El misterio de la pareja y el amor de Cristo por su iglesia.
Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?
Con esta afirmación Jesús revela que la unidad de la esencia divina abarca en sí misma el género masculino y también el femenino. No quiere decir que el Padre celestial sea andrógino, ni que lo hayan sido sus primeros hijos, sino que Dios expresa su multiforme sabiduría manifestándola en su creación y en sus criaturas.
El 99% de las estrellas en realidad son sistemas dobles conformados por dos estrellas que se acompañan; como ocurre con el sol y Júpiter que consolidan de manera especial nuestro sistema planetario.
Asimismo la pareja humana es un propósito muy alto del Creador, que se manifiesta mediante leyes extraordinarias, porque el objetivo de la creación es la felicidad de las familias.
Jesús revela sobre estos asuntos cuando declara que el matrimonio entre Él y su iglesia es un pacto eterno basado en el amor, la fidelidad, y la justicia, con las que su pueblo gobernará el universo.
Como el amor es la fuerza más poderosa de la creación, mediante la pareja se perfecciona el amor mismo, como ocurre entre el amante y su amada, y entre el creador y su creación.
Dios perfecciona su infinito amor cuando le concede a sus criaturas la gloria de la existencia; y a la vez, sus hijos se perfeccionan con el amor. Es decir que el amor entre los esposos es una impronta, o una huella perfecta del misterio que se revela en el amor de Cristo por su iglesia.
El amor perfecto se resume en el amor a Dios, el amor al prójimo, y con unidad en ellos, en un mismo Espíritu, el amor a sí mismo, es decir en comunión con el Padre y con todos los hijos de Dios. Y en cuanto a los esposos, “no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”.
Una sola carne no se refiere únicamente al acto sexual mediante el cual realizan un misterio grande que aún no está totalmente esclarecido; aunque Pablo dice: “¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne”. Pero en sentido metafórico indica que los esposos integran un mismo propósito, y que están unidos para alcanzarlo bajo el vínculo perfecto del amor; y por esto mismo “el que se une al Señor, un espíritu es con Él”.