Cuántas cosas quise ser y no fui,
cuántas quise sentir y no sentí,
cuántas deseé amar y no amé,
cuántas perdonar y no perdoné,
cuántas olvidar y no olvidé,
y todo lo que ya es imposible de cambiar
subyace en mi interior,
como el caudal de un río que transcurre
con sus aguas y meandros recordándomelo,
en los momentos de reflexión…
Y que me impiden –en ese balance de la vida-,
no hallar aún esa paz interna,
de la que tanto anhelo apreciar y ver su belleza
reflejada para siempre, latiendo conmigo.