con el desafío de tener que tolerar a los intolerantes", dijo luego Malnatti en una entrevista con Radio Continental. “Es grave cómo el clima de violencia está diseminado en toda la sociedad”, agregó, “debemos poner un poco de freno, no puede ser como el mundo Twitter, donde cada uno dice cualquier cosa con toda la violencia en el mundo. Quizá hay que parar un poco la pelota". Para la pelota o tapar la grieta.
El diputado actuó como fiscal de Unidad Ciudadana en el Correo Argentino. Denunció que Tullio le confirmó a las 5 de la mañana que Cristina Kirchner había ganado por un punto.
El diputado Rodolfo Tailhade reveló su diálogo de madrugada.
El diputado Rodolfo Tailhade –que actuó el domingo como fiscal general de Unidad Ciudadana en el Correo Argentino– denunció que el director del Correo, Alejandro Tullio, le confirmó a las 5 de la madrugada que Cristina Kirchner había sido la ganadora de la elección por un margen de casi un punto. “Cristina sale a hablar a las 4, cuando sale a hablar la diferencia era de 0,01 por ciento, era claro que la tendencia era irreversible, descontó 7 puntos en unas horas, ahí volvieron a manipular, empezaron a abrir la carga de distritos de ellos como Mar del Plata y La Plata, manejaban de manera tal la carga que nunca Cristina apareció primera. A las 5 de la mañana le pido a Tullio explicaciones y me dice que ganó Cristina, me dijo que iban a terminar computando el 97 por ciento de los votos, algo que nunca pasó, siempre fueron el 95 por ciento más o menos, pero siempre había un ganador claro”, reveló el diputado.
Tailhade detalló: “Yo entré al Correo a las 4 de la tarde y me fui a las 6 y media de la mañana, vi todo lo que pasó, estuve todo el tiempo en contacto con el sistema y hablé en numerosas oportunidades con Tullio. A las 8 de la noche aparece el primer número, a las 9 de la noche entró Andrés Ibarra al Correo, después me di cuenta que entró al mismo momento en que arrancaba el festejo de Cambiemos en Costa Salguero. Ibarra nunca tuvo participación en este proceso porque quienes conducían eran Rogelio Frigerio y Adrián Pérez, lo que le planteó Ibarra a Tullio del Correo, a Álvarez de la Justicia Electoral y al directivo de Indra; le bajó la línea de lo que tenía que pasar en las próximas seis horas, durante las dos horas que duraba el acto de Macri en Salguero no podía bajar la ventaja de 7 puntos”, aseguró. Añadió que “él dijo que cuando termine el acto abran el grifo para que entren los datos de los distritos donde era ganadora Unidad Ciudadana, pero nunca tiene que parecer Cristina primera, así fue hasta que nos fuimos con la disciplina que los caracteriza.”
No queremos aguar el éxito del macrismo en estas elecciones. Nos gustan las fiestas democráticas y entonces no echaremos cenizas sobre el asado. Pero para comer la carne se necesita algo más que decir que hay carbón. Se necesita saber prender el fuego. Y saber cuándo la carne está a punto. No vale sacarla antes. O después. Ocurrió que la madre de todas las batallas, la elección en la provincia de Buenos Aires, se pareció más a un asado con carne cruda por parte del macrismo porque se anticipó a festejar un triunfo que no tuvo. No hizo fraude, pero manipuló la carga de datos –no vale la pena insistir con un detalle que ya todos los analistas y testimonio demostraron– hasta lo indecible para la historia electoral argentina del último medio siglo. Una sombra de década infame y fraude patriótico que no merecen los republicanos, claro, aunque muchos de los integrantes del macrismo sean sus descendientes. Lo cierto es que la operación de posverdad armada hasta las once de la noche del domingo 13 de agosto por la cual festejaban con globos y papel picado una victoria no parida tenía por objetivo no sólo evitar que Macri saludara como corresponde a Cristina por el triunfo sino para la instalación de una percepción global: que la alianza de la derecha vernácula se imponía en todo el país sin oposición. Hubo republicanismo cero en esa manipulación. Ni qué hablar en que como una verdadera fuerza política deberían haber felicitado al contrincante nacional: Unidad Ciudadana. El problema del régimen macrista –un estado sostenido por la tríada poder económico-político-mediático-judicial–, con un comando indelegable y unificado por primera vez en cien años, es que esa oposición es el kirchnerismo, su archienemigo demonizado en la figura desafiante de Cristina Fernández de Kirchner. El régimen macrista explotó la técnica de la posverdad como pocas veces se vio en escena. La desesperación por vender un triunfo que ya sabían que no tenían –nunca admitieron ni María Eugenia Vidal ni Esteban Bullrich que habían ganado– comenzó a desmoronarse hacia las 23 horas, cuando no se podía ya retener el conteo de votos de las zonas donde el kirchnerismo arrasó. Y esa operación de posverdad desesperada, que engarza con mentir a sabiendas para lograr engañar al otro, empañó lo que fue evidente: el macrismo se transformó en estas primarias en la primera minoría política nacional con un comando unificado, con unos 8 millones y medio de votos. Pero también reveló que enfrente se levantó como una muralla –a pesar del fuego demoledor de persecución y estigmatización– la sombra terrible de Cristina como líder de la oposición con unos 6 millones y medio de votos a nivel nacional, quedándose con dos de los territorios más importantes: PBA y Santa Fe. Ni los macristas deberían seguir mintiendo, ni los kirchneristas llorar porque son la segunda minoría efectiva del país. Los problemas del macrismo están en curso: el saqueo, endeudamiento, arrasamiento de derechos sociales –sumado a un indisimulable montaje del un aparato represivo pertinaz que tiene una presa política como Milagro Sala y un desaparecido como Santiago Maldonado– tarde o temprano disipará la nube de la propaganda goebbeliana sobre la cabeza de la gente. El kirchnerismo tiene el problema de la dispersión del comando político. La vasta avenida del medio entró en colisión con lo extremo del momento del capitalismo: se trata de un comando de tareas en estos pagos del capital financiero que busca primarizar y desindustrializar la Argentina arrasando el siglo XX. No se trata, como señaló Jorge Giles en una nota, de terminar con el empleo. Se trata de hacer desaparecer la categoría trabajo. Por tanto, quedan en pie los dos modelos históricos que se enfrentaron desde 1825, cuando fue derrotada la Revolución de Mayo y sus próceres muertos o perseguidos o exiliados, con la era rivadaviana. Dos modelos, la grieta histórica que expresan sin duda Macri y Cristina: el agroexportador financiero; el de desarrollo industrial basado en el mercado interno, integrado nacionalmente y regionalmente, con altos salarios. Un modelo de deuda externa y saqueo donde sobran 20 millones de argentinos o un modelo inclusivo socialmente. Puestos frente a frente, esta batalla política no puede ser vista como una foto. Es la película de la Argentina la que sigue rodándose: desde la Guerra Gaucha hasta los búnker de Costa Salguero donde Macri bailó e hizo que festejaba un triunfo que no tuvo o de Arsenal donde una mujer, entera por cierto, cabal por cierto, esperó hasta la madrugada acompañada no por voluntarios sino por militantes que la operación que intentaba enviarla al exilio fracasara hasta la irrisoria cifra de 0,01 décima con la cual pararon el cómputo de los votos para que no ocurriera en la pantalla lo que ya había ocurrido: ganó la madre de todas las batallas y se prepara desde allí para reunir a los millones que están dispuestos a que no les roben no sólo los bienes sino la historia.
CFK con los candidatos en Tierra del Fuego y Chubut
"Todos sabemos que se ganó”
La ex presidenta recibió en el Instituto Patria a Martín Pérez y Ricardo Fueyo, del Frente Ciudadano y Social de Tierra del Fuego y del Frente para la Victoria de Chubut, respectivamente. Los felicitó por su triunfo en las PASO y volvió a apuntar contra el Gobierno por el recuento en la provincia de Buenos Aires: “No nos quieren devolver los votos”, manifestó.
Cristina Kirchner, candidata a senadora por la provincia de Buenos Aires de Unidad Ciudadana, recibió hoy a postulantes kirchneristas de la Patagonia que fueron los más votados en las PASO de sus distritos. Se trata de Martín Pérez y Ricardo Fueyo, del Frente Ciudadano y Social de Tierra del Fuego y del Frente para la Victoria de Chubut.
Tras expresar sus felicitaciones a Pérez y Fueyo, quienes obtuvieron los primeros lugares en las PASO, por encima de los candidatos de los gobernadores Rosana Bertone (Tierra del Fuego) y Mario Das Neves (Chubut), respectivamente, CFK reiteró sus críticas al Gobierno por las maniobras con el recuento provisorio de los votos de las PASO bonaerenses.
“Todos sabemos que se ganó, pero no nos quieren devolver los votos”, dijo ante la felicitación que recibió de los candidatos. “Que cuenten los votos, como decían en las redes", agregó y señaló que lo vivido el domingo fue una vergüenza y algo "nunca visto desde el '83 a la fecha". "Desde el '73, la primera vez que voté, hasta ahora, es la primera vez que veo una cosa así", remarcó.
Pérez, quien obtuvo el 21,23 por ciento en las PASO frente al 19,46 de Cambiemos, señaló que "sólo el 20 por ciento del electorado convalidó el ajuste", por lo que convocó a "ponerle un freno en el Congreso porque se viene, luego de octubre, un ajuste mayor". En tanto, Fueyo, quien cosechó el 32,95 frente al 26.93 del dasnevismo, alertó que debido al "tarifazo y sin auxilio del Estado nacional, las Pymes han empezado a caerse".
Al respecto, Cristina Kichner hizo hincapié en el impacto de los ajustes y tarifazos en la Patagonia. “En el sur nadie puede quedar sin calefacción porque se muere de frío, nadie puede vivir en la calle”, describió.
Lo que dejaron las PASO. Posibles proyecciones para octubre. Lecturas sobre el caudal electoral de Cambiemos. Algunos números para analizar. Distintos pesos del conjunto opositor. La primera ofensiva en la city y en el Poder Judicial.
Hará tres semanas el sentido común predicaba que las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) serían un perdedero de tiempo, con baja participación. Desde el domingo cunde una sensación inversa: fueron la votación definitiva, la de octubre será un trámite ratificatorio (la escribanía, que se mudó del Congreso al cuarto oscuro).
Se incorporan al debate viejos vocablos, arrumbados por un relativo desuso: “hegemonía”, “reelección” las más resonantes. Los hay interesantes, tanto como para dejarlos para notas futuras.
El contrato (de adhesión) para la lectura de esta columna estipula restringir las simplificaciones, dosificar las profecías en especial las de largo plazo. Y diferenciar la gravitación del (tentativo) 35,90 por ciento que consiguió Cambiemos según de qué se hable.
El porcentual bastó y sobró para conseguir una victoria rotunda con impacto sobre el escenario político actual, la votación de octubre y los próximos dos años. Pero es incorrecta la metonimia que confunde a la parte con el todo, equipara a la primera minoría con la mayoría absoluta y hasta con la síntesis del conjunto social. Cuando menos, debe ser puesta en cuestión.
Se han usado ya los vocablos “según” y “pero”. El contrato de lectura agrega que se repetirán más de una vez, acaso tantas como “aunque”. Y una más, para matizar vaticinios apodícticos: “depende”.
Vamos por orden, empezando con lo corroborado.
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Un largo tercio poderoso: Se ignoran, tal vez hasta fines de la semana entrante, los guarismos exactos de las PASO. La manipulación del escrutinio provisorio en Buenos Aires deja vacante comprobar lo que parece clavado: la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner venció por estrecho margen en la elección de senadores. El Gobierno birla un dato relevante aunque de ningún modo define qué fuerza se quedará con las dos bancas de senadores para la primera minoría y cual con una. Sí da la impresión de estar resuelto que son dos y solo dos las que dirimen: Cambiemos y una de las vertientes del peronismo. Como sucedió en abrumadora mayoría de las provincias.
El politólogo Andrés Malamud resaltó una de tantas evidencias dejadas de lado: ese bipartidismo rigió en casi todos los distritos. Cambiemos y la fragmentada oferta de peronismos salieron primeros o segundos en 23 territorios. Las referencias numéricas generales las hacemos sobre las elecciones para diputados.
Solo en cinco provincias, terceras fuerzas superaron el quince por ciento: Chubut, Neuquén, Salta, Tierra del Fuego, Río Negro. Agreguemos que apenas en la última provincia hubo cuatro competidores por encima de esa valla, más bien baja. El quinteto podría llegar a sexteto si se redondeara a más el 14,78 por ciento que congregó 1País, el partido de Sergio Massa, en Buenos Aires.
Se reprodujo un fenómeno, hijo de la crisis integral de 2001. La coalición que habita la Casa Rosada es la única con implantación nacional. Desde 2005 y hasta 2015 el Frente para la Victoria (FpV) contó con esa herramienta, que pasó a manos de Cambiemos dos años atrás. Bien escribe el politólogo Julio Burdman en Anfibia.com: “La Presidencia es la mejor herramienta de construcción partidaria nacional. El Ejecutivo, dicen algunos sin eufemismos, es el partido político nacional argentino”.
El que gobierna está en posibilidad de imantar adhesiones en toda la Argentina por fuerza gravitatoria. Los partidos provinciales, cuando les va bien, sólo son torazos en su rodeo, se esfuman allende las fronteras. Más allá de leyendas urbanas sobre Ligas de gobernadores, solo se confederan cuando los atrae o tracciona un liderazgo nacional.
Cambiemos se impuso en cuatro de las cinco provincias que gobierna. Goleó en tres, solo en Jujuy disminuyó sensiblemente su caudal. La quinta, Buenos Aires, está en veremos. Y avanzó sobre territorios ajenos, algunos de modo espectacular (Córdoba), otros en menor proporción (Santa Fe). Batió a gobernadores peronistas de todo pelaje (San Luis, La Pampa, Santa Cruz).
A su turno, el kirchnerismo quedó primero en provincias adversarias: Santa Fe, Tierra del Fuego, Chubut, Río Negro. Solo en ésta por un gap que asoma como indescontable dentro de dos meses.
La gravitación del número en una competencia se redondea con los de los adversarios. Cambiemos ganó también (subrayamos “también”) merced a la dispersión de sus adversarios prefijada en el armado de las listas que se potenció porque muchos perdieron “en fila india” a menudo en condición de locales.
Sintonía (fina) inconclusa: En sentido amplio, el veredicto del 13 de agosto asoma como altamente predictivo del resultado de octubre. Nada está escrito en la piedra pero… De cualquier modo, recién dentro de dos meses se dirimirán las bancas en el Congreso nacional y en varias Legislaturas provinciales
Falta un dato clave del domingo, en Buenos Aires. El “apagón” informativo es una vergüenza que pesa en la mochila del Gobierno.
El desempeño de la ex presidenta sigue siendo central en el nuevo contexto. El desenlace está abierto. La gravitación es cualitativa además de cuantitativa: hay en juego mucho más que la tercera banca.
Las proyecciones efectuadas por analistas y medios, incluyendo a PáginaI12, son útiles y orientadoras. Pero los números estrictos y decisivos surgirán de otra compulsa.
Para Diputados el conteo es complejo , merced al sistema D’Hondt. Variaciones pequeñas pueden modificar el reparto en favor o detrimento de alguna de las dos coaliciones o de una tercera. La traslación a bancas debe estudiarse caso por caso: la punta no garantiza, de cajón, más escaños que el segundo. Depende de cuántos se renuevan y de las diferencias entre las listas
Algo semejante aplica al interrogante de “quién ganó” en número de votos en cada provincia.
El cuadro general y los 24 locales cambiarán. La composición del Congreso, la dendeveras, diferirá de la virtual que disponemos ahora. Imposible decir cuánto, anticipemos una hipótesis sensata: más que nada, menos que muuucho. En general…
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El voto migrante: Los precedentes corroboran que hay migraciones de preferencias entre las PASO y las elecciones generales. El padrón se reconfigura, los votantes utilizan el recurso de “moverse” tácticamente. Massa 2013 y María Eugenia Vidal disfrutaron tales mudanzas en 2015, Daniel Scioli las sufrió en la segunda vuelta, ese año.
Las campañas trabajarán para conservar, re-polarizar, debilitar a quienes salieron terceros o más atrás. Tema para otras notas, que dejamos pendiente, de momento.
Aumentar la alta participación (que no fue homogénea en todos los distritos) del domingo no será sencillo, en general. Está muy cerca de los techos históricos.
Es aventurado suponer que quienes no participaron son un conjunto muy diverso al resto del padrón. De ordinario, se corrobora que acostumbran a repetir las tendencias de los demás ciudadanos.
Por imperio del umbral del 1,5 por ciento hay personas que están impedidas de repetir su voto: las boletas del partido que acompañaron no estarán en el cuarto oscuro. En el total general suman 705.969 ciudadanxs , un numerito tan tentador cuan difícil de identificar en las campañas para hacerles “cuerpo a cuerpo”. En Buenos Aires trepan al 4,5 por ciento de los votos emitidos: 359.300 agujas humanas en un pajar. Seducirlos es un desafío, para candidatxs y militantes.
El resto es laburo político para todas y todos. Según el manual, los ganadores atraen, los perdedores son mancha venenosa. Quienes gestionan ejecutivos – gobernadores e intendentes– disponen de más recursos para mover voluntades. En ciertas provincias (Chubut, Neuquén, Tierra del Fuego en especial) el Ejecutivo local quedó segundo por diferencia escasa, conservan probabilidades de remontar. Hay ejemplos de comicios previos que les pueden insuflar esperanzas. Pero el manual reseña asimismo excepciones en el pasado y no garantiza nada.
Bajando más a tierra, los intendentes se valen de astucias o defecciones para preservar sus reductos cuando el referente provincial tiene pinta de perdedor. Lo abandonan, cortan boletas, reparten la propia con la de otros partidos, más taquilleros.
Consultamos a los conocedores de los Conurbanos cuanto mueven la aguja tales manejos. Las interpretaciones son sumamente variadas. Mucho, poquito… en cualquier caso más que nada.
La Matanza no es Perico: La diputada Elisa Carrió quedó a una uña de la mitad de los votos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y se impuso en todas sus comunas. Si se aguza la mirada se disciernen diferencias entre las zonas más opulentas y las más humildes pero la homogeneidad prevalece. La apoyó un espectro poli clasista.
Salvando sensibles diferencias, algo por el estilo se trasunta en las goleadas con más del cincuenta por ciento en Formosa y en Tucumán, una de las provincias más pobladas.
Son, mayormente, excepciones. La traza de las preferencias denota un sesgo social: discierne entre las poblaciones con menores niveles de ingresos y mayores de informalidad versus el resto.
Un componente de clase marca diferencias contundentes entre el Conurbano y el Interior bonaerense. El cómputo global es cabeza a cabeza, en Florencio Varela Cristina se impuso por 49 a 22,6 por ciento. En La Matanza fue 46,7 a 24,5. Son partidos superpoblados, no villorios. Comprenden barrios o ciudades “de clase media” que no alcanzan a compensar a la mayoría.
En el Interior las proporciones se invierten. Traducir si se trata de un voto por motivaciones económicas o por pertenencia de clase es un ejercicio imposible, al menos para este cronista. De todos modos, la estructura social incidió en las decisiones ciudadanas. La variable no es única, todo es multicausal y dialéctico en las viñas del Señor.
Un mapa de la zona núcleo, sojera, revela una primacía mayor de Cambiemos. Los beneficiarios de la quita o supresión de retenciones retribuyen el beneficio. El clientelismo VIP también existe y “garpa”, claro que mencionarlo queda feo.
Distinciones de clase, de territorios se conjugan con las etarias, cuyo quantum, basado en encuestas, es menos preciso y fiable aunque innegable. Los jóvenes acompañan más a UC que los mayores de 60 años.
El monocausalismo “cultural” puesto súbitamente de moda simplifica al mango. No se expresó un vasto acompañamiento a la ideología, el credo o el imaginario (usted elija o combine) del macrismo. Los dos tercios que se inclinaron por otras opciones son, casi unánimemente, opositores cabales. Podrían quedar afuera expresiones díscolas del radicalismo como las que convoca el ex embajador Martín Lousteau en la CABA o Jorge Boasso en Santa Fe. El resto, casi la totalidad, se pronunció contra el Gobierno.
Volvamos a diferenciar la aritmética electoral de la política: no son un colectivo político unido.
Extrememos el punto: muchos también se oponen a CFK férreamente, hoy en día. Quizá voten en defensa propia pero se inclinan por otras banderías. Cambiemos sigue sacándole jugo a la táctica de mostrarse como “opositor a la oposición”, según la simpática frase del periodista Martín Rodríguez.
Nadie es dueño de los dos tercios opositores, Cambiemos posee un capital más sólido y potente.
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Ofensivas y defensas civiles: El triunfo de Cambiemos entusiasmó a la capciosa City porteña que celebró, volviendo a pedalear la bicicleta financiera.
Las ínfulas del ganador acicatearon una maniobra ilegal en el Consejo de la Magistratura para forzar el jury al juez Eduardo Freiler. La tramoya contó con la imprescindible complicidad de la Corte Suprema de Justicia. El oportunismo del presidente Ricardo Lorenzetti no es, ni por asomo, una novedad de esta semanita. Su jugada fue la enésima manifestación de la vocación pro cíclica en materia política del Poder Judicial.
El oficialismo se apresta a retomar ofensivas contra la Procuradora Alejandra Gils Carbó, contra jueces que sentencian con apego al Derecho del trabajo. Las Reformas laboral y jubilatoria, regresivas al mango, se sacan del cajón.
La política económica acaso pase de su etapa autodenominada gradual al shock exigido por las grandes corporaciones empresarias.
La dinámica política desde diciembre de 2015 revela que las tropelías del oficialismo solo encuentran límites en las réplicas de la sociedad civil (mayormente) y, en ocasiones, del Congreso o la oposición política.
Con eficacia y asiduidad, movilizaciones retardaron o mitigaron iniciativas de derecha dura, a menudo ilícitas o inconstitucionales. Pensamos en los tarifazos sin audiencia previa, los amagues de cambios en la legislación laboral, el 2x1 para represores urdido en las sombras del cuarto piso de Tribunales. Hasta la perversa prisión domiciliaria concedida a Milagro Sala fue arrancada por la acción concertada de militancia social, organismos de derechos humanos y agencias internacionales.
El voto es la expresión más acabada de la participación democrática, sin agotar el repertorio. Las movidas en el espacio público signan la etapa de Cambiemos.
Cambiemos avanzó hasta ser una primera minoría consolidada, tal como explicó el sociólogo y consultor Eduardo Fidanza en “La Nación”. Se alzó provisoriamente con, más o menos, los mismos votos que lo auparon a la presidencia en la primera vuelta. No los acrecentó significativamente, al menos en esta ronda electoral, ni se le escaparon. Hablar de un plebiscito ganado es impropio, la integración del Parlamento lo explicita: primera minoría en Diputados, segunda minoría en el Senado. Ambas crecerán en proporción no determinada todavía.
El Gobierno ya apunta a ahondar proyecto y programa. ¿Construirá las mayorías parlamentarias que le permitan concretarlo? ¿Vencerá las resistencias sociales que se le pondrán en la vereda de enfrente? Depende de correlaciones de fuerzas, capacidad de alianzas y cien factores más. Uno preponderante, hoy traspapelado: la capacidad de las vertientes opositoras para reagruparse, generar una alternativa que convoque y sume.
Si el oficialismo avanza en sus objetivos declamados –bajar la informalidad, reducir la pobreza, combatir con éxito el narcotráfico– su porvenir será más promisorio. Si, como tantos pensamos, ahonda la desigualdad, la exclusión y el desmantelamiento del aparato productivo, la tendrá más difícil.
La magnitud del triunfo depende de las cifras reales de la votación de octubre. Al cierre de esta edición, se ignora parte del veredicto del domingo pasado.
Los encuestadores ven una elección dividida entre Cambiemos y Unidad Ciudadana
Un octubre con polarización
Las PASO dejaron fuera de carrera a los partidos chicos y les crearon un escenario complicado a Massa y a Randazzo, porque la tendencia es al “voto útil”, a favor o en contra. Por qué importa el recuento, por chica que sea la diferencia.
Tras el escandaloso recuentro provisorio del domingo pasado, con evidente manipulación de la carga de datos, todas las fuerzas políticas están esperando los resultados del escrutinio definitivo. Quienes están trabajando en el recuento en La Plata, tanto de Unidad Ciudadana, la fuerza que lidera Cristina Fernández de Kirchner, como de Cambiemos, la impresión es que se terminará imponiendo CFK por un punto. Pero al mismo tiempo, las miradas ya se posicionan en lo que viene: las elecciones del 22 de octubre. En ese terreno, los consultores en campañas electorales coinciden en que indudablemente habrá más polarizacion, es decir mayor cantidad de votos para Unidad Ciudadana y para Cambiemos. Los electorados que están en mayor peligro son los de 1País, la fuerza de Sergio Massa, y los de Cumplir, que encabeza Florencio Randazzo. Pero no sólo están en juego esos electorados, sino también los 300.000 que votaron a partidos chicos que no lograron el 1,5 por ciento necesario para entrar a los comicios de octubre. Y también los que no sufragaron el domingo pasado y lo harán en octubre: suele haber más ausentismo en las PASO que en las elecciones generales (ver aparte). En principio, los especialistas en campañas electorales afirman que la elección será pareja, con diferencias chicas a favor de uno u otro. Pero los razonamientos y el análisis abarcan todos los aspectos. PáginaI12 requirió la opinión de siete de los consultores más conocidos.
Hugo Haime, de Haime y Asociados, afirma que “lo primero que habría que saber es quien ganó o si hay empate técnico, es decir mínimas diferencias. Mi opinión es que a mayor diferencia que saque CFK, mayor posibilidad de polarización. Porque se creará más ambiente de drama. Y si ganó el gobierno, la polarización va a existir, pero va a ser menor. Ese es solo un análisis no una aseveración final. Si vamos a la experiencia de 2015 es probable que más gente se sume a votar y, en esa hipótesis, Cambiemos se vería favorecido. Por otra parte los votos de Massa y Randazzo en teoría son los más lábiles. Pero los lábiles de Massa ya se le fueron. En las encuestas previas solo un 20 por ciento de sus votantes potenciales se mostraban dudosos entre Massa y Cambiemos y son los cuatro puntos menos que ya tuvo hace una semana. Tampoco los votantes de Massa son proclives a CFK. En el caso de Randazzo la mitad decía dudar entre Massa y Cumplir y la otra mitad entre Randazzo y CFK. Así que el juego esta abierto y creo que tenemos un electorado fatigado de publicidad, encuestas y politicos, por lo menos unas semanas mas”.
Empate
“Todo indica que Unidad Ciudadana tendrá alguna ventaja sobre Cambiemos en el recuento definitivo –afirma Ricardo Rouvier, de Rouvier y Asociados–. Los estudios señalaron, previo a las PASO, que había puentes entre las fuerzas políticas. Un puente era el de Cambiemos con 1País, y en la medida que se forzara la polarización se iba a producir un tránsito del massismo hacia el oficialismo. La transferencia se ha producido e impidió que 1País alcanzara una mejor posición. Ante la pregunta sobre si volverá o ocurrir; la respuesta es que suponemos que sí, pero eso no abarcaría a la totalidad de los votantes de 1País. Muchos votantes de esa fuerza política no quieren favorecer al oficialismo. El otro puente es entre CFK y Randazzo. Aquí entendemos que puede ocurrir el desplazamiento hacia la ex presidenta, aunque Cumplir defenderá su caudal ante el peligro de ser canibalizado. En este escenario de empate, con diferencias mínimas entre uno y otro, el mayor presentismo entre los votantes sin duda va a incidir en la definición de la elección. Entre los partidos que tuvieron menos del 1,5 por ciento hay varios que están más cerca del kichnerismo que del macrismo. Pero bueno: hay que volver a monitorear la intención de voto”.
Parejo
Para Eduardo Fidanza, de Poliarquía, “en primer lugar, todo indica que la competencia será muy pareja en octubre. En segundo lugar, es muy probable que se acentúe la polarización entre Cambiemos y Unidad Ciudadana. Eso significa, en tercer lugar, que los demás competidores perderán votos en octubre. En el caso de Massa el destino de la fuga será probablemente Cambiemos. Por su parte, Randazzo perderá votos en favor de CFK. En realidad, Massa y Randazzo antes que problemas electorales tienen serios problemas políticos: salieron debilitados de las PASO y ninguno logró sus objetivos, en la búsqueda de mayor protagonismo en la sociedad y en el peronismo. Perdieron poder y territorio. Cristina, a la que no le alcanza su caudal electoral y su armado político para disciplinar al PJ, sí le alcanza para que Massa y Randazzo vean menguadas sus chances por ahora. Luego se verá: la sucesión en el peronismo suele ser un proceso largo y complejo y, muchas veces, inesperado. Véase el caso de Néstor Kirchner.
Respecto de los 300.000 votos de los espacios que debieron abandonar, es difícil hacer un pronóstico. Los partidos chicos suelen ser rígidos y cerrados en sus propuestas. De modo que algunos repartirán votos a desgano entre los principales competidores, pero la mayoría podría engrosar el voto en blanco, que fue relativamente alto en las PASO. Eso favorece la polarización y el virtual empate”.
Artemio López, de Equis, evalúa que “en los años 2011, 2013 y 2015 los electores adicionales a los concurrentes a las PASO votaron al ganador de las PASO en su gran mayoría, por eso resulta tan importante conocer claramente el resultado del domingo, cosa que el actual gobierno esconde, a fin de no asumir su derrota. Lo hace deliberadamente, mediante fraude informativo, postergación sine die y manipulación de datos.
Igualmente se espera una polarización más acentuada que la registrada en las PASO. Esa polarización ya hizo que Massa perdiera siete puntos de votos en los últimos 10 días. En suma, resulta difícil precisar qué rumbo adoptarán los electores de 1País y Cumplir pero seguramente se sumarán a la dinámica de polarización que dominará las elecciones de octubre de manera aún más plena que en las PASO. Con respecto a los partidos que no lograron superar el umbral del 1,5 por ciento, es muy probable que liberen un electorado con mayor afinidad con las opciones de centro izquierda, por lo que es potencialmente un flujo de votos que tomaría opción dominante por el FIT que seguramente crecerá entre 1,5 y 2 puntos su acumulado en las PASO . Para mi, estamos ante un final abierto”.
Comparaciones
Roberto Bacman, a la cabeza del Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP) sostiene que “como punto de partida hay que recurrir a la política electoral comparada, detectando los movimientos que existieron en las PASO anteriores, especialmente en las únicas primarias legislativas de medio término, realizadas en octubre de 2013. La mayor fidelidad y ganancia de votos se produce en los dos partidos más votados, con mayor intensidad en aquel que más votos logró obtener en las primarias. Así fue en 2013: Sergio Massa se impuso con casi el 35 por ciento en las PASO, creció al 44 por ciento en las generales. Martín Insaurralde, candidato Frente para la Victoria, también creció, pero terminó perdiendo. El tránsito de las PASO a las generales convirtió a Massa en el gran ganador. ¿Dónde se originaron las ganancias de ambos? Fundamentalmente de Francisco De Narváez. El resto de las ganancias provino de los partidos o frentes que no superaron la barrera del 1,5 por ciento; también de una parte de los que votaron en blanco y de una participación mayor de electores, que terminó dos puntos porcentuales más que las primarias de aquel 2013. 1País y el Frente Justicialista Cumplir son los que más esfuerzos deberán realizar para retener sus votantes de las primarias. La avenida del medio, aquella que se nutre sustancialmente de votantes pragmáticos e independientes, tendió a angostarse. ¿Lograrán sostener a estos independientes? ¿Qué les propondrán para sostenerlos?”.
Envión
Analía Del Franco, a la cabeza de Del Franco Consultores, sostiene que “al votante de Unidad Ciudadana, compuesto preferentemente por lo que llamamos voto duro no se lo percibe decepcionado porque está en actitud de lucha y porque es altamente probable que al final del escrutinio definitivo se imponga CFK. El votante de Cumplir, probablemente con menor nivel de expectativas que el resto en relación al desempeño electoral, es un voto más racional no lo caracteriza hoy la decepción, porque también es voto duro. Los votantes de 1Pais, en cambio, son los más proclives a la decepción, debido a la alta expectativa que se generó en la campaña entre sus simpatizantes. Esto hace que haya más riesgo para su fidelización por parte de Masssa-Stolbizer. Unidad Ciudadana y Cambiemos, llamarán a un voto útil a partir de la polarización, las otras fuerzas probablemente convocaran a construir un Congreso y Legislatura variopintas, multicolor, recordando que se trata de elecciones de medio término y no presidencial. En este sentido y a pesar que el escrutinio definitivo otorgue el triunfo a Unidad Ciudadana va a pesar el envión del efecto sorpresa de un oficialismo activo y relativamente triunfante en la provincia considerada la madre de todas las batallas”.
Tercios
Raúl Timerman, del Grupo de Opinión Pública, señala que “de los resultados de las PASO, mi conclusión es que un tercio votó a Cambiemos por miedo a que vuelva Cristina, un tercio votó a Cristina creyendo que había que parar al gobierno y el último tercio votó en busca de una nueva alternativa. Para octubre, tanto Cambiemos como Cristina van a reclamar a los electores que emitan un voto útil. La verdad es que en elecciones legislativas el único voto útil es el de votar al candidato que a uno más le gusta. Sin embargo, un escenario de mayor polarización es posible. Desde un punto de vista conceptual, sabemos que los votos propios de Cristina ya se expresaron, y los que no la votaron ahora tienen resistencia a hacerlo en octubre. Cuando desde el GOP preguntamos a qué candidatos nunca votaría, los que votaron a Massa en 2015 dicen en un 67 por ciento que a Cristina y apenas un 26 por ciento a Macri. Pasa algo muy similar entre los votantes de Margarita Stolbizer, el 63 por ciento nunca votaría a Cristina y el 22 por ciento nunca votaría a Macri. De los votantes a Randazzo no tenemos una caracterización. Conceptualmente es gente que voto a Scioli y que muy posiblemente vuelva a votar peronismo, o sea a Cristina. Por último, quedan los que no votaron en las PASO y que quizás, tal como sucedió en 2015, una parte vote en esta elección. En 2015 dos tercios de estos nuevos votantes votaron a Macri. En cuanto a la proyección para octubre, considero que entre Cambiemos y Cristina no habrá más de 4 puntos de distancia, aunque Esteban Bullrich tiene más chances que Cristina de aumentar su caudal de votos. En realidad, ambos ya ganaron porque obtuvieron lo que fueron a buscar: Cristina, la revalidación de su liderazgo opositor y Cambiemos, el respaldo para seguir y proyectarse. El peronismo tendrá que solucionar la paradoja: con Cristina no puede aspirar a ganar en el 2019. Sin Cristina tampoco”.
Un fantasma recorre la Provincia de Buenos Aires y algunos dicen que amenaza con ser decisivo en las elecciones de octubre. Ese fantasma son los votantes que no fueron a votar el domingo pasado y que, según los cálculos que se esbozan, van a votar en octubre. El argumento es que siempre hay menos votantes en las PASO que cuando se hace la elección en la que realmente se definen los cargos, en este caso la del 22 de octubre. Sin embargo, los datos demuestran que el fantasma no es tan grande como se cree: el domingo pasado votó el 77 por ciento del padrón y en la elección decisiva de 2015 votó el 80,48. Siguiendo cierta lógica– sólo hay aproximadamente un 3 por ciento que se podría agregar. Si se compara este proceso con el de 2015 los números son los siguientes:
En las PASO de 2015, cuando se elegían candidaturas, se presentaron a las urnas en la Provincia de Buenos Aires el 72,37 por ciento del padrón electoral. Esas PASO se hicieron el 9 de agosto de aquel año.
En la elección general, cuando ya se disputaron realmente la presidencia de la Nación, la gobernación bonaerense y todos los cargos de diputados, la concurrencia al padrón fue del 80,48 por ciento del padrón electoral. La elección fue el 25 de octubre de 2015 y definió que, para presidente, la resolución se iba a dar en un ballotage, que fue el que ganó Mauricio Macri en noviembre.
El domingo pasado, el presentismo fue alto, más alto que el de hace dos años. Se presentó a sufragar el 77 por ciento del padrón electoral según consta en el manipulado escrutinio provisorio emitido por el Poder Ejecutivo después de la votación.
La mayoría de los especialistas –y la experiencia en los años de democracia– indica que suele haber más presentismo en elecciones presidenciales que en las de medio término, donde se eligen diputados y senadores. En el caso de la elección de 2015 estaba además en las PASO la picante competencia entre Aníbal Fernández y Julián Dominguez y luego en la elección general el dramático choque entre María Eugenia Vidal y Aníbal Fernández por la gobernación y la presidencia entre Macri y Daniel Scioli.
Es decir que la lógica indica que debía haber más concurrencia en 2015 porque se ponía más en juego, sobre todo el máximo cargo del país. Sin embargo, los números demuestran que, tal vez, la presencia de Cristina Fernández de Kirchner como candidata produce un fuerte efecto, crea una especie de competencia dramática, similar a la de hace dos años. Se podría decir que se produjo un adelanto de la tensión político-electoral y que ese efecto llevó más gente a las urnas.
Por lo tanto, gran parte del impacto ya se produjo el domingo pasado con el alto número en presentismo, por lo cual es muy difícil que en octubre aumente sustancialmente la cantidad de votantes. Tal vez se llegue a superar el 80 por ciento, pero no más. Sólo en las primeras elecciones de la democracia, en 1983 y 1985, y luego en la presidencial de 1989 se superó en forma clara el 80 por ciento. O sea que la lógica indica que el agregado a los votantes del domingo pasado (el 77 por ciento) sólo será de tres o cuatro puntos.
Una de las especulaciones es que los que menos van a votar son los que respaldan a Cambiemos y a 1País, porque no tienen tanto interés político ni pasión como los que respaldan a Cristina y a Unidad Ciudadana. Sin embargo, ese diagnóstico quedó desmentido el domingo. En los lugares de menores recursos el presentismo fue igual que en los distritos más ricos. En José C. Paz, por ejemplo, y en San Isidro, la concurrencia fue del 76 por ciento.
Por supuesto que en una situación de paridad son importantes los tres o cuatro puntos de ciudadanos que no fueron a votar el domingo e irán en octubre. Pero no se trata de una montaña de votos ni tienen una orientación marcada. Tendrán posiblemente la misma relevancia que los 300.000 votos que fueron a partidos, principalmente de izquierda, que no llegaron al 1,5 por ciento del padrón y quedaron afuera en octubre. Por supuesto, está la presión del voto útil sobre las terceras y cuartas fuerzas para que voten al candidato tal para que no gane el candidato tal otro. Cuando se termine el escrutinio definitivo seguramente se empezarán a esbozar las estrategias para ver dónde se consiguen los votos para ganar.
Versiones extraoficiales ya dan por hecho el triunfo de Cristina Kirchner en la provincia
Un escrutinio con final anunciado
El resultado definitivo de las PASO bonaerenses recién se conocerá entre miércoles y jueves de la semana que viene. Pero versiones extraoficiales, incluso del propio Cambiemos, ya reconocen el triunfo de la ex presidenta.
Cristina Kirchner, candidata de Unidad Ciudadana, se perfila como triunfadora en el escrutinio. Imagen: DyN
Los bonaerenses deberán esperar unos días más para conocer los resultados de las primarias si el recuento definitivo continúa al ritmo que lleva hasta ahora, confirmaron ayer fuentes de la justicia electoral de la provincia de Buenos Aires y el apoderado del PJ, Jorge Landau. Si bien los números oficiales recién se conocerán cuando el escrutinio se haya completado, extraoficialmente ya todas las partes en pugna conceden que Cristina Fernández de Kirchner fue la candidata a senadora más votada del distrito. La incógnita, que se resolverá la semana que viene, es el margen por el que, finalmente, se impuso la ex presidenta.
El conteo de votos continúa en La Plata, donde ayer se concluyó con el escrutinio de La Matanza. Se espera que esta mañana, cuando se terminen de abrir las urnas de Quilmes, se concluya con la tercera sección electoral, según explicó ayer Landau. “Arrancarán luego la cuarta, quinta y sexta secciones electorales, y el domingo a la tarde se cerrará el escrutinio en el recinto del Teatro Argentino, de La Plata, es decir, la parte gruesa.”
Una vez que concluya ese trámite, agregó el abogado del peronismo, que en esta elección actúa como asesor de Unidad Ciudadana, se dará a conocer el resultado definitivo.
“El lunes y el martes seguirán en el Juzgado con la parte fina, que es confrontar la documentación de las mesas no conformadas en el Teatro Argentino –precisó Landau–. Luego vendrá el balance de las mesas y, sólo entonces, entregaran los certificados con los resultados”. En el mismo sentido, el prosecretario electoral bonaerense, Leandro Luppi, aseguró que los resultados definitivos “estarán listos para el miércoles o jueves que viene”. El funcionario judicial detalló el proceso que se llevará a cabo antes de que se publiquen los números finales: “Después de lo que se hace en el recinto, hay un proceso de carga y verificación que lleva algunas horas. Luego, se analizan los pedidos de impugnación que realicen los partidos políticos y se resuelve en unos días”, especificó.
Tanto Landau como Luppi aclararon que no se conocen ni se darán a conocer resultados parciales. “Porque están en proceso de verificación y grabado en el sistema, así que el resultado se dará de forma conjunta del total de la provincia, las secciones y los municipios”, explicó el prosecretario electoral. “No hay ningún resultado oficial ni parcial ni total. Solo conjeturas y operaciones de prensa”, abundó el apoderado del peronismo. De todas formas, extraoficialmente se descuenta que Cristina Kirchner se impondrá por varios miles de votos. Landau se animó incluso a ponerlo por escrito: “Las cifras del triunfo de la Unidad Ciudadana sólo se conocerán la semana próxima”, dijo.
El escrutinio definitivo se lleva adelante desde el miércoles 16 de agosto en el Teatro Argentino de La Plata con la presencia de unos 400 fiscales partidarios y empleados de la justicia electoral. El procedimiento está a cargo del juez Juan Manuel Culotta, titular del Juzgado Federal número 1 de La Plata, bajo la lupa debido a que es ex alumno del Cardenal Newman, el mismo colegio al que asistió el presidente Mauricio Macri y varios funcionarios. El escrutinio definitivo deberá estar resuelto a más tardar el sábado 2 de setiembre, cuando finaliza el plazo para que se registren los candidatos proclamados en las PASO para competir en los comicios del 22 de octubre.
Mientras tanto, otros distritos menos numerosos completaron ayer sus escrutinios definitivos y publicaron los resultados oficiales. En Córdoba se confirmó el amplio triunfo a Cambiemos, que entre sus dos listas sumó 875.908 votos, mientras que en segundo lugar se ubicó el oficialismo provincial de Unión por Córdoba, referenciado en el gobernador Juan Schiaretti y el ex mandatario José De la Sota, con 563.622 sufragios. El Frente Córdoba Ciudadana, representante del kirchnerismo, sumó 195.077 votos y quedó en tercer lugar.
En Chubut, el escrutinio definitivo confirmó que el Frente para la Victoria fue el espacio político más votado con 98.059 sufragios, seguido por la alianza oficialista Chubut para Todos, impulsada por el gobernador Mario Das Neves, que sumó 80.221 sufragios. En tercer lugar quedó Cambiemos con 76.361 votos.
El Gobierno de Macri, Vidal Y Bullrich sigue con su operación de maquillaje y manipulación.
Primero nos quisieron hacer creer una mentira: que habían ganado.
Luego que “empataron”: como si en política existiera el empate, como si fuera un partido de fútbol.
Hace un par de días que perdieron “por poco, por muy poco”.
Y ayer, finalmente, que hemos ganado “por un puñado de votos”.
Una expresión despreciativa, dicha para desvirtuar el valor del voto y de la democracia.
Por un puñado de votos podemos tener senadorxs y diputadxs para defender y frenar el ajuste, o para imponerlo y agravarlo.
Un puñado de votos no es un tema menor. Es la diferencia entre un Gobierno que puede mentir y avasallar para imponer su dureza, o una Oposición que puede unir a la mayoría para frenar el ajuste.
Ese puñado de votos es la oportunidad que tienen hoy dos de cada tres argentinxs que le dijeron NO a Macri.
Ese puñado de votos es la esperanza de la mayoría.
Ese puñado de votos es lo que puede impedir que este Gobierno aplique su ajuste cruel, insensible e injusto.
Ese puñado de votos es la democracia misma.
Ese puñado de votos es nuestra oportunidad para que la mayoría social y electoral sea también una mayoría política e institucional.
Ese puñado de votos te permite cambiar de rumbo económico y político. ¿Vas a dejar que lo desprecien?
Votá en octubre para que respeten ese puñado de votos.
Votá en octubre para que ese puñado de votos aumente y sea la defensa más firme de tus derechos.
Cristina Fernández de Kirchner tuvo que esperar casi tres semanas para celebrar una victoria por la mínima. La noche electoral de las primarias del pasado 13 de agosto, una de las más extrañas que se recuerdan en Argentina, el recuento se paró cuando en la provincia de Buenos Aires, el distrito clave, se había llegado al 95%. Kirchner perdía por 7.000 votos frente a Esteban Bullrich, el candidato de Mauricio Macri, un exministro de Educación de bajo perfil y con algunas meteduras de pata en la campaña. Los macristas montaron una fiesta como si hubieran ganado y la mayoría de los argentinos se fueron a la cama convencidos de que la expresidenta había sido derrotada definitivamente. Pero el recuento final, que tardó casi tres semanas, confirmó lo que decían los kirchneristas esa noche: que se habían dejado para el final las mesas más favorables a ellos y finalmente ganaron. Pero lo hicieron por solo 20.324 votos, según la agencia oficial Telam. Una escasa diferencia del 0,21%.
Sería un golpe duro para alguien que la última vez que se presentó, en 2011, ganó con el 54% en todo el país y ahora apenas ha logrado un 33,95% en Buenos Aires. Los suyos por el contrario señalan que es heroico haber logrado ese resultado con todo en contra, con muy pocos medios frente a un Gobierno con todo el poder y con un fuerte rechazo en los medios de comunicación más importantes del país.
En estos dos años los escándalos de corrupción en miembros de su último Gobierno o empresarios cercanos han sido una constante y la justicia investiga a toda su familia. Ella de hecho está citada como imputada dos semanas después de las elecciones. Pese al deterioro de su imagen en una buena parte de la sociedad, ella ha demostrado que conserva un voto fiel en Buenos Aires, especialmente en el empobrecido conurbano.
Lo cierto es que la expresidenta esperaba un resultado mejor. Los suyos insisten en que "ganar es ganar, aunque sea por un voto" pero también saben que lo importante es vencer en octubre, y para lograrlo necesitaban partir de una ventaja cómoda en las primarias.
En los días anteriores a las elecciones algunas encuestas apuntaban que ella podía ganar por cinco, siete o incluso 10 puntos de diferencia sobre Bullrich. Otro dato oficial conocido con el recuento definitivo marca esa frustración que se vive en una parte de los kirchneristas: en las primarias para diputados, que también se votaban el mismo día -la primera de la lista no era ella, sino una apenas conocida Fernanda Vallejos- los kirchneristas perdieron de manera muy clara en Buenos Aires: casi 180.000 votos de diferencia a favor de la candidata de Macri, Graciela Ocaña.
La expresidenta es consciente en cualquier caso de que en estas elecciones se juega la posibilidad de ser la líder de la oposición y tratar de colocarse para volver al poder en 2019 como está intentando hacer Lula en Brasil, si como ella cree la crisis económica devora la imagen de Macri. Por eso en el mes y medio que queda de campaña tratará de recuperar todo el espacio posible para confirmar esta victoria por la mínima el 22 de octubre. Entonces sí que vale un voto más, porque se reparten tres senadores y el que gane tendrá dos.
Es una batalla simbólica, en realidad Macri seguirá conservando el poder y si las cosas van en el resto del país como en las primarias lo consolidará, pero una victoria en Buenos Aires le serviría a ella para consolidarse como jefa de la oposición. Una derrota alentaría la batalla interna en el peronismo para sacarla de esa posición.
La expresidenta está dando un vuelco radical en su estrategia para recuperar el poder, y eso incluye contactos con la prensa que antes había abandonado y la posiblidad de conceder entrevistas. Su campaña arranca de nuevo mañana, con un acto en La Plata, su ciudad, para poder tener el baño de multitudes que esa extraña noche electoral le había arrebatado.
Juan Zabaleta explicó que los vecinos de ese distrito se expresaron en las primarias en contra del ajuste de Macri y que la opción más votada fue Unidad Ciudadana. Su salida de Cumplir debilita aún más al ex ministro de Transporte.
El intendente de Hurlingham, Juan Zabaleta, anunció su alejamiento del espacio de Florencio Randazzo y convocó a votar a Cristina Fernández de Kirchner. “Escuchamos a los vecinos que se expresaron en las PASO. Se manifestaron contra las políticas de ajuste del gobierno y la opción más votada fue Unidad Ciudadana”. Zabaleta era uno de los pilares de Cumplir y su decisión deja en una situación de mayor debilidad política al ex ministro de Transporte, a quien partir de su pobre desempeño en las primarias se le hace cada vez más difícil retener a los dirigentes que lo acompañaron en su armado electoral.
Con el anuncio de hoy, Zabaleta concreta una decisión que venía madurando desde que su ahora ex líder en Cumplir quedó lejos de las expectativas en las elecciones primarias de agosto. En esos comicios, Randazzo obtuvo el 4,6 por ciento de los votos y quedó en el cuarto lugar, sin chances de llegar a la Cámara alta.
En los últimos días, el intendente de Hurlingham había evitado mostrarse con los referentes de Cumplir. La última nota fue su faltazo a la cumbre convocada por ese espacio político y el portazo final fue esta mañana, cuando se mostró con sus pares de Malvinas Argentinas, Leonardo Nardini, y de Merlo, Gustavo Menéndez, que apoyan a Unidad Ciudadana.
De hecho, Menéndez fue el anfitrión del encuentro que Cristina Kirchner mantuvo con los intendentes de la primera sección electoral para pulir la estrategia de cara a octubre. En ese encuentro se planteó el objetivo de salir a la búsqueda de los votos de quienes apoyaron a las fuerzas minoritarias, entre ellas Cumplir y 1País.
Los tres jefes comunales participaron de la presentación de un sistema de alarma vecinal que funciona en Hurlingham. Fue desde allí que Zabaleta tuiteó: “Le propongo a todos los vecinos que acompañen a los candidatos de Unidad Ciudadana en las elecciones de octubre”. Explicó a llegó a esa conclusión luego de haber “escuchado a los vecinos que se expresaron en las PASO”.
“Se manifestaron contra las políticas de ajuste de este gobierno, y la opción más votada fue Unidad ciudadana”, agregó y concluyó con una frase en la que combinó una explicación de su apoyo a la fuerza que lidera CFK y una despedida al ex ministro de Transportes: “Todas nuestras acciones fueron siempre y serán para defender los intereses de nuestra gente.”
El alejamiento de Zabaleta es tal vez uno de los más resonantes que sufre Randazzo por tratarse de uno de los primeros jefes comunales que lo apoyó en su quimera de ser senador nacional por Buenos Aires. Pero la sangría es más extensa. Horacio Calafell, segundo precandidato a concejal de Quilmes más votado en la interna del Frente Justicialista, anunció su retiro de la lista de Cumplir y su apoyo a Unidad Ciudadana. En términos cuantitativos, el impacto sería una mudanza de 7 mil votos, que son los que Calafell obtuvo en agosto.
Días atrás, Ricardo Choffi, candidato a concejal por el randazzismo en Escobar, expresó su apoyo a Unidad Ciudadana. No fue el único, porque en la lista de su principal competidor en la interna de Cumplir, Germán Maldonado, también hubo renuncias. Allí, el bombero Carlos Toledo, una de las figuras de esa nómina, también expresó su apoyo la candidatura de la ex presidenta.