la vida de Susana merece que siga siendo Luz, es un ejemplo de lo que el Señor puede hacer con sus hijos, un ejemplo de la importancia de cada eslabón de la cadena, aunque este eslabón no conozca el final ni el destino de la cadena, sin él, sin ella, quizás no se habría conseguido el objetivo.
Susana era la hija mayor de 25 hermanos , lo que significa hacer de madre antes de dar a luz, cualquier mujer con hermanos sabe lo que digo. Ser madre, ser maestra, guía espiritual, enfermera, consejera, cocinera, costurera y todo ello con la garantía del aprendizaje natural, aquél que dice que los niños no aprenden, sino que imitan.
En una ocasión su hijo Juan Wesley le pidió que escribiera su método de criar educando hijos ella se mostró renuente a hacerlo y es que decía “ninguno puede seguir mi método si no renuncia al mundo en el sentido más literal, hay pocos, si es que los hay, que consagrarían 20 años del primor de su vida con la esperanza de salvar las almas de sus hijos”.
Susana tenía una escuela doméstica, con tantos hijos parecería lo mas natural y rentable a esta joven mujer, en esta escuela enseñaba seis horas diarias a sus hijos y eso durante 20 años, evidentemente logró que sus hijos fueran cultos, les dió un método para organizar su vida, unas prioridades y unos valores por los que dirigirse, y todo ello basado en la Palabra de Dios. Les inculco obediencia y respeto a sus padres desde muy pequeños, le enseñó a llorar despacio y a beber y comer solo lo que les era dado. Cada tarde a las seis,oración familiar y a las seis y media cena. A las ocho a la cama, antes había una hora de reposados juegos tras la cena.
“la sabiduría es justificada por sus hijos.”(Mt. 11:19)
El texto básico de la Escuela Wesley era la Biblia pero además Susana escribió tres libros para ocuparlos en su escuela: A Manual of Natural Theory (Un manual de teoría natural), An Exposition of the Apostles’ Creed (Una explicación del credo apostólico) y An Exposition of the Ten Commandments (Una explicación de los diez mandamientos).
Susana era la figura prominente en la crianza de los hijos en el hogar de los Wesley. Su educación, dones de organizar y firme personalidad, junto con el hecho que el padre ,Samuel, era un hombre muy ocupado en otras cosas, pusieron a Susana al frente de las cosas hogareñas. Con la palabra de Dios como Norma procuró para su hogar y para la vida de sus hijos:
Una vida ordenada y programada.
Susana en su afan de educar a cada uno según sus talentos organizaba lo que un psiquiatra hoy llamaría un plan individualizado de desarrollo (PID) así estableció una dieta horaria, horas de dormir, de comer, de levantarse, de estudio, de descanso, ya desde que eran bebés de pecho tenían su horario, así les grababa la necesidad de cumplir tiempos y objetivos, les inculcaba hábitos. Ella dedicó tal esfuerzo en esto que el bebé se dormía a la hora deseada: sin llorar o pelear. Igualmente, se aplicó este principio al tiempo para alimentar al bebé.
En términos freudianos ya desde pequeño les enseño a vivir según el principio de la realidad, no del deseo. Todo fue puntual: las oraciones, el desayuno, la escuela, tiempos de quietud, el descansar, el culto familiar, etc.; todo según el reloj. Cada día buscaba un tiempo para meditar sobre el Señor en los asuntos del día . Cada día separaba a un hijo para tener comunión con él ,el contenido de ese tiempo estaba en relación con las necesidades de individualización y comunión del hijo o de la hija. Cada día ponía un hermano que supiera leer con otro que estuviera aprendiendo con la Biblia como texto,el mayor aprendía enseñando. Y siempre así. Y si por cualquier causa se interrumpía la rutina ( en dos ocasiones se incendió el hogar, y también ocurrieron desgracias fatales), se atedian las desgracias y a la mínima situación de estabilidad se reiniciaba la rutina, esto generaba seguridad en la familia de los Wesley seguridad en el método. Todo padre y madre saben cuán importante es la seguridad para el crecimiento en todos los sentidos y no solo para los niños, también para los negocios y en la vida de relación.
Susana sabía que si un hijo no aprendía a controlar sus apetitos, los mismos lo controlarían a él, posiblemente para el resto de su vida. A razón de esto, hizo estrictas reglas en cuanto al comer. Estableció un orden en los tipos de alimentos según las edades de sus hijos para que pronto todos comieran de la misma cocina, sin hacer platos a gusto ni a disgusto. Incluso los dulces tenían su momento y su sentido, no eran para cualquier momento ni para cualquier día.
El hogar es calma y seguridad par la familia
El hogar de los Wesley era un tanto atípico pues para tener mas de 19 hijos y los sirvientes no era un hogar ruidoso,y eso se debía a la máxima de que un hogar en orden generaba calma en sus moradores, pero para eso Susana no olvidaba un refrán que dice; “Siempre hablando, nunca aprendiendo.” así que enseñarles a escuchar era elemental, recuerdo unos misioneros americanos que cuando disciplinaban a su hijo se agachaban hasta hablarles al oído tan bajito que nunca sabía que les había dicho, en una ocasión les pregunté porqué les regañaban en voz casi silenciosa, me citaron a Susana Wesley y explicaron que dado que los niños son curiosos por naturaleza, callan y prestan toda su atención si no se enteran de lo que dicen sus padres. Susana Wesley tenía la meta de que al año los niños tenían que llorar sin aspavientos y sin levantar la voz. De igual modo, los niños fueron enseñados a estar quietos durante las oraciones familiares, y así dar una señal de bendición al final de éstas, en vez de estar hablando. No olvidemos lo que comentábamos al principio del articulo “que los niños no aprenden sino que imitan”
Fortalecer la voluntad
La voluntad es como un músculo, cuanto más la ejercitas mas fuerza tendrá y Susana buscaba la complicidad del niño en su afán de dominar las cosas para asociarla a la suya y así cuidar de él hasta entregarlo a Dios “ Este es el único, fuerte y razonable cimiento de una educación, sin la cual, ni precepto ni ejemplo tendrá efectos.”
La voluntad del hombre es el centro de su vida espiritual. Si no la rinde a sus padres, le será mucho más difícil rendirla a Dios, y, todo entrenamiento en cuanto a la vida doméstica y a la vida espiritual será frustrado. Entonces, este principio es de suma importancia; hay que adquirirlo lo antes posible.
La repetición de buenas acciones crea buenos hábitos. Así, tener tales acciones programadas en buen orden, diariamente, es de tremenda ayuda. Según el libro de Eclesiastés (capítulo 3), todo tiene su tiempo. En una vida hogareña bien ordenada, hay tiempo para que cada hijo lea la Biblia, limpie su cuarto, ayude en la compra, juegue con sus amigos. Así, un niño crecerá cumpliendo tales quehaceres, sin pensar que lo mismo es anormal.