Reír como remedio
La risa ayuda también a combatir el dolor, por lo que se le atribuyen efectos anestésicos. Las sustancias hormonales que se liberan cuando reímos provocan una especie de estado de euforia y además, atenúan las sensaciones de dolor. Es por esto que la risa aumenta el umbral de tolerancia al sufrimiento.
Otros estudios han demostrado que la risa también influye en nuestro sistema inmunológico, aumentando el nivel de anticuerpos y por ende dejándonos menos expuestos a enfermedades, infecciones y virus. El sentido del humor y la risa contribuyen además a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, en especial los infartos. Y a nivel más cotidiano, el reírse regularmente ayuda sustancialmente a evitar y reducir el estrés, las tensiones, la depresión, la angustia y otras afecciones de orden psicológico.
El efecto social de la risa
Reírse también contribuye a mejorar la vida social de las personas. Está demostrado que el reír genera un efecto de atracción e interés por parte de las demás personas hacia quien está riendo, por lo que la risa funciona como un verdadero imán, atrayendo personas y formando vínculos sociales. Una persona alegre, que se ríe regularmente, atraerá a otras personas alegres.
Además, es fundamental que nos riamos de nosotros mismos, ya que esto nos recuerda que no somos perfectos y que por ende, no debemos autoexigirnos desmesuradamente, ni criticarnos o castigarnos tan severamente cuando algo no nos sale bien.
No hay una forma adecuada de reírse, algunos lo hacen escandalosamente y otros de forma más tímida. ¿Sabías que nos reímos en promedio 1 minuto por día y que lo recomendado es reírse en total 10 minutos al día? Ya lo sabes, si buscas siempre encontrarás de qué reírte, aunque sea de ti mismo, así que ¡a reírse más!