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REDES: EL CEREBRO TIENE SEXO
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De: ESKARLATA  (Missatge original) Enviat: 16/06/2009 15:00

REDES– 434

El cerebro tiene sexo Louann Brizendine

 

 Bloque 1

Eduard Punset:

La gente dice que la realidad neurológica de las mujeres las hace más variables, más temperamentales, con más cambios de humor que los hombres. ¿Es verdad? ¿O es simplemente una idea errónea?

Louann Brizendine:

A veces es importante recordar que todos empezamos, en el momento de la concepción, hasta las 8 semanas de vida fetal, con circuitos cerebrales de tipo femenino, aunque las mujeres tengan, genéticamente, cromosomas sexuales XX, y los hombres XY… genéticamente somos distintos, pero los circuitos cerebrales son los mismos hasta las 8 semanas de vida fetal, cuando los diminutos testículos del feto masculino empiezan a liberar enormes cantidades de testosterona, que «impregnan» los circuitos cerebrales con testosterona, y los transforman del tipo femenino al tipo masculino. De esta manera, por ejemplo, el centro cerebral que denominamos técnicamente la zona del «impulso sexual» dobla su tamaño en el cerebro masculino y, por supuesto, cuando nacemos todos tenemos o bien circuitos masculinos o bien circuitos femeninos, lo que significa que ciertas zonas del cerebro masculino son más grandes. Como el cerebro femenino no se ha visto expuesto a tanta testosterona, las niñas nacen con circuitos femeninos en los que algunas zonas son más grandes, y otras más pequeñas que en el cerebro masculino.

Eduard Punset:

Ya veremos de qué zonas se trata. Pero es fantástico pensar que, como dices, todos los fetos, todos los embriones, son al principio femeninos, a no ser que pase algo a partir de la 8ª semana. Y dices que pasa alguna cosa.

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Entrevista SONO Maya Busqué Página 2 de 2

Louann Brizendine:

Sí. Pero bueno, en los hombres con cromosoma Y, el feto acaba teniendo un gen denominado SRY…

Eduard Punset:

Sí.

Louann Brizendine:

…que es el gen responsable de la masculinidad, por así decirlo, y luego los testículos incrementan las células que fabrican la testosterona.

De modo que sí, todos los científicos saben ahora que la «forma biológica por defecto» en la naturaleza es la femenina.

Eduard Punset:

Exacto.

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Entrevista SONO Maya Busqué Página 3 de 3

Bloque 2

Eduard Punset:

En cierto modo, lo que sugieres es que el cerebro femenino (ahora lo aceptamos, nos ha costado mucho tiempo asumirlo) se debe básicamente a flujos de hormonas, que de repente aparecen, una hormona en lugar de otra… ¿Es así? Ésa es la diferencia básica, realmente: lo que nos hace distintos.

Louann Brizendine:

De hecho, lo que sabemos es que el cerebro de hombres y mujeres es muy, muy similar: compartimos, por supuesto, más del 99% de nuestro ADN, y los genes son iguales en hombres y mujeres, pero las mujeres tienen dos X, y los hombres sólo tienen una X y, por supuesto, el pequeño cromosoma Y, ¡que sin embargo es el responsable de diferencias en TODAS las células del cuerpo! Una persona tiene genes masculinos, o bien femeninos. Es importante saberlo, ¡porque de ahí surgen algunas de las diferencias en los circuitos cerebrales que justo ahora empezamos a entender! Y todos nosotros, al nacer, tenemos circuitos neuronales masculinos o femeninos. Además de esto, hay un período muy interesante que denominamos pubertad infantil: tras el nacimiento, la testosterona en los bebés de sexo masculino aumenta muchísimo durante los primeros seis o nueve meses.

Eduard Punset:

Louann Brizendine:

Y luego se ralentiza de nuevo… mientras que, en las niñas, se produce una pubertad infantil que dura hasta 24 meses, hasta los dos años, y los ovarios

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liberan mucho estrógeno al cerebro. Es un período nuevo del que todavía no sabemos muchas cosas, sobre todo en lo referente a las consecuencias conductuales, porque es difícil hacer que una niña de dos años se esté quieta en un escáner o resonancia magnética…

Entrevista SONO Maya Busqué Página 4 de 4

Eduard Punset:

¡Claro!

Louann Brizendine:

No se puede… podemos hacer que se duerma, pero no podemos observar su cerebro haciendo nada distinto. Nos costará algún tiempo dar con la manera de mantener tumbada y quieta a una niña de 1 ó 2 años en un escáner cerebral. Pero, por supuesto, hace unos 30 ó 40 años que sabemos que hay diferencias conductuales específicas de cada sexo en las conductas de juego. Por ejemplo, los niños normalmente juegan a juegos bruscos y de peleas, mientras que las niñas juegan a juegos más fantasiosos, en los que se asignan roles, del tipo « tú serás el médico y yo el paciente» o: «tú serás la mamá, y yo el papá, o el bebé»…

Eduard Punset:

Son capaces de ponerse en el lugar del otro, ¿no?

Louann Brizendine:

Tienen juegos fantasiosos… los niños también, pero su fantasía es más bien del tipo: «soy un superhéroe que lucha contra el enemigo», ya sabes. Y eso a pesar de que, en mi generación, las feministas que estudiamos en los 70 en la Universidad de California, Berkeley, cuando teníamos 20 años, decíamos que les daríamos a nuestros hijos juguetes sin marcas de sexo…

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Entrevista SONO Maya Busqué Página 5 de 5

Eduard Punset:

Es verdad.

Louann Brizendine:

Y que, por lo menos nosotras, las mujeres, queríamos criar a niños que fueran más sensibles… ése era nuestro objetivo. Por supuesto, cuando mi hijo tenía 4 años, le di una Barbie, una de esas muñecas con las piernas tan largas… ¡pero le arrancaba las piernas y las usaba como lanzas! [risas] en lugar de jugar con ella. Y los distintos juegos por sexos surgen en todas las culturas: en todos los lugares del mundo hay constancia de distintas conductas de juego en niños y niñas.

Eduard Punset:

También reaccionan de un modo distinto a las caras, al parecer.

Louann Brizendine:

Sí. Es uno de los temas interesantes que empezamos a estudiar en la pediatría del desarrollo, o la psiquiatría infantil: analizamos a niños y niñas muy jóvenes, para ver hasta qué punto reaccionan de una manera distinta en muchos aspectos.

Eduard Punset:

Antes de que la cultura haya entrado en juego…

Louann Brizendine:

Sí. Una de las cosas que es importante recordar en lo referente a la cultura, al eterno debate entre lo innato y lo adquirido, es que en mi universidad, la

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Universidad de California, San Francisco, hace unos 15 años, Michael Merzenich hizo un experimento con cerebros de monos, y descubrió cuáles eran las neuronas que controlaban el dedo índice. Registró lo que sucedía con esas neuronas. Y luego extirpó el índice a algunos monos, y en dos semanas, las células de ese dedo ya estaban reasignadas (¡en dos semanas!) y controlaban el dedo corazón.

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Eduard Punset:

¿Qué controlaban, perdona?

Louann Brizendine:

Controlaban este dedo, el corazón.

Eduard Punset:

Vaya....

Louann Brizendine:

Y esto es importante… algo tan pequeño como eso, con semejantes consecuencias en tan sólo dos semanas… sucede algo en el entorno, algún acontecimiento… sufrimos algún trauma, o perdemos una extremidad, o nos pasa algo malo… o incluso nos sucede algo bueno… y el cerebro reasigna las células cerebrales… no nacemos sabiendo tocar el piano, ¿sabes?

Eduard Punset:

¡Exacto! Y lo adquirido, realmente, puede afectar a lo innato...

Louann Brizendine:

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Lo adquirido se plasma en los circuitos cerebrales.

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Eduard Punset:

¡Increíble!

Louann Brizendine:

El debate sobre lo innato y lo adquirido está, por tanto, muerto: lo innato y lo adquirido son en realidad lo mismo. Toda la conducta procede del cerebro. Y el entorno, los cambios en lo adquirido, ¡se codifican en realidad en las células del cerebro!

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Entrevista SONO Maya Busqué Página 8 de 8

Bloque 3

Eduard Punset:

Louann, si suponemos (y es difícil suponerlo, a veces) que hay partes específicas del cerebro consagradas a actividades específicas, a campos concretos o a conductas, de tu investigación se desprende que las zonas del cerebro destinadas a la actividad sexual, las relaciones sexuales o la agresividad, son mayores en el cerebro masculino, mientras que las destinadas a escuchar y… ¿a qué más? A la empatía (la capacidad de ponerse en el lugar del otro) son mayores en las mujeres. ¿Es esto correcto?

Louann Brizendine:

A veces, cuando pensamos en el cerebro, como está en el cráneo, está ahí dentro de nuestro cráneo, nos cuesta entender que, si lo pudiéramos ver desplegado, observaríamos que tiene muchas zonas muy pequeñas, que son como miniórganos dentro del cerebro. Sin duda, si miramos la zona del estímulo sexual, veremos que es de 2 a 2,5 veces más grande en el cerebro masculino, por ejemplo…y, por supuesto, en la pubertad, cuando los chicos tienen entre 9 y 15 años, los niveles de testosterona empiezan a aumentar y se multiplican por veinticinco (¡y multiplicarse por 25 en biología es una cifra enorme!), así que esta testosterona empieza a activar los circuitos masculinos de estímulo sexual: los jóvenes empiezan a tener fantasías sobre partes del cuerpo femenino y sobre la actividad sexual. Manifiestan su conducta sexual a través de fantasías sobre la mujer. Es importante recalcar que esto no implica que el cerebro femenino haga que la mujer no esté también interesada en el sexo, ¡por supuesto que lo está! La sexualidad de las chicas también cambia en la adolescencia a medida que se incrementa el estrógeno en el cerebro, y también, un poco, la testosterona… pero lo que las chicas empiezan a desear es resultar

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sexualmente atractivas para los hombres, ¡en todas las culturas! La adolescente pasa mucho tiempo frente al espejo, de compras… el autoadorno aparece en todas las culturas… pensemos en algunas tribus africanas, en las que las chicas se mueren de ganas de llegar a la pubertad para alargarse los lóbulos de las orejas… o los labios… lo que corresponda a su cultura. O pensemos en las imágenes o tatuajes en la cara, que en ciertas culturas se consideran un símbolo de belleza, para atraer la atención de los hombres hacia la mujer, así que las jovencitas de todas las culturas hacen lo que resulte adecuado en su cultura para atraer al sexo opuesto. No es que lo provoquen los medios de comunicación, ¿sabes? Los medios de comunicación nos inundan de imágenes que nos instan a ser atractivas, pero estos circuitos son naturales en el cerebro femenino para expresar la sexualidad, especialmente antes de la ovulación. Ése es el momento en el que las mujeres coquetean más para intentar atraer el interés de los hombres hacia ellas. A veces las propias mujeres no se dan cuenta, o tal vez sí, tal vez se percaten de que se ponen un poco más de pintalabios ese día, o coquetean un poco más para intentar interesar a un hombre. El momento de mayor estímulo sexual de la mujer se sitúa en torno a dos días antes de la ovulación, así lo ha diseñado la Madre Naturaleza.

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Eduard Punset:

Sí.

Louann Brizendine:

Para que nos sintamos tentadas a practicar el sexo y quedarnos embarazadas… para que haya esperma aguardando cuando salga el óvulo.

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Bloque 4

Eduard Punset:

Volvamos a algo que preocupa a los hombres y las mujeres por igual. Me refiero al tema del estrés, el impacto del estrés. Tu investigación conduce a algo muy interesante: sugieres que el estrés afecta de una manera distinta al cerebro femenino y a la conducta femenina. Se hizo un experimento, si no recuerdo mal, con cabras, con las crías de cabras que habían alcanzado niveles altísimos de estrés, pobrecitas, y las repercusiones del estrés de la madre fueron mayores entre las cabritas que entre los cabritos. ¿Es verdad?

Louann Brizendine:

Se trata de un estudio fascinante, cuyas implicaciones no terminamos de entender, según el cual si la cabra estaba estresada, ¡sus crías hembras se sentían mucho más ansiosas y nerviosas que las crías machos! De modo que, en parte, el estrés maternal durante el embarazo (por lo menos en las cabras, deberemos estudiarlo con humanos, por supuesto) se transmite de un modo distinto a las cabritas que a los cabritos. Además, gracias a la investigación realizada con roedores, concretamente con ratas, por Michael Meanny en Canadá, sabemos que hay rasgos adquiridos de cuidado maternal de las crías que se pueden transmitir genéticamente, y esto afecta la conducta de tres generaciones… por ejemplo…

duard Punset:

¡Es increíble!

Louann Brizendine:

Lo más fascinante del estudio es que si tenemos a una madre con tendencia a lamer mucho a las crías, por ejemplo, y a otra madre que no lame tanto a

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sus crías, y ambas tienen una camada de 6 crías cada una… tomamos 3 de las crías de la madre con poca tendencia a lamer a sus crías y las ponemos bajo el cuidado de la otra madre (se adaptarán rápidamente), y luego tomamos 3 crías de la madre que lame mucho a sus crías y se las damos a la otra… esto se conoce como «experimentos de intercambios de crías». Pues bien, dejamos que las ratitas crezcan. Cuando las hembras tengan crías a su vez, lo interesante es que las nacidas de la madre con poca tendencia a lamer a las crías…



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De: ESKARLATA Enviat: 16/06/2009 15:01
Entrevista SONO Maya Busqué Página 11 de 11

Eduard Punset:

Las que no han sido lamidas…

Louann Brizendine:

Que se criaron sin embargo con la madre con tendencia a lamerlas, en realidad acaban lamiendo mucho a sus crías también. Y las que nacieron, genéticamente, de una madre que lamía mucho a las crías, pero se criaron con una madre poco propensa a lamer a su camada, tampoco lamerán a sus crías.

Eduard Punset:

¡Increíble!

Louann Brizendine:

No seguirán a sus genes, no harán lo que les dicten los genes. Así que se trata de un descubrimiento interesante que sugiere que hay cambios reales en la metilación del ADN, que se transmiten a las crías durante tres generaciones. REDES– 434 El cerebro tiene sexo Louann Brizendine

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Eduard Punset:

Hasta ahora hemos hablado de cabras y ratas, pero recordemos lo que sucede con las mujeres en este sentido. Se ha dicho, no sé si es verdad, que si los hombres están estresados o preocupados, siguen pudiendo hacer el amor, no pasa nada. En cambio, las mujeres, para sentir un orgasmo pleno, no pueden estar estresadas ni preocupadas. Si están preocupadas, tendrán más dificultades para llegar al orgasmo en una relación sexual.

Louann Brizendine:

Hay algo interesante relacionado con el hecho de que el estrés repercute de una manera distinta según el sexo de la persona: sabemos que, en realidad, cuando los hombres están estresados tienen un mayor apetito sexual. En cambio, si las mujeres están estresadas, su interés sexual disminuye. Para los biólogos evolutivos, esto se debe a que el macho solamente debe depositar el semen, el esperma, y luego marcharse; mientras que la mujer debe sobrellevar el embarazo… y si siente que el entorno es demasiado estresante para quedarse embarazada, en nuestros antepasados, en la Edad de Piedra, tal vez eso significaba que no había suficiente comida para mantener el embarazo y tener el niño, ¿sabes? Así que, según esta hipótesis, el apetito sexual femenino se reduce en condiciones de estrés, porque el cuerpo y el cerebro no perciben que el entorno sea seguro. REDES– 434 El cerebro tiene sexo Louann Brizendine

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Bloque 5

Eduard Punset:

Una última pregunta, que seguro que preocupa a todos los teleespectadores, o por lo menos a la mayoría de ellos: me refiero a esto que los franceses llaman «

coup de foudre», el amor por pura casualidad: cuando vemos a alguien y nos enamoramos perdidamente de esa persona.

Louann Brizendine:

Te refieres al amor a primera vista. ¿no?

Eduard Punset:

Exacto: el amor a primera vista. ¿Hay alguna base biológica que lo justifique, o es una mera ficción?

Louann Brizendine:

Me parece que el tema del amor a primera vista, de quién nos enamoramos o por quién nos sentimos sexualmente atraídos, es muy interesante en el estudio del cerebro. Sabemos, por ejemplo, y así lo han corroborado los estudios, que si vemos a alguien que físicamente es muy simétrico…

Eduard Punset:

¡Eso es!

Louann Brizendine:

… o con movimientos corporales muy fluidos (se ha hecho un estudio nuevo en el se observaba a varias personas bailar, por ejemplo), resulta que si bailan de un modo muy equilibrado, eso es mucho más atractivo e interesante sexualmente para nuestro cerebro, que se activará más. Es REDES– 434 El cerebro tiene sexo Louann Brizendine

habitual creer que el amor a primera vista pertenece a la esfera de la literatura fantástica, pero pese a todo puede activar partes muy específicas del cerebro que nos dicen: «¡ahí está!». No se trata de algo que pienses, sino de algo que sientes, es como una sacudida en el cerebro… mi marido y yo a veces nos reímos, porque no sólo implica lo visual, sino el tacto… el sentido del tacto, del oído, las feromonas y el sentido de la vista trabajan conjuntamente cuando vemos moverse a alguien, porque no sólo miramos su rostro, sino que observamos cómo se mueven todas las partes de su cuerpo. Así que hay una parte de todos nosotros que se siente especialmente atraída por esa persona, sea quien sea, por la que experimentamos atracción sexual.

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Eduard Punset:

…porque está codificado biológicamente. De hecho, tú lo dices de una manera muy elegante, dices algo así como que «la biología es el destino». Es más destino de lo que solemos creer. Eso crees, ¿no?

Louann Brizendine:

Bueno, creo que es importante recordar que ni los circuitos cerebrales ni las hormonas nos convierten en lo que somos: no crean nuestro yo; aunque el yo surge de la actividad del cerebro, por supuesto. Las hormonas nos hacen tender hacia cierta conducta, pero no necesariamente hacen que dicha conducta tenga lugar. Así que el destino de la biología es como una base: es bueno tener nuestros circuitos cerebrales, y nuestra corteza alberga todo tipo de pensamientos y reflexiones, cada vez nos volvemos más cultos, aprendemos más… esto repercute sobre nuestro sistema límbico, por ejemplo, y cuando las hormonas actúan con fuerza, nos predisponen a ciertas conductas. Nuestra corteza puede escoger cuál de estas conductas

 

LOUANN BRIZENDINE
Neuropsiquiatra, autora de El cerebro femenino


“El cerebro de la mujer es superior en empatía e inteligencia emocional”

José Ángel Martos

Es especialista en terapia hormonal, licenciada en medicina por Yale y graduada en neurobiología por Berkeley. Louann Brizendine, de 54 años, ha provocado un terremoto en EE UU con su libro El cerebro femenino, donde constata lasdiferencias neuroquímicas del órgano pensante de la mujer respecto al del hombre... y su mayor capacidad para algunos comportamientos.

 
Con su larga y elegante cabellera roja enmarcando su faz de ardillita, unas coquetas gafas de pasta a juego y alguna que otra pícara broma, la doctora Louann Brizendine recuerda a algún personaje característico de las inteligentes películas de Woody Allen. Aunque quizá ocurra al revés y sea el cineasta quien encuentre en ella materia de guión. Porque Brizendine, que enseñó en Harvard antes de instalarse en San Francisco, donde es profesora de neuropsiquiatría en la Universidad de California, ha puesto a discutir a hombres y mujeres de su país con su polémico libro El cerebro femenino (RBA). En él defiende textualmente que “los cerebros masculino y femenino son diferentes por naturaleza”. Esta tesis enerva a las feministas clásicas, partidarias de teorías más igualitaristas, pero también saca de quicio a los machistas porque la doctora sostiene que los cerebros de ambos sexos son diferentes, pero que el femenino tiene algunas ventajas.

¿Qué ha cambiado para que los médicos y los investigadores conozcan cada vez mejor el funcionamiento de nuestro cerebro?
–Actualmente disponemos de nuevas tecnologías como la resonancia magné tica funcional, que permite a los científicos tomar imágenes de nuestros cerebros vivos y en pleno funcio namiento mediante un escáner cerebral.

¿Cuándo empiezan a apreciarse las diferencias cerebrales entre hombre y mujer?
–El cerebro original del feto es unisex hasta las 8 semanas de gestación, cuando en los futuros niños aparecen los testículos, que empiezan a bombear grandes cantidades de testosterona y marinan los circuitos cerebrales con ella, matando algunas células en los centros de comunicación y haciendo crecer otras en los centros sexuales y de agresión. Y se dan fenómenos como, por ejemplo, que en el área cerebral que rige el impulso sexual en los niños las células se multiplican, como mínimo, por dos. En cambio, el cerebro femenino no está perturbado por la testosterona –risas– y sigue creciendo tranquilamente. Una consecuencia para los fetos femeninos es que sus células cerebrales desarrollarán más conexiones en los centros de comunicación y en las áreas que procesan la emoción.

¿Por eso se dice que los hombres piensan mucho más en el sexo que las mujeres?
–Entre los 9 y los 15 años, en los chicos la testosterona se multiplica por veinte o por veinticinco. Biológicamente, ese cambio es enorme, es como si experimentaran una sobrecarga eléctrica. Empiezan a tener fantasías con partes del cuerpo femenino y con actos sexuales. Es la época en que los chicos no querrán hablar con su madre y simplemente se encerrarán en su habitación para sus cosas. En las chicas, en cambio, el impulso sexual se manifestará en la necesidad de mostrarse atractivas en su apariencia externa. Quieren ponerse guapas, utilizar maquillaje, comprar mucha ropa... La tarjeta de crédito de los padres se resentirá. Dos días antes de la ovulación es cuando las mujeres se muestran más seductoras, tratando de atraer la atención de los hombres. La madre naturaleza lo hizo así para que se queden embarazadas.


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Leyendo el libro, a un hombre le puede parecer que el cerebro femenino es superior.
–Parece tan superior porque tenemos mejor inteligencia emocional: el hipocampo de la mujer es ligeramente más grande y es el que registra los datos emocionales. Si usted se pelea con su esposa, dentro de diez años ni siquiera se acordará de la discusión, pero ella no la olvidará nunca. Quedará firmemente registrada en su hipocampo, que es como su disco duro. Así que hombres y mujeres tenemos un hardware diferente. Un segundo aspecto en el que nuestro cerebro es superior es en el número de neuronas espejo para la empatía: las mujeres tienen más y son más activas, de manera que nos permiten ponernos en la piel de la persona con la que nos comunicamos mejor que los hombres. Los psicólogos evolucionistas creen que esto se deriva de que, a lo largo de millones de años, las mujeres hemos aprendido a interpretar las emociones del bebé que no habla: nos vemos obligadas a leer los matices emocionales en la expresión no verbal del recién nacido, porque es un factor esencial para su supervivencia.
Me gustaría que se pronunciara sobre mi anterior pregunta de forma más taxativa: ¿el cerebro femenino es superior?
–En ciertos aspectos, como la captación de matices emocionales y la empatía, claro que sí –pronuncia estas últimas palabras en castellano, con convencimiento–. Dicho esto, es importante entender que el cerebro masculino hace las mismas cosas que el nuestro, y que, al revés, las mujeres también somos capaces de alcanzar conductas idénticas en aquellos aspectos a los que el cerebro masculino dedica mayor espacio: podemos llegar a tener tanto deseo sexual como los hombres. En cuanto a los coeficientes de inteligencia, el promedio de hombres y mujeres es el mismo. Sabemos por la experiencia que todos podemos ser artistas, astronautas o políticos indistintamente.
–Las hormonas en todos los animales, incluso en los invertebrados, tienen como misión crear una propensión para la conducta. Los circuitos del cerebro femenino se forman en el feto y, cuando llega la adolescencia, los mecanismos de la fertilidad lanzan contra estos circuitos oleadas de dos hormonas: estrógeno y progesterona. Por ello, cada día es muy distinto para el cerebro femenino respecto al anterior. Quizás esta sea la razón de que los hombres digan que no entienden a las mujeres y que son un misterio. Pero lo cierto es que no cambia el yo de la mujer, no se modifica su identidad, pero sí su propensión hacia un comportamiento u otro. Es como si el yo femenino se colorease cada día con una tonalidad diferente.
 

Resposta  Missatge 3 de 3 del tema 
De: ESKARLATA Enviat: 16/06/2009 15:01
Parece que la causa de la mayor inteligencia emocional femenina se halla en que ustedes están dominadas por la hormona del estrógeno, mientras que los hombres estamos más conducidos por la testosterona.
–Las hormonas en todos los animales, incluso en los invertebrados, tienen como misión crear una propensión para la conducta. Los circuitos del cerebro femenino se forman en el feto y, cuando llega la adolescencia, los mecanismos de la fertilidad lanzan contra estos circuitos oleadas de dos hormonas: estrógeno y progesterona. Por ello, cada día es muy distinto para el cerebro femenino respecto al anterior. Quizás esta sea la razón de que los hombres digan que no entienden a las mujeres y que son un misterio. Pero lo cierto es que no cambia el yo de la mujer, no se modifica su identidad, pero sí su propensión hacia un comportamiento u otro. Es como si el yo femenino se colorease cada día con una tonalidad diferente
 
 
Psiquiatra y madre en la vida

Brizendine fue en su juventud una feminista sesentayochista “de primera ola”. Cuando tuvo un hijo como madre soltera, quiso darle una educación no sexista que incluía intentar que jugara con muñecas: “Lo malo es que les arrancaba las piernas y las usaba como cuchillos. Los niños necesitan luchar y ser super héroes; en cambio, recuerdo el caso de una niña cuyos padres querían que jugase con camiones; y, sí, jugaba acunándolos en sus brazos”.
Hoy Brizendine, que tiene una clínica de terapia hormonal, sigue viviendo experiencias muy particulares con su hijo John, convertido en un mocetón de 2 metros de altura pero con sólo 70 kilos de peso. “Las madres necesitamos ver que nuestros hijos se alimentan” –dice– “y si no lo hacen, nos sentimos rechazadas. Un día le dije a John que comiera más y me contestó muy seriamente: Mamá, no es que no te quiera, es simplemente que no tengo hambre. Así es el hijo de una psiquiatra: aprende tu jerga y la usa contra ti”. Quizá por eso, para entender a sus hijos y a otros hombres, Brizendine acaba de firmar el contrato para escribir el libro que le faltaba: El cerebro masculino.


Usted llama la atención sobre el importante problema de la depresión postparto.
–Un 10% de las mujeres la sufre durante el año posterior a haber dado a luz y muchas veces ni siquiera se les diagnostica. La mayoría de esas enfermas, cuando tienen los síntomas, sólo van al ginecólogo, o acuden al psiquiatra demasiado tarde y ya se les ha pasado. En el período que va entre los 8 y los 12 días después del parto, todas las madres padecen una especie de síndrome de abstinencia porque ya no tienen al bebé dentro. Es el momento en que las hormonas se reajustan en su cuerpo, después de que la producción de estrógeno y progesterona baje de forma muy acusada en el momento del parto. Por eso muchas madres en esos días lloran por cualquier razón. Después, el reajuste hormonal devuelve el equilibrio en el 90% de los casos, pero queda un 10% que no lo consigue y esas madres son las necesitadas de tratamiento.


¿Cuál es su recomendación para ellas?
–Que vayan al psiquiatra. Si el cerebro no realiza un ajuste automático de sus componentes neuroquímicos, ahora contamos con fármacos como las serotoninas para ayudarlas a conseguirlo. La madre no puede estar deprimida cuando cuida al bebé.

¿El psicoanálisis ha dejado de ser válido?
–El problema es que se sigue aplicando igual que cuando se creó hace un siglo, no ha evoluciona do. Puede ayudar en ciertos problemas psicológicos, pero el 80% de los pacientes son mujeres que van a que las traten de la frigidez y hoy es una irresponsabilidad buscar una explica ción psicológica a eso: la frigidez es un problema hormonal. Antes los psiquiatras no medían los niveles endocrinológicos de la mujer, pero ahora sí lo hacen y pueden diagnosticar la solución neuroquímica. Es una crueldad llevar a una mujer frígida al psicoanalista.

Usted sostiene que las mujeres tienen mayor competencia lingüística que los hombres. En la primera edición de su libro incluso daba cifras espectaculares que luego retiró. ¿Qué piensa hoy sobre este delicado asunto?
–Las mujeres suelen hablar más en el contexto de un escenario social, como la vida domésti ca, donde pueden charlar dos o tres veces más que el hombre, pero en otros escenarios, como el trabajo o una reunión de nego cios, pueden hablar menos que los hombres. Así que pienso que el contexto de cada estudio es importante. Por ejemplo, en una primera cita romántica cuando el hombre está fanfarroneando para tratar de impresionar a la mujer, ¡es capaz de no dejarla hablar en ningún momento!
activar. Es decir, la biología no marca totalmente nuestro destino, pero sin duda nos predispone hacia ciertas conductas, pensamientos y sentimientos. Entrevista SONO Maya Busqué Página 1 de 1


 
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