Verdaderamente amor, sin palabrería, sin vacilaciones, sin malentendidos que puedan hacer llorar hasta a los cactus del desierto; sinceramente amor, el misterio de las palabras encendidas y de los gestos que preceden a los besos y a las caricias que no hablan, pero que lo dicen todo y mucho más; completamente amor, a borbotones, a mordiscos que arden como una lumbre, a patadas que derriban promesas de ayer, de anteayer y hasta de hoy; solamente amor, dejándose llevar por el deseo, ese que va muriendo sin advertirlo siquiera, y sólo va quedando el cariño, la ternura de ahora, y adiós amor y hasta siempre -o nunca- que viene a ser lo mismo; simplemente amor... |